LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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14/2/21

"SUEÑOS". Un cuento de amor

SUEÑOS 


Había una vez un hombre que soñaba. Soñaba mucho y tan intensamente que se convertía en la materia de sus sueños.


Fue así desde chiquito y sus padres se habituaron a encontrar en la cuna un conejito, un biberón o una pelota de lunares azules en lugar del niño dormido.

Cuando el hombre que soñaba se casó, lo primero que hizo fue sentarse en un borde de la cama matrimonial y decirle a su mujer: a mí me pasa esto y lo otro.

‑Bueno‑ contestó ella‑. A todo se acostumbra una cuando hay amor y confianza.


                           

Al principio les fue bien. La esposa hasta encontraba excitante despertar en medio de la noche y descubrir a su lado un enorme zapato con los cordones sueltos, un ramillete de flores relucientes de rocío o un unicornio de crines celestes.

Pero el hombre también tenía pesadillas y una noche fue despertado por los chillidos de su aterrorizada mujer.

Nunca podremos saber en qué se había convertido esa vez, pues ella a nadie lo dijo. El caso es que nuestro hombre, decidido a todo,  fue a ver a un tío suyo que era médico, mago e inventor.

‑¡Bah, bah, bah; no es para tanto!‑ le respondió‑ Mira, aquí tienes estas pildoritas: tómate una cada noche y sanseacabó.

Las píldoras eran cuadradas, transparentes como gotas de lluvia y, lo más extraordinario, llevaban dentro un hombrecito dormido. Cada vez que nuestro héroe se pusiera a soñar, el transformado sería el personajillo de la píldora.

Desde ese día, la esposa del soñador pudo descansar tranquila.

Pero un mes más tarde, el que se había enfermado de pura tristeza era él.

‑Antes, dormir era una linda aventura; ahora, me paso la noche con la cabeza en blanco, es decir, en negro: mi sueño es como un televisor apagado.

Esta vez la que se consultó con el tío médico, mago e inventor fue la mujer.

‑Prefiero morirme de susto a que él viva como un pozo seco.

El tío sonrió y le dio unas palmaditas en la espalda:

‑Todo tiene solución cuando hay confianza y amor‑ sentenció y le puso en la mano un frasco de píldoras estrelladas, transparentes, en cuyo interior giraban volutas de un vapor añil.

‑Tómate una siempre que vayas a dormir. Y dile a mi sobrino que suspenda el tratamiento que le indiqué.

Desde esa noche, el hombre volvió a soñar y a convertirse en zapato gigante, en ramo de flores, en unicornio de crines azules... y su mujer no tuvo despertares sobresaltados porque ella también soñaba: que era el pie que calzaba el zapato, el vaso que sostenía las flores, o la amazona de ojos marinos que, sin bridas ni fatiga, cabalgaba el unicornio.

(La Habana, diciembre de 1988)

 

Tomado de 

                               

Ediciones de la Torre. Madrid, 1995 y 2006.

Premio La Rosa Blanca de la Unión de Escritores de Cuba a los mejores libros infantojuveniles publicados en el año.


7/11/20

TABÚES EN LA NARRATIVA CUBANA PARA NIÑOS Y JOVENES

Texto presentado al encuentro bienal de literatura infantil y juvenil cubana, organizado por la Sección de Literatura Infantil y Juvenil de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en noviembre de 2020.

En el contexto de la COVID-19 y a fin de mantener la distanciación social el encuentro se celebra de manera vitrual.


TABÚ OR NOT TABÚ: ESE ES EL TEMA

                                                                                                                   por Joel Franz Rosell

 

Demasiado se ha citado a Mirta Aguirre cuando, en 1972, pidió que la literatura infanto-juvenil cubana no le ocultara a nuestros niños y adolescentes las “aristas duras o costados feos de la vida”. No he encontrado esta frase en el volumen que contiene lo esencial de las intervenciones del Forum sobre literatura infantil y juvenil, pero sí esta otra que me parece más completa puesto que presenta los dos aspectos, inseparables, de la cuestión: 

