LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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Vuela, Ertico, vuela

Vuela, Ertico, vuela

Décimo-sexta edición (última por Ediciones SM, febrero de 2008)
Joel Franz RosellIlustraciones de Ajubel.
Madrid, Ediciones SM, 1997.
Colección El Barco de vapor. Serie azul.


Décimo-sexta edición (última por Ediciones SM, febrero de 2008)
Tras alcanzar los 96 000 ejemplares, el libro fue retirado del catálogo de
SM
Franz Rosell
Ilustraciones de Ajubel.
Madrid, Ediciones SM, 1997.
Colección El Barco de vapor. Serie azul.




« Soy por encima de todo un lector (...) leer es la pasión de mi vida; esa alfombra voladora que me permite atravesar siglos y espacios. Yo no escribo todos los días, pero sí leo todos los días y nada podría hacerme renunciar a ello » 
                                                                                                                    Pascal Quinarg, une vie

                                                                 Josyane Savigneau. Le Monde des livres. 23 janvier 1998

No es casual que yo escogiera una alfombra voladora como Deus ex machina que salva al protagonista de este libro de su soledad y falta de confianza en sí mismo. La trama de Vuela, Ertico, vuela es una metáfora en torno al papel liberador de la palabra. Yo, como Quignard, soy más lector que escritor... por lo menos en cuanto al tiempo que en mi vida ocupan una y otra actividad, y a la preminencia de una sobre la otra. 


Vuela, Ertico, vuela


primera edición. Mayo de 1997
Joel Franz Rosell
Ilustraciones de Ajubel
SM, Col. El Barco de Vapor, nº 75
Madrid, 1997
El primer capítulo de esta pequeña novela podría hacer pensar que nos hallamos ante un libro más, que aborda con plano realismo el socorrido tema de la amistad. Sin embargo, desde ese mismo primer capítulo, la prosa precisa, ingeniosamente coloquial y no carente de ironía quiebra esa impresión de déjà vu y nos sugiere que algo novedoso contienen estas páginas.
Tampoco a primera vista la trama cuenta nada relevante: Ertico no tiene amigos y su abuela lo ayuda a conseguirlos tejiéndole objetos mágicos que lo convierten sucesivamente en gran cantante, futbolista de talento, primero de la clase, modelo de elegancia, etc. Fuera de un éxito transitorio, al final de cada uno de estos episodios, nuestro héroe se encuentra nuevamente sin los ansiados amigos.
La singularidad de la historia se revela cuando, en el capítulo 7, el chico devuelve a su abuela los objetos mágicos y ésta reteje la alfombra (mágica como sabremos en el capítulo siguiente) de la que había estado sacando el hilo. Las nuevas aventuras de Ertico le van a permitir aceptarse a sí mismo y empezar a tener los amigos que busca. El mensaje es sugerido con elegancia y no es un objetivo que pese sobre la trama y los recursos expresivos. Bien al contrario, el aspecto más singular de este libro está en el trabajo del lenguaje, en la creación de la atmósfera mágica de la casa de la abuela y en los personajes, enigmáticos y atractivos, de la abuela y la alfombra mágica.
La alfombra se llama Complexus y habla en “lenguaje alfombrio”: combinación de colores, olores y texturas que se “traduce” en el texto en palabras colocadas entre paréntesis. Al llegar a esta explicación, el lector perspicaz se da cuenta de que la alfombra ha estado ayudando al narrador a contar la historia desde el principio, y que incluso es ella quien dedica el libro a Edgar Morin.
Rosell ha declarado que fue la lectura de un artículo de este prestigioso pensador francés lo que le reveló la estructura del libro y le sugirió la personalidad de la alfombra. En ese artículo, Morin explica que la palabra latina “complexus” significa “que está tejido junto” y que la superioridad del pensamiento complejo frente a la tendencia a la fragmentación y a la especialización del pensamiento postmoderno significa un empobrecimiento en la comprensibilidad del mundo (lo que se refleja en ciertas situaciones de la historia, en que el autor ridiculiza ciertas actitudes, superficiales o burocráticas, de los adultos).
Evidentemente, los niños de 8 ó 10 años a quienes se destina Vuela, Ertico, vuela no van a enterarse de este juego de sutiles alusiones a la obra de Edgar Morin, pero tampoco les hace ninguna falta para comprender y disfrutar el libro, que seducirá al joven lector con su misterio, su humor, sus neologismos y sinestesias (olores y sonidos imposibles):
…ni siquiera podía preguntarle a la abuela. Ella estaba muy concentrada en su tejido y por nada del mundo debía perder ni una de las puntadas que, por cierto, contaba al revés:
-…nonentaytresmilseiscuantaspecientas… nonentaydosmilcerocincoytalquecientas… nonentayunmilcuatrocontrarequetecientas…
Ertico se sentía muy raro. A cada rato se quedaba como dormido y enseguida lo despertaba un coro de crujidos idéntico a una risotada de muebles viejos. Una o dos veces tuvo la impresión de que su reloj giraba hacia atrás; pero cada vez que lo miraba fijo, las manecillas, que llevaban guantecitos blancos, se veían quietecitas e inocentes.
Y entonces la abuela acababa una puntada y un versito, decía uno de aquellos números extrañilargos, y saltaban un chispazo y un olor a corto circuito. 
(p.35)
Además de sus elementos lúdicos, la obra fascina a los chicos por la relación entre Ertico y su abuela, y por el abordaje del problema que enfrenta todo niño al tener que definir su identidad individual al tiempo que procura la aceptación de su grupo.
Los recursos formales y la atmósfera están inmejorablemente servidos por las ilustraciones de Ajubel, de poético caricaturismo, atrevidas perspectivas y colores osados. Lamentablemente, estas excelentes ilustraciones, hechas con pasteles, sufren mucho con la reproducción sobre el papel reciclado en que se imprime la colección Barco de Vapor.
Este mismo artista ha ilustrado otros dos libros españoles del cubano Joel Franz Rosell: La tremenda bruja de la Habana Vieja (Edebé, 2001) y El pájaro libro(Ediciones SM, 2002).



