LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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21/4/21

LA BRUJA ES PANTOSA Y LA NIÑA, PRECIOSA

La bruja es Pantosa y la niña, Preciosa
Editorial Ginesta
Bogotá, 2021
Edición en libro físico y en libro electrónico

Autor: Joel Franz Rosell
Ilustrador: Jonhathan Andrés Guerra
Páginas: 142
Precio: 36.500 pesos colombianos (aproximadamente 10 dólares USA)

Argumento:
Pantosa Cizaña Matrera es la bruja municipal de La Habana Vieja y es fea, tramposa y sucia como su nombre lo indica. Vive muy contenta de ser quién es y cómo es, y de la misma opinión son sus amigazas Gwendolyn Halloween de Brooklyn, Medusa Bambolla, Rugosa Troncosa del Matojo y Caduca Cicuta. Pero todo cambiará cuando PCM descubre que tiene una sobrina-tataranieta que no solamente es linda y buena, sino la más linda y buena niñita del mundo. La bruja de esta historia intentará lavar la mancha en su reputación convirtiendo a Preciosa Candorosa de Mi Corazón en una tenebrosa bruja. Pero las cosas no salen como ella quisiera...

Ïndice

1.  ¿PCM?

2.  ¡POR UN PELO!

3.  TÉ-RRIBLE

4.  MÁS TÉ-RRIBLE TODAVIA

5.  LAS BUJAS SE DIVIERTEN

6.  LA CARTA

7.  SECRETO DE FAMILIA

8.  LA AYUDA VETUSTA DE CADUCA CICUTA  

9.  GWENDOLYNN HALLOWEEN DE BROOKLYN, BRUJA MODERNA

10. LA BRUJA SE DISPUTA

11. ¿ASUNTO CONCLUIDO?

12. Y GWENDOLYNN HALLOWEEN DECIDIO REGRESAR A BROOKLYN 

13. COGER LA NIÑA POR LOS CUERNOS

14. EDUCACION BRUJANTE: PRIMERA LECCIÓN

15. EDUCACION BRUJANTE: SEGUNDA LECCIÓN (PRÁCTICA)

16. SEMBRANDO CIZAÑA EN LA ESCUELA

17. LA ESPECTACULAR TRANSFORMACIÓN DE LA MAESTRA

18. LA DUDA

19. LA ÚLTIMA FECHORIA DE PCM

20. ESTO TENÍA QUE ACABAR MAL... 

21. ¿VOLVER A EMPEZAR?


1.

¿PCM?

 

Una vieja muy vieja. Montada en una escoba. Con un enorme sombrero y un gato negro.

No tengo que decirte más para que sepas que estoy hablando de… ¡una bruja, claro!

También sabes que las brujas tienen arrugas y verrugas, una olla para preparar pócimas fatales y libracos llenos de fórmulas que explican cómo hacer conjuros diabólicos.

Que a las brujas les gusten tanto las escobas voladoras, los gatos negros, las ollas mágicas y las verrugas, es algo que tiene fácil explicación. Más complicado es explicar por qué las brujas prefieren habitar una ruinosa casucha perdida en un bosque intrincado y sombrío.

Todo el mundo ha oído hablar de brujas escocesas y gallegas. Pero también hay brujas en Hungría y en Rumania, en Rusia y en Finlandia, en Nigeria y en Canarias… y no en todos esos países hay bosques densos y umbríos.

La verdad, la cruda verdad… (fíjate que voy a revelarte un secreto secretísimo: no te pongas a repetirlo por ahí) es que todas las brujas provienen de un mismo país: oscuro y remoto, cubierto de bosques impenetrables y brumosos. Un país que no vale la pena buscar en las geografías porque es un país perdido en las brumas del tiempo.

Pero de eso hablaremos en otro sitio.

Porque este libro de quien habla es de una bruja actual. Una bruja fea y sinvergüenza, como debe ser (ella hasta dice que es la bruja más fea del hemisferio occidental), pero que no vive en una casucha perdida en un bosque neblinoso, sino en un país tropical, en una capital habitada por dos millones de gente bullanguera.