¿…Hemos de temer hablarles de la tristeza, de la sangre o de la muerte? O debemos los adultos, actuando como intermediarios inteligentes, afrontar todo eso, explicar todo eso y aprovechar todo eso de manera tal que lo literario pueda ser utilizado como puente para que la dura, implacable verdad histórica pueda ser asimilada por la inteligencia y la sensibilidad de los hombres del mañana.[1]

 En ese evento, que resultó de uno de los acuerdos del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, destinado a enmarcar la política cultural cubana en el marxismo-leninismo ortodoxo de la época, la misma lúcida poeta y ensayista reaccionó a la “cacería de hadas” que allí asomó su peluda oreja advirtiendo: “¿Qué es lo que tenemos que evitar? Que eso nos conduzca a una estrechez que borre toda la imaginación, toda la fantasía, todos los recursos poéticos de esa literatura que estamos llamados a crear”[2].

El destacado papel que desempeñó Mirta Aguirre en el Forum (con luminosos aliados como Eliseo Diego y Onelio Jorge Cardoso) se apoyaba en su preocupación, ya entonces con amplios antecedentes, por la existencia en Cuba de buenos y variados libros para niños y jóvenes. De ahí que en varias ocasiones destacara la necesidad de una literatura que hablara de todos los aspectos de la realidad, al tiempo que subrayó algo que los paladines de los “temas tabúes” callan interesadamente:

 …No hay que derivar de aquí que lo que se propugna es que conduzcamos a nuestros niños a moverse de manera exclusiva y constante, en un mundo literario de horror (…) Infeliz quien no crea que lo hermoso y lo tierno forman parte de la verdad de la vida…[3].

¿Acaso no deja Mirta Aguirre suficientemente claro la importancia de la adecuación del discurso a las capacidades y necesidades de los niños y adolescentes, reconociendo plenamente que la implacable verdad histórica ha de ser transformada en destellante verdad literaria y lo ha de hacer desde el conocimiento y reconocimiento de su destinatario explícito?

El investigador, editor, promotor y escritor Enrique Pérez Díaz ha expresado innúmeras veces su convicción de que la visión crítica de la familia y el ambiente escolar son los rasgos que definen y engrandecen la LIJ cubana de las últimas dos décadas y media:

Hace poco, conversando con Eudris Planche Savón, evocaba mis inicios en el mundo de la literatura cubana para niños en una época feliz donde pequeños y mayores vivían en total armonía, en el mejor de los mundos posibles y sin contradicción alguna que resolver o dilemas existenciales por enfrentar. 

En ese mundo no había adultos abusadores y llenos de prejuicios que, con la mejor de las intenciones posibles, llevaran a sus menores por el peor de los caminos. Los niños eran obedientes, siempre decían “sí”; se consideraba pecaminoso no estudiar o no entender a las excelentes maestras y escapar de casa (o del aula) si te sentías maltratado y hasta era algo impensable dudar de las verdades que esgrimían los grandes o creernos que, siendo bajos de estatura, no estuviéramos equivocados. [4]

¿Es posible aplicar esta caricatural descripción a un cuento como “Caballito blanco” (1974) de Onelio Jorge Cardoso, que es la historia de un niño enfermo y confinado, que desobedece a una tía miedosa y ridiculiza a un médico viejo, bueno y vanidosillo, y se atreve a correr el mundo que le está prohibido? El libro (homónimo) está compuesto por cuentos en que todos los personajes se rebelan contra lo que les aconsejan, contra la costumbre, contra la tradición e incluso contra el poder político, para trazar su propio camino. 