Joel Franz Rosell entrega en esta novela corta el encanto de su Cuba plasmado en una mezcla de colores, perfumes, sonidos y texturas que forman el entorno de la vida de Ertico, el niño protagonista.
"Ertico era callado, feíllo y bajito. Se sentaba en medio del aula, permanecía tranquilo en un rincón durante el recreo, y al terminar las clases se iba a casa derechito y solo."
Pasaba desapercibido para todos. Pero en su interior, "Ertico soñaba con ser el primero de la clase, hacer las bromas más divertidas, estar en el centro de todo y marcharse a casa rodeado de amigos." Quería, por sobre todas las cosas, tener amigos.
Lo que sí tenía Ertico era una abuela; una abuela en apariencia corriente —"como las otras viejecitas, con su chal y su carro de la compra, quejándose de la calidad de las lechugas y de que la pensión no daba para nada"—, que a través de la magia de las prendas que tejerá a su nieto con los hilos de una alfombra encantada, le ayudará a encontrar la felicidad que busca. Una bufanda, un par de medias, unos guantes, un chaleco y un sombrerito saldrán, gracias a las manos tejedoras de la abuela, de las hebras de la alfombra destejida. Con cada una, el niño atraerá la atención de los demás pero (siempre hay un pero) la gloria será pasajera. El milagro se concretará cuando la abuela reteja la alfombra y ésta ofrezca la posibilidad de volar, como en Las mil y una noches.
Ertico por fin tendrá amigos y él mismo descubrirá que los ha conseguido por propio mérito y por la confianza en sí mismo que supo incentivarle su abuela.
Como bien señala la crítica Sandra Comino, en su comentario a la novela, "la escritura de Rosell es rica en imágenes y entabla todo el tiempo un juego de comparación con las emociones y los olores. Hay una exploración de la palabra en el texto, una escritura sutil que dice cosas más allá de lo escrito. Con guiños al lector en apelaciones continuas para involucrarlo, Rosell expone una lectura entre líneas y logra un mundo subjetivo y mágico con elementos de la realidad." (En "Bibliográficas", revista La Mancha N° 12, pag. 43; Buenos Aires, julio de 2000.)
Quedan por destacar las ilustraciones del también cubano Ajubel que, con fuerte estilo expresionista y predominio de los tonos fríos, retratan adecuadamente la atmósfera en que Ertico y los otros personajes se desenvuelven.
Recomendado a partir de los 8 años.
Roberto Sotelo
Imaginaria. N° 30 - Buenos Aires, 26 de julio de 2000