Es que la protagonista de esta historia había sido nombrada Bruja Municipal de La Habana y tuvo que abandonar su bosque tenebroso para instalarse en un barrio populoso, lleno de sol y brisas marinas.

Como no podía luchar contra su naturaleza, nuestra bruja buscó alojamiento en el lugar más lúgubre que pudo encontrar en la capital cubana: un ruinoso caserón del siglo XVIII popularmente conocido como La Cochambre.

El edificio era ideal: tenía rincones oscuros y malolientes, paredes húmedas y manchadas, escaleras torcidas y crujientes, y un tejado tan deteriorado que todos los días dejaba caer una teja en la cabeza de un vecino. Las cucarachas, las arañas y las ratas sarnosas eran tan numerosas que tenían voz y voto en el Comité de Residentes que se reunía el tercer miércoles de cada mes.

O sea que nuestra bruja vivía en La Habana Vieja. En su única calle realmente siniestra. En su caserón más inmundo y achacoso. Y en el último piso, justo debajo del tejado, para poder salir disparada en su escoba voladora sin tropezar con el edificio de en frente.

Así que ya lo sabes: si alguna vez te hace falta una bruja (para que desaparezca a alguien, para conseguir alguna cosa o para que te convierta en lo que más te gusta) solo tienes que ir a La Habana Vieja. Aunque el caserón achacoso está dividido en un millar de apartamentuchos cochambrosos, no tienes pérdida.

En una plaquita de metal chamuscado, al lado de la puerta, nuestra bruja ha escrito su nombre:

 

PANTOSA CIZAÑA MATRERA

 

En realidad, las brujas se llaman Qmtrzz, Hcklsst, Gfpfrd y cosas por el estilo, pero para que la gente no sepa que son brujas se ponen nombres menos sospechosos. Sus preferidos son Fulana, Zutana, Mengana y Esperanceja. Pero las más astutas se hacen llamar Carola, doña Margarita, Viuda de Pérez o Señora Directora.

La bruja de La Habana Vieja decidió llamarse Pantosa Cizaña Matrera y está muy orgullosa de ese nombre.

Pero yo, para no hacer muy largo este cuento, la mayoría de las veces la llamaré simplemente PCM... así que ya estás sobre aviso.


ANTERIORES VERSIONES DE ESTE LIBRO

La bruja de La Habana Vieja 
(Para que se enteren de lo traviesa que es...)
Editorial Capiro
Santa Clara, 1999
(versión abreviada)
80 000 ejemplares

La tremenda bruja de La Habana Vieja
Edebé
Barcelona, 2001 y 2005


Malicia Horribla Pouah, la pire des sorcières
Hachette
Paris, 2001
Traduction de Mireille Meissel


 

VALORACIONES DE LAS VERSIONES ANTERIORES


La versión actual, ligeramente ampliada,corregida y con algunos cambios en los nombres de las protagonistas y el estilo, aumenta su receptibilidad e impacto.


LA TREMENDA BRUJA DE LA HABANA VIEJA

Editorial Edebé. Barcelona, 2001

Género: novela 
 
Tema: La vida de una bruja malvada, que cambia por amor a su sobrina tataranieta 

Rasgos dominantes: fantasía, humor, juegos de palabras 

Valores transversales: Misterio/Humor/Educación para la paz/Familia y Respeto a los mayores/Tradiciones y culturas. 