Tampoco puede ser que Pérez Díaz se refiera a Memorias de una cubanita que nació con el siglo (1964), de Renée Méndez Capote, que desde el primer párrafo deja claro el tono y los sucesos anticonvencionales de ese inigualable libro de memorias que los jóvenes cubanos supieron apropiarse:

 “Yo nací inmediatamente antes que la República. Yo en noviembre de 1901 y ella en mayo de 1902, pero desde el nacimiento nos diferenciamos: ella nació enmendada y yo nací decidida a no dejarme enmendar.”[5] 



Ya en fecha tan temprana como 1963, el premio del II Concurso La Edad de Oro (no confundir con el lanzado nueve años después) recaía en Nachito[6], de Antonio Vázquez Gallo, historia de un niño campesino huérfano, que vive con su padre y la abuela. Si ninguno de los adultos es alcohólico o violento, como parece obligado hoy, tampoco están idealizados. Al contrario: sus personalidades se definen a través de las anécdotas y son coherentes con sus modos y medios de vida, lo que los hace muy verosímiles. Tampoco el protagonista está idealizado: es ingenuo, caprichoso y avanza por el relato entre trastadas, errores y asombros. 


No menos idealizadas resultan las familias en Dora Alonso. Huérfanos de madre (dicho explícita o no) y en permanente búsqueda de trascendencia son los protagonistas de Aventuras de Guille: en busca de la gaviota negra (1966) y de El cochero azul (1974), por no hablar de Ponolani (1966), libro basado en la vida de dos generaciones de mujeres negras y pobres, que con poderosa fuerza testimonial reconstruye alguien que conoció sus destinos de cerca. 


Otro buen ejemplo de representación poco satisfecha del mundo es Niños de Viet Nam (1968), de Félix Pita Rodríguez. Este libro, tan intensamente realista que se sitúa a las puerta del periodismo, presenta sin dudas niños y adultos que luchan de manera ejemplar -pero no sin miedo y errores- contra la tremenda violencia del invasor norteamericano y sus títeres del régimen de Saigón. “Si mañana tus hijos viven en un mundo en el que sea imposible que se escriban libros como éste, enséñales que los niños vietnamitas de hoy pagaron un duro tributo para que ese mundo fuera posible”[7], dice el autor en la dedicatoria a su nieta.
 


Y ¿cómo calificar de conformista a Kike (1984), de Hilda Perera, primer libro juvenil en abordar el exilio cubano, revelando la terrible experiencia de niños que fueron exilados (solos) por sus familias, temerosas de una presunta intención del gobierno revolucionario de privarlos de su autoridad parental? En esa valiente novela, no solo los adultos les fallan gravemente a sus hijos, sino que éstos se muestran duros e incomprensivos cuando al fin llega la hora de reconstruir el vínculo filial.

 


Por su parte, Cuentos de Guane (1976), de Nersys Felipe, ¿es un mundo idóneo y sin conflictos en su abordaje sin precedentes (narrado en primera persona por un niño) de la muerte en el seno de una familia? 

Tampoco lo es Roman Elé (1978), que narra la difícil vida de un niño negro, pobre, huérfano, nieto de esclavos, en la finca donde se le hace trabajar sin escuela, y se le discrimina y maltrata…? 


ilustración de Boiry tomada de mi novela Cuba destination trésor
Hachette. Paris, 2000

Los libros que he mencionado (en su mayoría elegidos por una representativa muestra de autores y especialistas en literatura infantil como los más importantes publicados antes de 1987), contienen conflictos humanos y personajes negativos. ¿Acaso no cuentan a los ojos de los “tabuístas” porque las contradicciones de clase predominan sobre las contradicciones internas? En realidad en los libros de los primeros 30 años de la LIJ cubana moderna hay a menudo conflictos más sólidos (y basados en situaciones reales muy concretas) que en muchos de esos libros que hoy se pondera porque dejan ver la estructura carcomida de la familia o la escuela… incluso si el edificio narrativo en cuestión se desploma porque pesan más las ideas, intenciones y mensajes que la trama y la coherencia de los personajes. 

No pretendo negar el hecho indudable de que entre 1959 y 1989 las editoriales cubanas publicaron un elevado número de textos promotores del modelo de comportamiento y justicia social enarbolados por la Revolución. Pero resulta de una simplificación inaceptable concluir que TODA o incluso una ABRUMADORA MAYORÍA de esa producción estaba sometida a tan limitados objetivos y falta de ambición estética. 