Ertico tiene una abuela “formidable y fuera de toda comparación” que está dispuesta a hacer cualquier cosa para que él pueda ser feliz. Es una abuela especial aunque “en el mercado era como las otras viejecitas, con su chal y su carro de la compra, quejándose de la calidad de las lechugas y de que la pensión no daba para nada”.
La abuela teje y desteje, casi como Penélope, pero por otros motivos. Las prendas tejidas son: una bufanda, un gorro, un par de medias…, y el hilo pertenece a una vieja alfombra. El secreto poder de estos objetos se revela cuando, al cabo de un tiempo, hay que retejer la alfombra que es, por supuesto, una mágica alfombra voladora, y se expresa con “…su olor, sus colores, el dibujo formado por su tejido y ciertos movimientos especiales”.
La escritura de Rosell es rica en imágenes y entabla todo el tiempo un juego de comparación con las emociones y los olores. Hay una exploración de la palabra en el texto, una escritura sutil que dice cosas más allá de lo escrito. Con guiños al lector en apelaciones continuas para involucrarlo, Rosell expone una lectura entre líneas y logra un mundo subjetivo y mágico con elementos de la realidad.

La Mancha nº 12. Buenos Aires, julio 2000
Sección “Bibliográficas”


http://www.ajubel.com/illustration.html
VUELA, ERTICO, VUELA, de Joel Franz Rosell

DATOS BIBLIOGRAFICOS

Título: "Vuela, Ertico, vuela"
editorial: SM. Colección El Barco de Vapor, serie azul n° 75
ediciones: 1ª: mayo 1997 / 7ª: enero 2001 
género: narrativa (novela corta)
estilo: realismo mágico urbano
tema: búsqueda de la autoaceptación
ilustraciones: color (pasteles). Ilustrador: Ajubel
páginas: 68
nivel de edad: a partir de 7 años

Autor: Joel Franz Rosell
nacionalidad: cubano (1954), vive actualmente en Argentina.
Otras obras: Los cuentos del mago y el mago del cuento. Madrid. Ediciones de la Torre, 1995 (cuentos para todas las edades), Las aventuras de Rosa de los Vientos y Perico el de los PalotesBarcelona. Grijalbo Mondadori, 1996 (novela infantil)Cuba, destination trésor. París, Hachette (sin edición en español). En preparación: "La tremenda bruja de la Habana Vieja" (Edebé, 2001).

SINTESIS ARGUMENTAL

Ertico es un niño acomplejado y que no tiene amigos. Su abuela intenta ayudarlo tejiéndole objetos mágicos que hacen de él un gran cantante, el mejor futbolista, el primero de la clase, el niño más elegante, el más fuerte... Todo eso lo hace popular por un tiempo, pero siempre vuelve a ser el mismo acomplejado y solitario. La magia entra decididamente en la historia cuando la abuela reteje la alfombra de la que había estado sacando el hilo para los objetos mágicos, devolviendo la vida a una alfombra voladora y hablante, que dirá a Ertico: "tú me haces volar porque eres como eres. Y los que verdaderamente quieran ser amigos tuyos, será porque te aprecian así como eres...". La relación con la alfombra da a Ertico confianza en sí mismo y lo ayuda a relacionarse con otros niños que, como él, entienden el enrevesado "idioma" de la alfombra.