Argumento: Porfiria Centolla Mastuerza, la bruja de La Habana Vieja, es la más fea del mundo y se enorgullece de ser una de las más malas. Su vida transcurre entre los problemas que le causa el tener el pelo de hielo, las maldades que hace y sus reuniones con sus colegas brujas de otros barrios. Pero un día le anuncian la visita de un representante de la olvidada y detestada rama bondadosa de la familia. Su sobrina-tataranieta, Florcita, es la niña más linda y buena del mundo e insiste en conocerla. Tras intentar infructuosamente mantenerla alejada (con la ayuda de otras brujas tan pintorescas como ella), PCM descubre que la niña tiene algo de bruja y decide ayudarla a desarrollar su lado oscuro. Los intentos son cómicos fracasos hasta que al fin Florcita se da cuenta de lo malvada que es su vieja “Tía Tata” y se aparta de ella. PCM no resiste la soledad y se vuelca sobre la cabeza los besos que la niña le había lanzado (guardados por ella en un frasco blindado). El final queda abierto... para un próximo libro que tendrá que ser el de “la bruja buena de La Habana Vieja”. 

Comentario en un sitio web:

El libro que recomiendo se llama “La tremenda bruja de la Habana Vieja”, del escritor cubano Joel Franz Rosell. En realidad es el segundo libro suyo que he leído. Antes leí “Vuela, Ertico, vuela”, que está en el Barco de Vapor. “La tremenda bruja de la Habana Vieja” está en Edebé. Es un libro mogollón de divertido. Cuenta la historia de un montón de brujas cubanas como PCM y Medusa Bambolla, pero también hay una bruja canaria, Burbruja, y una bruja norteamericana, Gwendolynn Halloween de Brooklyn, que se parece a Mike Tyson, pero sabe mucho de ordenadores: su ordenador es una bola mágica que usa el programa Magosoft ¿no es genial? 

El libro cuenta que PCM descubre que tiene una sobrina-tataranieta que es una niña muy buena y muy guapa, y eso no puede ser. Así que la bruja decide cambiar a la niña en bruja, pero la niña es muy fuerte y todo le sale mal. Pues nada, que el libro es muy divertido, pero también dice cosas muy profundas, como que a veces las personas son malas simplemente porque están solas y tristes. Pero lo bueno de este libro es que lo dice sin rollo. 

Leonel García Puffy 

Nota publicada en Francia a propósito de la traducción de la novela publicada por Hachette. París, 2001 bajo el título Malicia Horribla Pouah, la pire des sorcières.
Tomado de Internet

Es la historia de una horrible bruja. verdaderamente malvada, que oculta un terrible secreto de familia: una hermana nacida linda y buena. Nuestra tenebrosa bruja teme que este vergonzoso parentesco le impida ser nombrada doctora en ciencias ocultas, artes malignas y letras torcidas por el Consejo Superior de la Magia Negra. Cuando descubre que su sobrina-nieta, linda y buena, pretende hacerle la visita, decide hacer todo lo posible por quitársela de encima... ¿y por qué no transformar a la adorable criatura en una bruja horrible y sin corazón? ¡Otra historia de brujas, dirán los lectores! Diríase que desde la aparición de Harry Potter los autores infantiles carecen de imaginación. Pues no: estamos ante una historia ingeniosa, que realmente merece la lectura. La galería de personajes (sobre todo las brujas) estalla de humor y originalidad, y la trama da muestras de buenos sentimientos. Solo cabe lamentar una lengua por momentos demasiado rica para lectores de 7-8 años.


Nota a propósito de la versión, solo 8 capítulos, publicada por Ediciones Capiro, Cuba, 1999 bajo el título La bruja de La Habana Vieja (para que se enteren de lo traviesa que es Porfiria Xenobia Marieka...). 

"BIENVENIDAS LAS BRUJAS"