Ciertamente (en los 60 y 70, sobre todo) domina la LIJ cubana (y también en no poca literatura extranjera, de países socialistas o capitalistas) la vieja idea de que los libros para chicos deben ser globalmente ejemplarizantes y tranquilizadores, y constituir un nido de paz en el que los chicos puedan acumular fuerzas antes de lanzarse a la dura realidad de la vida. Pero de ahí a menospreciar a las generaciones que debieron cumplir la hazaña de crear, casi desde la nada, la literatura cubana para chicos de la que somos herederos (en la que aprendimos a leer y a escribir) me parece tan inverosímil como ingrato. 

ilustración de Ares, tomada de Hermanas de intercambio, de Eudris Planche
Gente Nueva. La Habana, 2016


En realidad, lo que ocurre en la literatura cubana, como reflejo del cambio ideológico, económico, social y político de las últimas tres décadas es un cambio de paradigma. Pasamos de ver como enemigos del progreso social al capitalismo, el imperialismo y las “lacras del pasado” (un enemigo exterior), a detectar como enemigos a las contradicciones e inconsecuencias del propio modelo (un enemigo interno). De ahí que la literatura cubana (tanto la infantojuvenil como la destinada a adultos) pasara de un período “épico” en que nuestra sociedad hacía frente común a su enemigo externo, a un período “patético” en que Cuba se analiza a sí misma y denuncia sus males internos. 

Concluir que la LIJ actual es mejor que la de las anteriores décadas por el simple hecho de que cambie de paradigma social y refleje con más realismo la familia, la escuela y algunos otros estamentos sociales, equivale a revestir un avatar del viejo didactismo y mantener la visión pragmática y utilitarista que reduce la calidad literaria a su capacidad de reflejar la realidad objetiva, en vez de asumir que buena literatura es la que crea una consistente verdad estética. 

Una lectura atenta de los libros más representativos del período 1959-1989 nos permite descubrir que la familia, la escuela y la sociedad cubanas no fueron siempre representadas en términos tan estereotipados como pretenden quienes, visiblemente, no se han tomado el trabajo de releer. En aquellos 30 años se llevó a cabo un largo y complejo proceso de creación que incluyó, por supuesto, numerosos fiascos; pero no en mayor medida que la literatura actual. No hay generación superior a otra, sino generaciones distintas, con objetivos que corresponden a su tiempo. Es dentro de cada generación y dentro de la obra de cada autor, que se puede atisbar una mayor o menor originalidad, pertinencia y rigor. 

En todo caso, el deseo o necesidad de hacer una literatura que refleje de manera más realista –o crítica– nuestra realidad, tampoco surgió de la nada. Algunos autores que posteriormente desarrollarían lo que se ha dado en llamar “temas tabúes” publicaron, a fines de los ochentas, relatos con personajes anti modélicos, en particular brujas buenas o alternativas, que marcaron la transición de uno a otro paradigma. 

Las entrevistas incluidas en el volumen El fuego sagrado (2006) reflejan una obsesión ética que resulta en realidad bastante problemática: “Un autor de LIJ ha de ser una persona sin vicios, cumplidor de sus deberes, ejemplo dentro de la sociedad en que vive. Para enfrentarse a lo mal hecho que critica en sus obras, tiene que actuar consecuentemente”[8]. Si la primera frase de Celima Bernal exige de la condición de escritor una perfección moral no solamente inalcanzable sino desmentida por la historia de la literatura universal; la segunda presupone que la Misión de la literatura es criticar y mejorar la sociedad… lo que tampoco responde a la concepción y práctica generales (en Cuba y en el resto del mundo occidental, hoy y en otras épocas). No muy diferente es la posición de Pablo René Estévez cuando define al autor ideal como: “un ente con profundas convicciones éticas y estéticas, portador de altos valores humanos y orgánicamente insertados en su realidad social”[9]. 

La literatura, como toda actividad artística, suele tener entre sus grandes motivaciones la compresión del ser humano, pero convertirla en instrumento de reforma moral nos devuelve a los tan criticados tiempos en que la LIJ cubana se fijaba el objetivo de “formar y desarrollar en nuestros niños y jóvenes una personalidad integral y cabal, como debe corresponder a los futuros comunistas”[10].