VALORACION CRITICA

Tras su sencillez aparente, la obra encierra una reflexión sobre la la relación entre identidad individual y necesidad que tiene todo niño de ser aceptado por su colectivo. Hay un planteo filosófico: las partes son más que el todo porque poseen cualidades independientes; pero el todo supera a las partes, porque incluye la relación entre ellas. Es una aplicación de la teoría del pensamiento complejo del sociólogo francés Edgar Morin (a quien está dedicado el libro y de quien ha sido tomado el nombre de la alfombra: Complexus).

En lo formal hay que destacar los originales y divertidos neologismos, el lenguaje metafórico (sobre todo sinestesias), la estructura en forma de doble embudo, las imágenes muy fuertes y visuales, los personajes llenos de misterio que son la abuela y la alfombra, y el enfoque novedoso del tema de la autoaceptación.

Hay que destacar la calidad de las ilustraciones, de osado cromatismo, inhabituales perspectivas y estudiada composición.

PROPUESTAS DIDACTICAS

- invitar a los chicos a inventar palabras y metáforas siguiendo el modelo de los olores imposibles y los números "extrañilargos" utilizados por el autor, e incluso crear todo un idioma, como el "alfombrio" que habla Complexus.

- construir juntos alfombras con materiales diversos: papeles coloreados pegados, retazos cosidos, bloques de lego, plastilina... o aprendiendo a tejer.

- construir un artefacto mágico a partir de objetos de la vida cotidiana (reciclaje) e inventar su forma de lenguaje a partir de sus características, uso, sustancia(s) que lo compone(n) u otros objetos asociados.

- descubrir y compartir alfombras (literarias, cinematográficas, de la publicidad o verdaderas)

- dialogar sobre abuelas y abuelos a partir de las diversas situaciones explícitas o implícitas en el libro y de los mayores que los chicos frecuentan: los dulces de la abuela, su soledad, las cosas que calla y las cosas que sabe, su actitud ante los problemas de su nieto...

-juego de permutaciones según el modelo:

Ertico quiso ser el niño más inteligente /su abuela le tejió
                                          un sombrero
   "    "    "   "    "   "   elegante   /su abuela le tejió
                                          un chaleco
   "    "    "   "    "   "   rápido     /su abuela le tejió
                                          unas medias...

- imaginar variantes de la historia: ¿qué otros problemas y necesidades podría resolver la abuela de Ertico con el hilo de Complexus? ¿Qué poderes mágicos te gustaría que tuviera tu abuela o te gustaría tener tú mismo?

- profundizar en los elementos culturales evocados en el texto: historias de piratas, Las mil y una noches, Don Quijote, el Cid Campeador, el Ave María de Brahms, el Lazarillo de Tormes...

ficha elaborada por Félix Luis Viera
para
CD-ROM “LECTURAS PARA FECUNDAR EL FUTURO”. CUADERNOS DE PEDAGOGÍA (Epaña, 2001). Coordinación Kepa Osoro.


Actualmente fuera de catálogo, este libro volverá a las librerías. Para empezar en Cuba, en 2016, dentro de un volumen titulado "Tito y su misteriosa abuela" que reúne "Vuela, Ertico, vuela" con su nuevo título de "Tito, aprende a volar" y la todavía inédita novela "Tito y el amigo misterioso"
Tito es el nuevo nombre de Ertico. Rebauticé a mi héroe porque noté que muchos lectores no se lo comprendían bien (muchos pronunciaban "értico"), pero sobre todo porque quise volver a mi primer personaje de ficción, Tito, protagoniota de las novelas que escribí entre mis 12 y 19 años.

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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).