 La bruja de La Habana Vieja era un título necesario, y esperado, dentro del panorama actual del sistema de la literatura infantil cubana. Salido del sortilegio de Joel Franz Rosell tecleando sobre una moderna computadora, y publicado gracias a los efectos de una pócima inventada por los magos de Ediciones Capiro en la colección Pintacuentos, hoy los niños cubanos tienen la posibilidad de disfrutar, leyendo y pintando, una bonita historia. El mecanismo de publicación de los premios de concursos y las limitaciones en la aparición de otros títulos, puede que conduzcan a que las valoraciones estético-literarias y el gusto mismo de lectores, escritores y críticos reduzca la gama de posibilidades genéricas, formales y temáticas de la literatura infantil que se escribe, se publica y se lee hoy en Cuba. Es por ello que creo que La bruja de La Habana Vieja, sin ser el único, ha venido a refrescar el ámbito de la literatura para niños en la isla. Ya en 1996, Rosell enseñó la cuerda de esta literatura que ahora cultiva con la publicación de Las aventuras de Rosa de los Vientos y Juan de los Palotes, editada simultáneamente en Cuba por Ediciones Capiro y en España por El Arca/Grijalbo; la que resultó ganadora de uno de los premios La Rosa Blanca de 1997 que otorga la Seccción de Literatura Infantil de la UNEAC a los mejores libros para niños publicados en el período. Es, además, el único libro cubano incluído, en la década de los noventa, en la selección “The White Ravens”, donde la Biblioteca Internacional de la Juventud, con sede en Munich, incluye los mejores libros infantiles publicados en el mundo cada año. La bruja... se enmarca dentro de la literatura del absurdo; y cuando digo absurdo, no me estoy refiriendo a la categoría estética de negación existencial, sino en el sentido de la más estricta lógica infantil, la que, absurda a los ojos de los adultos, conduce a una interpretación diferente, pero válida, de la realidad; ello hace que las tan aparentemente alocadas situaciones que nos presenta el libro, sean del agrado de los pequeños lectores. Joel Franz utiliza una de las vías que Alexandra Issayeva, crítica y especialista rusa de literatura infantil, plantea como posibilidades para crear lo fantástico, y es en este caso, la intromisión de un elemento extraordinario en un mundo común, o sea: un ser mitológico en una realidad concreta, lo cual queda definido en la primera oración del libro: “Pues, esta era una bruja que vivía en La Habana”. Ello da pie para la sarta de situaciones que a partir de ahí pueden ocurrir, algunas de las cuales el escritor ha plasmado en el texto y de otras muchas que el lector imaginará. Conocedor de las características que debe reunir la buena literatura que pretenda establecer un vínculo de comunicación con el niño, Joel Franz, le echa mano a unas cuantas de ellas: un programa narrativo de acentuado dinamismo diegético dado por la secuencia ininterrumpida de situaciones dramáticas que nos presenta; imágenes de gran plasticidad y de fácil evocación en la imaginación infantil: "Habitualmente las brujas viven en comarcas brumosas, en una casucha perdida en lo intrincado de un bosque o en el sótano de un castillo en ruinas (...), la nuestra se fue al lugar más lúgubre que pudo encontrar en La Habana: un ruinoso caserón del siglo XVIII lleno de rincones mugrientos, donde las escaleras crujían, todos los días le caía una teja en la cabeza a un vecino, y pululaban las cucarachas, las arañas y las ratas sarnosas" (p.3). El lenguaje cuenta con la sencillez requerida para el caso, pero con el aprovechamiento de la riqueza de recursos fonético-semánticos utilizables en la literatura infantil. Señalo en este sentido el nombre mismo del personaje, Porfiria Xenobia Marieka, y el té-rrible que acostumbraba a tomar a las cinco de la tarde. Por último, me quiero referir, en este sentido, a los elementos humorísticos presentes en el libro, pues estos se encuentran, tanto en la esencia misma de la anécdota como en el tratamiento de los personajes y situaciones: 

La bruja isleña abrió los ojos como platos y dio un sorbito al té-rrible.
-¡Ahh! -exclamó con un escalofrío-. ¡Asqueroso! -¿Verdad? -comentó PXM, encantada-. ¡Sabía que iba a disgustarte! Pero acéptame una segunda taza: verás que el efecto es realmente re-pug-nan-te. -Con mucho disgusto -respondió Burbruja muy educadamente y extendió hacia su sobrina la abollada taza de plomo" (p.5). [...]