 

NOTAS

[1]VARIOS: Primer fórum sobre literatura infantil y juvenil. Boletín para las bibliotecas escolares. La Habana, marzo-junio de 1973, Año III, nro. 2-3, p. 173

[2] Op.Cit., p.147

[3] Idem, p. 174

[4] PÉREZ DÍAZ, Enrique. http://www.caimanbarbudo.cu/literatura/resena-de-libros/2017/10/las-ninas-sus-abuelas-y-los-libros-para-ninos-que-quizas-no-entiendan-las-abuelas/

[5] MÉNDEZ CAPOTE, Renée: Memorias de una cubanita que nació con el siglo. Ediciones Unión, La Habana, 1976; p. 9

[6] VÁZQUEZ GALLO, Antonio: Nachito. Editora Juvenil. La Habna, 1965

[7] PITA RODRÍGUEZ, Félix: Niños de Viet Nam. Gente Nueva. La Habana, 1968; p. 5

[8] BERNAL, Celima. In: Pérez Díaz, Enrique: El fuego sagrado. Los escritores cubanos para niños se confiesan. Editorial El Mar y la Montaña. Guantánamo, 2006, p. 18

[9] ESTÉVEZ, Pablo René. In: Pérez Díaz, Enrique (2006), p. 80

[10] ROMERO, Cira y COFIÑO, Manuel: Primer fórum sobre literatura infantil y juvenil. Op.Cit., p.147

12/10/20

HABIA UNA VEZ: el indiscutido best-seller de la literatura infantil cubana

HABIA UNA VEZ… Y SIEMPRE                                               

 

La primera razón de la inagotable popularidad de Había una vez es la fuerza de la tradición, el deseo de todo adulto de compartir con los más chicos de la familia los mismos cuentos y poemas que dieron calor y fantasía a su infancia. La célebre compilación de poemas y cuentos de numerosos países (identificados por más o menos conocidos nombres o anónimos) que  realizaran Herminio Almendros y Ruth Robés Masses apareció por primera vez en 1946 (1), y no en 1956 como afirman algunas fuentes. El pedagogo español, instalado en Cuba desde hacía 17 años, contaba ya con una amplia labor en la promoción de la lectura entre niños y adolescentes, en particular a través de compilaciones de cuentos, mitos y leyendas con las que trataba de paliar la insuficiencia de literatura y de ediciones cubanas para los más jóvenes.  De la cubana Ruth Robés Masses (2) poco he podido saber; también pedagoga, colaboró en otras ocasiones con Almendros, pero se dejó de mencionar su co-autoría tras abandonar el país a comienzos de los años 1960.   

Mi primer ejemplar de Había una vez lo compartí con mi hermano, un año mayor, y mi hermana, tres años más joven. Era un volumen de tapas duras e ilustraciones en suaves tonos pastel; probablemente la versión de Publicaciones Cultural, 1956, con ilustraciones de Celia Gabriel... y no, como en algún momento creí, una reimpresión de la primera edición (La Habana: Editorial Cultural, 1946 que contaba con ilustraciones Rebeca Robés Masses). (3)


Reeditado periódicamente, este libro se ha convertido en referencia para sucesivas generaciones de padres, abuelos, maestros, bibliotecarios… y es el primero que nos viene a la mente a los cubanos (junto a La Edad de Oro, de José Martí) cuando pensamos en una obra para niños.

Había una vez tiene el mérito de ofrecer referencias culturales comunes tanto en un plano vertical (entre generaciones: abuelo-padre-hijo) como horizontal (entre niños de diferentes familias). Hasta comienzos del actual milenio, los cubanos teníamos una cultura general bastante homogénea (con cuentos, rimas, adivinanzas, mitos, leyendas, canciones, dibujos animados… y por supuesto valores) gracias a medios masivos de comunicación –radio, televisión, cine– nacionales y centralizados. Pero desde la invención del “paquete” y el creciente acceso a la web a través de teléfonos celulares, computadoras y tablets, vivimos una dispersión en el consumo cultural que los adultos, de manera no del todo consciente, tratan de compensar mediante la adquisición de un ejemplar de Había una vez.

