LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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Exploradores en el Lago: una aventura ecológica

Tras ocho años en el catálogo de Alfaguara Infantil y Juvenil
esta novela detectivesca entra en el mimado catálogo
del sello Loqueleo, de Santillana Infantil y Juvenil, Madrid
www.loqueleo.com/es

"Exploradores en el Lago"


Autor: Joel Franz Rosell



Ilustradora: Tesa González




Formato: 12 x 20 Nº de páginas: 168


Alfaguara Infantil. Serie Naranja.

Madrid, 2010.
ISBN: 978-84-204-7338-3



Novela ecológica de aventuras

Desde 10 años





¡Vacaciones en una reserva ecológica! ¿Qué mejor programa para el verano que un lago transparente, excursiones a un bosque poblado por plantas y animales raros, y hasta con restos de una civilización perdida? Sin embargo, Robin se muestra muy misterioso y algo inquieto. ¿Qué es lo que oculta? ¿Qué ha descubierto? 

Los Exploradores en el lago es una original novela ecológica, una divertida novela de aventuras, una interesante novela detectivesca y una bonita novela de amistad. La historia tiene lugar en Cuba, en un lago rodeado de montañas que ha sido declarado reserva ecológica y que alberga un campamento vacacional. Robin llega a la reserva con su colegio. Es nuevo y tímido, y no tiene amigos. Su comportamiento misterioso atrae la atención de cuatro chicos que acaban por descubrir su secreto, se convierten en sus primeros amigos y lo ayudan a resolver el gran problema que constituye el centro de la historia. Juntos se enfrentan a los traficantes de especies protegidas que opera en la reserva. Quizás lo mejor de la novela son las relaciones entre los personajes: chicos y adultos son tratados con realismo y humor, dando una divertida imagen de la vida escolar. La trama detectivesca está muy bien tejida, con sus indispensables datos ocultos, falsos sospechosos y momento en que parece que los “malos” van a salirse con la suya. Pero al mismo tiempo hay una reflexión seria sobre las amenazas que pesan en nuestros días sobre el medio ambiente (puestas en relación con la destrucción de las civilizaciones precolombinas, debidas a otra forma de depredación). Bien integrada a la trama detectivesca y al desarrollo del conflicto entre personajes, esta información llega de manera amena a los lectores, quienes cerrarán el libro con la satisfacción de haber pasado un buen momento con amigos muy queridos y aprender muchas cosas.
La novela ocurre en Cuba porque el autor es cubano, pero igual podría aber ocurrido en España o en cualquier otro país del planeta. Lo que no quiere decir que el paisaje sea un mero marco exótico. Joel Franz Rosell es un escritor demasiado comprometido con la literatura para servirse de trucos fáciles, pero como ha vivido en numerosos países en los últimos 20 años, su obra refleja y pertenece a muchos espacios geográficos y culturales al mismo tiempo. Quizás sea el último mensaje de su libro: todos los problemas del planeta nos afectan, todo cuanto hagamos de bien o de mal, afectan a personas cercanas o lejanas. Todos somos responsables y todos podemos actuar en la preservación del medio ambiente.
Alfaguara ha editado muy bien esta novela, con simpáticas ilustraciones de Tessa González quien, haciendo un guiño a la temática ecológica, ha reciclado diversos materiales en sus dibujos-colages.
Pero Juárez
http://www.esliteratura.com/tus-textos.php?accion

Cubano errante y ciudadano del mundo por vocación, Joel Franz Rosell ha desempeñado multitud de oficios con la palabra (con palabras en diferentes idiomas, los que ha habitado en su deambular por algunos países). Su dedicación a la literatrura infantil le ha llevao a frecuentar los territorios de la reflexión y de la creación, con una clara inclinación por las historias de raíz fantástica.
En esta ocasión comentamos una obra de carácter realista. Robin es un niño que comparte con sus nuevos compañeros de colegio uyna estancia de diez días en un campamento de verano en una reserva natural en Cuba. Tímido e inseguro, Robin acude a regañadientes con el único consuelo que le procura su querida mascota, una cotorra a la que introduce a escondidas. Y ahí comienza una sucesión de secretos, malentendidos, idas y venidas y encuentros amistosos.
Novela de pandilla, de pequeños misterios y un cierto toque policíaco, Exploradores en el lago presenta un indudable trasfondo medioambiental.Lo que la salva de caer en el didactismo moralizante es el humor que Rosell maneja con habilidad: humor en los nombres de los personajes, en los ágiles diálogos y en las chocantes situaciones. Las ilustraciones de Tesa González inciden en el carácter paródico del relato.
Diego Gutiérrez del Valle
Peonza , nº 90. Cantabria, España. Octubre 2009

Extracto de la Guía publicada por Alfaguara 
 
http://www.alfaguarainfantilyjuvenil.com/index.php?s=libro&id=782 

Interés formativo y temático

Exploradores en el lago es un libro de aventuras, narrado en tercera persona, que describe
las vacaciones de una pandilla en un campamento de verano, situado en Cuba. El principal
interés de los protagonistas es pasárselo bien, por supuesto, pero pronto se transformarán
en exploradores y vivirán una peligrosa aventura.
Aunque se trata de una novela coral, el joven Robin es el protagonista principal, un chico que
se siente desarraigado porque acaba de mudarse de ciudad. Participar en un campamento
de verano en principio no tiene mucho aliciente para él porque piensa que se va a sentir muy
solo. Además, en el campamento están prohibidos los animales y eso significa desprenderse
de su querida cotorra. Sin embargo, las cosas no son como parecen. Y, así, la historia
muestra la evolución del personaje: de la soledad y el desarraigo a la alegría de vivir en
grupo, de compartir experiencias y sentirse vivo entre los amigos.
El libro incide también en la necesidad de ser muy respetuoso con la naturaleza. Sólo
respetando flora y fauna lograremos sentirnos a gusto con nosotros mismos y conservar el
equilibrio ecológico vital para la subsistencia de las especies. Además, será muy
interesante para los lectores españoles la aproximación a una realidad geográfica que no
es la suya. Esa «inmersión» en un parque natural cubano les proporciona el conocimiento
de plantas, animales y hábitats absolutamente diversos a los nuestros.