 En el panorama de la literatura infantil van quedando atrás las narraciones llanas, los lenguajes rectos, los textos simplones y los libros con una explícita función pragmática ideologizante que pautaron por tanto tiempo el quehacer de escritores, editores, libreros y promotores de esta isla. Enrique Pérez Díaz en su artículo "Literatura para niños: renovación y ruptura en los 90", publicado en La Gaceta de Cuba no. 3. Mayo/Junio de 1998, decía que: "El cambio de signo de la serie literaria cubana para niños aventura al lector y a la crítica por horizontes insospechados". En La Habana Vieja hay una bruja que lo ratifica. 

Luis Cabrera Delgado.
Miami. Cuatrogatos.org, octubre-diciembre 2000. 
www.geocities.com/cuatrogatos4/bruja.html Santa Clara (Cuba), revista Umbral, primavera 2003


Selección de respuestas enviadas por e-mail a los mensajes que me entregaron durante una gira por España los lectores de La tremenda bruja de La Habana Vieja.

Todas las cartas fueron muy interesantes, pero son muchas y no voy a contestarlas una por una en detalle. He escogido de cada una lo que me parece más original. Si falta alguien será porque se me extravió con tanto cambio de maletas o que no entendí bien el nombre.
 Pero a todos, incluso a los que no me entregaron una carta o un dibujo los recuerdo con cariño y esto va escrito para todos: María del Arco pregunta cómo son los personajes que no aparecen dibujados: Perfecto, Medusa, Florcita... Pues cada personaje del libro tiene la cara que tú les quieras poner. Cuando un escritor escribe un libro no lo sabe todo de sus personajes. Ellos parece como si llevaran su propia vida y a veces sorprenden al escritor. Yo no sé como son EXACTAMENTE ni Florcita ni su papá. Está claro que se parecen, pero Perfecto es más alto y, ahora que lo pienso, tiene bigote. Florcita es lindísima, eso es seguro, y no solo porque lo diga su tío Cristóbal, el de Colón, provincia de Matanzas. Y tiene que tener los ojos verdes, como todas las brujas. Pero no tiene el pelo rojo (y eso que dicen que las brujas son pelirrojas) porque ella es una niña cubana y en Cuba hay muy poca gente con el pelo rojo. Medusa, como las otras brujas, es muy fea, pero es menos vieja que PCM y está siempre muy inelegante, con sus mantones matones, sus joyas radiactivas y un maquillaje que la hace parecerse al monstruo de Frankestein. También me preguntas porqué los dibujos son blancos, verdes y negros. Eso es porque las tintas de color cuestan muy caras y para poder vender el libro a un precio más asequible la editorial usa un solo color. 
Como la colección se llama Tucán Verde, escogieron el verde. Pero el verde es un buen color para un libro de brujas (mucho peor hubiera sido si yo hubiera escrito un libro sobre el desierto, porque allí nada es verde, o sobre el planeta Marte, porque allí todo es rojo, o si la editorial hubiera tenido la idea de llamar a su colección Tucán Rosa, porque entonces un libro de terror, aunque sea de terror cómico, tendría que aparecer con dulces ilustraciones color bombón). A las brujas les gusta mucho el verde (por algo tienen, como ya dije, los ojos de ese color). Lo que no les he contado es que las brujas también tienen la lengua verdosa. 
Es por eso comen lápiz labial rojo tan a menudo como les gustaría a ustedes comer chocolate: para que la gente no se dé cuenta de que tienen la lengua verdosa y se enteren de que son brujas. Varios de ustedes hicieron dibujos muy bonitos. Inmaculada Guzmán, por ejemplo, le puso a sus dibujos los colores que no tiene el libro. Eso siempre se puede hacer. Cuando les guste un libro, dibujen los personajes y cámbien todo lo que no les gustó en los dibujos del libro o pongan en sus dibujos todo lo que les parece que faltó en el libro. Los lectores también son co-autores de los libros que leen.