Uno de los rasgos más sobresalientes de este libro es su gran variedad en temas, géneros y voces… sin perder por ello unidad de estilo. En ese sentido tiene un concepto martiano (por su fecha de publicación podemos estimar que Herminio Almendros, ya trabajaba en lo que resultaría su ensayo A propósito de La Edad de Oro de José Martí. Notas sobre literatura infantil). 

Sin embargo, esa semejanza global no debe inducirnos a error: Almendros y Robés Masses compilaron, desde un gran conocimiento de las literaturas populares europeas y de la poesía española e hispanoamericana, generalmente contemporánea, cuanto podía ofrecerse a los niños en materia de ficción. Si los versos (tanto los anónimos como los de autor conocido) están tal como sin dudas los hallaron los compiladores, los cuentos fueron retocados en aras de simplicidad y coherencia; tanto los de acervo popular como los que conocemos en las prestigiosas versiones de Charles Perrault y los Hermanos Grimm, e incluso los de un escritor original como Hans Christian Andersen.


Es, por otra parte perceptible la diferencia de calidad poética y estilística entre cuentos como “El gato con botas”, “El soldadito de plomo” y “La cenicienta”, por ejemplo. El primero de los que acabo de citar, aunque presenta la simplificación característica de Había una vez, me parece mucho más logrado que los otros dos. En “Blanca Nieve” he notado algunos hallazgos originales que no presentan otros cuentos “grimmianos”, y de los dos tomados de Andersen, “El patico feo”, sin alcanzar el nivel del original, resulta mucho más rico que “El soldadito de plomo”.

Lo anterior me lleva a preguntarme si había una diferencia de talento narrativo entre Almendros y Robés Masses o se trata, simplemente, de textos que llegaron a sus manos en versiones previamente modificadas.


Un factor que, por el contrario, incrementa la unidad de la selección es su organización en dos partes, donde la primera contiene una mayoría de textos con protagonistas y temas animales (y más fuente anónima en lo que a cuentos se refiere), mientras la segunda abunda particularmente en lo que llamamos “cuentos de hadas” (contengan o no este tipo de personaje maravilloso) con mayor presencia de fuentes conocidas. Lo que sí es común a ambas secciones es el propósito de los compiladores de interconectar textos (frecuentemente, poema y cuento, o viceversa) a través un elemento común.

Ejemplos:

La gallinita Dorada,  p. 9-10 / Ronda del pío… pío, p. 11 (gallinas)

La ranita verde y el ganso, p. 12-13 / Cucú, p.15 (ranas)

La margarita blanca, p. 16-19 / Campanillas, p. 20 (flores)

Caperucita Roja, p. 89-94 / La nena astuta, p. 95 / Los siete chivitos, p. 96-103 (lobos)

El gato con botas, p. 107-111 / El romance de don Gato, p. 114-115 (gatos)

El soldadito de plomo (cuento), p. 116-123 /El soldadito de plomo (poema), p. 124-125 (soldados de plomo)

Pulgarcito, p. 128-135 / Mamá, p. 136 / Almendrita, p. 139-145 (madres) (4)

                                       

La mayor paradoja que rodea al más popular libro de la edición cubana para chicos es, probablemente, lo poco que sabemos de él.

Confiemos en que algún investigador, minucioso y sagaz, consiga un día cotejar las diferentes ediciones, comparar con otros textos firmados por Herminio Almendros y Ruth Robés Masses (en dúo o por separado) e incluso dar con algún testimonio sobre el proceso de creación, hace más de 74 años, de nuestro Había una vez.