Argumento
Antes del verano, Robin y su familia se trasladan a la ciudad y el chico teme no conocer
a nadie en el campamento Itaboyael, al que le mandan a pasar las vacaciones. Además,
allí están prohibidos los animales domésticos, así que ni siquiera puede llevarse a Walkman,
su cotorra. Al niño no se le ocurre otra cosa que meter al ave en la mochila y, ya en el
campamento, esconder la jaula en un árbol de los alrededores. Pero pronto la pandilla de
Héctor, Nito, Dina y Yauri comienza a sospechar de ese niño pelirrojo, Robin, que siempre
se queda aparte y parece hablar solo, y deciden que es un experto en ventriloquía. Un día
le siguen cuando va a visitar a Walkman y, al descubrir la existencia de la cotorra, optan por
ayudar a Robin e integrarle en su pandilla. Los cinco chicos, que se denominan a sí mismos
«Los Exploradores Incógnitos», juran «proteger la naturaleza, esclarecer misterios y luchar
contra la maldad». Y el juramento les viene que ni pintado cuando les llega la noticia de que
los directivos del parque están intranquilos porque en la reserva han aparecido huellas de
traficantes que, por medio de trampas, atrapan pájaros para comerciar con ellos. A partir
de ese momento se dedican a investigar los hechos y por el rastro de los malhechores llegan
a la conclusión de que uno de ellos tiene los pies grandes y una mano herida. Eso les lleva
a creer erróneamente que se trata de Barbazul, el subdirector de la escuela, que se ha hecho
daño en un dedo. Pero finalmente descubrirán que los traficantes son una pareja de
pescadores y la policía halla escondidos en su velero más de medio centenar de pájaros,
incluido el propio Walkman



Son muchos los puntos de contacto entre "Exploradores en el Lago" y la película de animación "Río", 
estrenada dos años después de mi novela...
La versión original de Exploradores en el lago (1977) fue la primera novela que presenté a un premio literario, el Premio Ismaelillo de literatura infantil de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Unos meses antes, la misma obra ya me había servido para ingresar en la Asociación "Hermanos Saíz de Escritores y Artistas Jóvenes, pero no alcanzó pese a las mejorías introducidas entre tanto para ganar el premio, que fue declarado desierto sin siquiera indicar menciones. Pero cuando escribí a las tres miembros del jurado, Dora Alonso, la más importante escritora cubana de libros infantiles, me propuso visitarla. "Tú eres un escritor", fue lo primero que me dijo, y añadió que mi libro era el mejor de los concursantes, pero que resultaba imposible premiarlo e incluso recomendar su publicación. Sus argumentos eran perfectamente convincentes. Aparte varios errores literarios, la trama resultaba bastante inverosísil, entre otras cosas porque yo la había situado en un campamento vacional típico de la época y, evidentemente, yo no conocía ninguno.


tapa del manuscrito de 1977

contratapa del manuscrito de 1977

Decidido a retrabajar mi manuscrito, entré en contacto con las representaciones de Unión de Pioneros de Cuba y de la Unión de Jóvenes Comunistas en mi provincia a fin de que me permitieran hacer una visita de documentación a uno de sus campamentos vacacionales. Pero a pesar de ser perfectamente conocido en la UJC provincial y dirigente de la Asociación de Escritores y Artistas Jóvenes, todas las respuestas fueron negativas. La obtusa burocracia de la época argumentaba que solo guías de pioneros y personal docente estaba autorizado a acompañar a los chicos en sus campamentos.
portadilla del manuscrito presentado en 1977

Cansado de esperar, emprendí una segunda novela (que dejé inconclusa) y luego una tercera que acabópor recibir una mención en el mismo premio de la UNEAC (1981) y apareció con el título de El secreto del colmillo colgante (Editorial Gente Nueva, La Habana, 1983). Fue mi primer libro publicado. 30 años después he publicado una nueva versión con el título ligeramente modificado, a fin de marcar las diferencias de estilo y trama, de El secreto del colmillo dorado (Libros y Libros. Bogotá, 2013).

 

En 2004, cuando comencé a escribir Exploradores en el Lago, decidí redir homenaje a Dora Alonso por el impulso que supo dar a mi carrera, cuando yo acababa apenas de cumplir 23 años, y por la amistad que nos unió hasta su muerte en 2000.



Es así que la directora del colegio comparte nombre con la escritora (Doralina Pérez Corcho era su nombre oficial) y que el personaje del ecologista, Guille, está inspirado en el protagonista de la primera novela juvenil publicada por Dora Alonso: Aventuras de Guille: en busva de la gaviota negra (Editora Juvenil. La Habana, 1966) y que yo leyera, con fruición, a los diez años, en la versión por entregas incluida en el suplemento infantil "Muñequitos" del diario Revolución.

El tráfico de especies protegidas es uno de los mayores problemas mundiales de la protección del medio ambiente y una de las mayores actividades de comercio ilícito



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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).