Carmen Colmenero Ordoñez me hace una pregunta muy importante: ¿qué pelo tuvo Porfiria Centoya Mastuerza después del pelo de fuego? Pues no había pensado en eso, y está muy mal, porque un escritor debe pensar bien en lo que les sucede a sus personajes, que son como sus hijos, ya están en el mundo por decisión suya. Menos mal que ahí están los lectores para llamarnos a capítulo (esta expresión es muy rara, pregúntenle a sus maestros que significa). Ahora puedo decirles que después del pelo de fuego a PCM le quedó el cráneo muy caliente, así que cuando empezaron a salirle pelillos nuevamente (después de estar calva durante tres semanas y con cabeza de recluta durante dos meses, como dije en el libro), esos pelillos eran simplemente de hielo derretido; o sea: agua. De manera que la bruja de La Habana Vieja tenía que pasarse el día con la cabeza envuelta en una toalla que tenía que exprimir cada media hora. Por eso tardó tanto en tener pelo de nuevo, porque su nuevo pelo de agua acababa en el desagüe. Sin embargo, no olvidemos que nuestra bruja no tenía un pelo de tonta, ni era una bruja de medio pelo, ni se dejaba tomar el pelo, y prefería tener los pelos de punta a tener los pelos de agua. Así que PCM acabó por dar con una fórmula mágica muy antigua, poderosa y eficaz, inventada por la famosa bruja Greñuda Capilar Vellosa, más conocida como “la vieja Pelucona”, y acabó por salirle un pelo de juego... Como lo oyen: un pelo que hacía juego con todo: si hacía sol, tenía pelo de sudor, si hacía frío tenía pelo de escarcha, si iba a la playa, tenía pelo bronceado, si iba al cementerio, tenía pelo de luto y si iba al estadio tenía el pelo del color de su club favorito.
Como el pelo de PCM tomaba un aspecto acorde con lo que hacía o donde se hallaba, su pelo se volvió invisible. Por eso, las brujas malhabladas, deslenguadas y canallas como Medusa Bambolla y Felipoma la Bretera, alias Cara de Bache, andan diciendo por ahí que PCM acabó con pelo de nada, que se quedó calva, calvísima, como su bola de cristal. Carmen Velar Ortega (no sé si entendí bien tu primer apellido) me dice que le gustó mucho el libro porque podía imaginarse la acción que se desarrollaba. Eso es algo muy importante cuando uno escribe cuentos y novelas, pero no es nada fácil de conseguir. Para narrar bien es importante no usar demasiadas palabras raras, ni dar detalles que no hacen falta, ni andar dando sermones dentro de la historia. Uno de los elogios más grandes que se le puede hacer a un escritor es decirle que lo que escribe se puede ver con la imaginación. Eso es la literatura: palabras mágicas que encienden la imaginación del lector. Elena fue muy amable al decir que mi libro es uno de los mejores que ha leído “porque tiene mucha imaginación”. Dice que lo lee siempre antes de irse a dormir. Espero que ella no tenga demasiada imaginación porque si sueña con mis brujas va a sufrir pesadillas y al día siguiente va a parecer que estuvo con escarlatina, diarreas y anginas por la cara de bruja con que va a amanecer. 
Ana Isabel Colmenero y Belén fueron todavía más amables y escribieron que mi libro es el más interesante y el mejor que han leído. Me puse tan orgulloso que me inflé como un balón y tuve que ir al gimnasio a correr 20 kilómetros por día y hacer 200 abdominales por la mañana y 200 por la tarde hasta que que se me bajara la hinchazón. 