 

Joel Franz Rosell

París, 10 de octubre de 2020


 

NOTAS

(1) https://cuatrogatos.org/blog/?p=174

(2) Algo más sabemos gracias a Antonio Orlando Rodríguez y Sergio Andricaín: 
 https://worldcat.org/identities/lccn-n87108026/ (Nota en Cuatrogatos.org)
https://books.google.fr/books?id=f2hEDQAAQBAJ&pg=PA400&lpg=PA400&dq=ruth+rob%C3%A9s+masses&source=bl&ots=k4SRpKtnhJ&sig=ACfU3U1L0_p-78JiO6OoSm-6pEkcsieFnA&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwilvqXYu6zsAhVwD2MBHYZ7Dg04FBDoATABegQIARAC#v=onepage&q=ruth%20rob%C3%A9s%20masses&f=false (Version electrónica, incompleta, de su artículo "La censura de autores y libros en Cuba (1960-1985)", In: Censuras y LIJ en el siglo XX (En España y 7 países latinoamericanos), de Pedro C. Cerrillo Torremocha y María Victoria Sotomayor. Universidad de Castilla La Mancha. col. Estudios, nº 155. Cuenca, 2016).


(3) Información extraída de las fotos de la edición original que publicó el ilustrador y autor cubano Valerio, desde Colombia, el 10 de octubre de 2020 en su perfil Facebook. 

(4) Los números de página corresponden a la edición de Gente Nueva (La Habana) con copyright 2010.

10/9/20

EL PLATANO AVENTURERO. una fábula política para todas las edades




EL PLATANO AVENTURERO

Texto: Joel Franz Rosell
Ilustraciones: Ignasi Blanch
Edebé. Barcelona, septiembre 2020.
Colección Tucán Azul (a partir de 6 años)

Cuando una simple cáscara de plátano puede derribar una dictadura.


Temas:
#humor
#fantasía
#política

La vida de un plátano es esperar el momento de ser comido. Pero el plátano de este cuento tiene mucha imaginación y sueña con aventuras... que se vuelven realidad tras ser robado por un pícaro y pisoteado por un general mandón que da entonces un resbalón fatal. Nuestro plátano se convierte en símbolo de justicia. Tras una vitrina del Museo Nacional, los peques lo contemplan, sabiendo que el «plátano patriótico» puede volver en cualquier momento a tirar al suelo a los mandones. 




La cuestión del poder, de los políticos que ponen su vanidad e intereses personales por delante de su función pública, abunda en mis libros para niños y para adolescentes. Ya lo abordé en historias no realistas como Pájaros en la cabeza (Kalandraka, Pontevedra-Sevilla, 2004), en las diversas versiones de Las aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes: El Arca. Barcelona y Capiro. Santa Clara, 1996; Alfaguara. Buenos Aires, 2004 y  Los aventureros de la cometa (Panamericana. Bogotá, 2020), así como en Concierto nº7 para violín y brujas (Fondo de Cultura Económica. México, 2013).


También el tema está presente en mis novelas realistas Mi tesoro te espera en Cuba (Hachette. París, 2000; Sudamericana. Buenos Aires, 2002 y Edelvives. Zaragoza, 2008) y La Isla de las Alucinaciones (Premium. Sevilla, 2017). 

Pero lo que más me ha gustado en este cuento es haber trabajado un lenguaje con el tono y  la sencillez tan característicos de la narración popular latinoamericana. 
No es que las dictaduras sean  exclusivas de nuestro continente, y tampoco son las dictaduras la única forma del uso impropio del poder... pero somos bastante expertos en el tema.


Alguien podrá opinar que la política no es asunto que puedan comprender o disfrutar los más pequeños, pero no es así. Si un niño de seis años no tiene la menor idea de lo que es un poder totalitario, autoritario o corrupto (incluso si es el régimen en su país), sí que saben lo que pesa un mandón cuando está al frente de la familia, de la pandilla o de la escuela donde estudia.

Estoy convencido de que lo que le ocurre al general de mi cuento con el plátano protagonista no solo hará reír a los más pequeños, sino que los hará pensar en lo bueno que sería que algún mandón de su entorno se dé un buen resbalón...



De la Nota de prensa:

"Un delicioso y original cuento del reconocido escritor cubano Joel Franz Rosell que abre las puertas al humor frente a las dictaduras, que suelen ser muy “serias”; y detestan que la gente se ría y se divierta. A veces los que parecen buenos no lo son tanto; y los que pasan por malos, o tienen muchos defectos, poseen un fondo bueno y pueden realizar acciones muy positivas."

                                     


la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).