A Laura Barajas también le gustó mucho mi libro y ha hecho lo mejor que cabe hacer en ese caso: recomendárselo a sus mejores amigas. Yo cuando hago o veo algo bueno se lo recomiendo a otras personas. El bien compartido toca a más y es muy agradable poder conversar con los amigos sobre las cosas que uno prefiere. Alguna vez se ha dicho que leer es una actividad solitaria y hay hasta quienes pretenden que no es divertido. No les crean a esos, que a lo mejor tuvieron mala suerte y solo encontraron libros malos o equivocados. No hay nada más divertido que un libro divertido, y resulta super-hiper-mega-divertido si uno lo comparte con sus amigos. Uno puede leerse muchas veces la parte del libro que más le gustó, y encontrar esa parte es más fácil que en el vídeo. También es mejor darle a leer a tu amigo la parte más divertida de un libro que contarle el pedazo mejor de una película, porque tu amigo lo leerá con sus propios ojos, como lo leíste tú, en vez de oirlo con las palabras que tu encuentres para contar las imágenes que te gustaron en la peli, lo que nunca es igual que verla. Y cuando hayas compartido el libro que te gustó con varios amigos, puedes jugar a ese libro. Por ejemplo, ahora vosotros, los de quinto y sexto del colegio Pedro Poveda podéis decirle a cualquiera: ¡Que te parta un rayo! sin que sea una grosería, sino algo gracioso. Y el que no está en el secreto hasta podrá pensar que tú y la persona a quien le digas eso están peleados, cuando no es así, sino que que están acordándose de cómo se despedían las brujas en el libro. 
 Alba pregunta cómo se llama el primer libro que escribí. La verdad es que no estoy seguro, porque no estoy seguro de cual fue el primero (yo tenía entonces doce años, hace un montón de tiempo y no me acuerdo) y hasta me parece que aquel primer libro era tan primero que ni siquiera tenía título. Lo que sí te puedo decir es cómo se tituló el primer libro que publiqué (o sea, del que se hicieron muchos ejemplares en una imprenta, para venderlo en las librerías a miles de personas). Ese libro se llamó El secreto del colmillo colgante y se publicó en Cuba hace nada menos que ¡20 años! Ese libro les gustó a los chicos de aquella época tanto como os ha gustado a vosotros La tremenda bruja... Por eso estoy preparando ese libro para publicarlo de nuevo y ¡a ver si os gusta! No es un libro de brujas, sino de detectives: de niños detectives que deben investigar un misterioso robo y resolver un secuestro. 
María Rodríguez Huerta dice que le gustaría que yo la ponga en un libro, pero para eso tendría que conocerla muy bien. Los escritores solo ponemos en los libros a la gente que conocemos bien, y como a alguna gente no le gusta verse en los libros, sobre todo si le toca un personaje malvado o desagradable, los escritores tenemos que disimular. Lo mejor es inventar nuestros personajes, así no hay problemas... Pero les voy a contar un secreto: muchas veces, detrás de un personaje imaginario puede distinguirse la silueta de un personaje real: basta con mirar bien para darse cuenta... Pero de todas formas, los niños que voy conociendo en las charlas escolares aparecen de una manera especial en mis libros. Como yo voy aprendiendo cómo son, qué es lo que les gusta, qué entienden y qué les aburre, pues es como si estuvieran en el libro, ¡y en la posición más importante: al lado del escritor! 
 Alvaro Escudero dice que le gustaría ver dónde he nacido. Yo nací en un pueblo que se llama Cruces, en el centro de Cuba. No es un lugar demasiado bonito, ¡para qué voy a mentirles! Está medio abandonado mi pueblo y las casas se están cayendo de puro viejas (se está poniendo tan feo, que al final se van a mudar allí todas las brujas). Pero cada vez que vuelvo a Cruces (vaya nombrecito, ¿eh?) tengo la esperanza loca de encontrar algo que perdí cuando mis padres nos llevaron a mí y a mis hermanos para la capital de la provincia. Yo solo tenía cuatro años y medio (¡hace un montonzazo de tiempo!) y lo que perdí entonces a lo mejor explica porqué me hice escritor. Resulta que en Cruces teníamos una casa grande, con un patio de tierra y una iguana amaestrada, que comía en la mano de mi papá (una iguana es como un cocodrilo chiquito, por si no lo sabéis). También en el patio había un cuartito lleno de historietas y de juguetes. Pero cuando nos mudamos para la capital de la provincia, las historietas no cabían en nuestra nueva casa y se quedaron en el pueblo. Yo nunca olvidé aquellas historietas que tanto me gustaba leer, y pienso que es por eso que me hice escritor, ¡para que nunca más me puedan quitar las historias que me gustan! 
 Al igual que Pablo Rodríguez, Eduardo García Martínez dice que le gustaría ser escritor y que quiere conocer mi método para escribir cosas tan graciosas como las que les que hacen mis brujas; cosa que también me pide Alejando Pérez Miras. A lo mejor lo primero de mi método está en que me divertí mucho escribiendo esas cosas, pero eso no bastaría sin lo segundo del método: hay que trabajar mucho para que se te ocurran muchas cosas. A veces se me ocurrieron delante del ordenador, cuando ya estaba escribiendo, pero otras veces fue mientras dormía, mientras iba en autobús, mientras estaba comiendo, o con amigos, o dando una clase en la universidad... Un escritor trabaja siempre y en cualquier situación en que se encuentre. Por eso es muy importante tener a mano papel y bolígrafo para tomar apuntes. También uno debe estar prestando atención a cuanto pasa su alrededor o a lo que oye decir, pues eso alimenta la literatura. Unas veces uno toma las cosas muy parecidas a como suceden en la realidad, y ahí uno es escritor realista, y otras veces uno se inspira en esas cosas para volverlas al revés, o cambiarles detalles hasta convertirlas en cuentos humorísticos o fantásticos: esto es lo que yo hago más. Macarena Millán Cruz me cuenta que su profesor, Gregorio, lee muy bien y pone una voz distinta para cada personaje. A mí me hubiera gustado oír a Gregorio leyendo un capítulo de La tremenda bruja... Pero pienso que nada es mejor que leer uno mismo los libros, porque así uno puede detenerse donde quiere, y releer muchas veces la parte que más le gusta, o pasar rápido la parte que le aburre o le da miedo, y fijarse bien en las palabras más sabrosas o detenerse a mirar de cerca los dibujos... Gracias, Macarena, por desearme que me vaya bien en La Habana (para decirlo con las palabras de la bruja Chiripa Chapuza: “¡Que te descauarijingüe un relámpago retorcío, desgracia’o!”). 
En realidad ya hace tiempo que yo no vivo en La Habana (ahora vivo en un departamento en Buenos Aires). Pero voy de vez en cuando a La Habana y pienso que la próxima vez me irá tan bien como tú deseas; porque no solo las brujas tienen el poder de convertir en realidad sus deseos; ellas solo pueden conseguir que pasen cosas malas, mientras que los niños, cuando ponen el corazón en las cosas pueden ser muy mágicos. Paula me dice que le encantan los libros de brujas, que escriba más. Son muchos los chicos que me han pedido una segunda parte de La tremenda bruja de La Habana Vieja. Pues claro que la habrá: ya estoy escribiendo una aventura en la que Florcita tiene que ir a Escocia a buscar a PCM y deberá encontrarse con muchas brujas, algunas cómicas.... y otras peligrosas. Alvaro Ruiz me pregunta si en el próximo libro PCM y Perfecto Puro Dulce Bueno se hacen amigos y viven juntos. Pues... verás... no quiero adelantar mucho de lo que pasará en ese nuevo libro, pero sí puedo decirte que se harán amigos y que Perfecto y Florcita van a vivir en el apartamentucho del último piso ruinoso del edificio achacoso de la única calle verdaderamente siniestra de La Habana Vieja... 
 Antonio Romero me pide que no me canse de escribir libros y de inventar nombres. Yo creo que no me voy a cansar nunca de escribir porque es lo que más me gusta. Lo que pasa es que a veces no es fácil y uno tiene que pensar mucho para resolver algunos problemas que se presentan en la historia o en la manera de contarla. Ya lo de inventar nombres estrambóticos me resulta mucho más fácil. Se me ocurren así, como si nada y tengo tantos que algunos ni siquiera sé en qué libro podré usarlos. 
Rafa Cota Villa me ha echado un encantamiento de refuerzo para escribir más. Debe haber funcionado bien porque esta carta ha salido larguísima... Pero voy a aprovechar su encantamiento para seguir escribiendo el libro de la bruja buena de La Habana Vieja. Así tendréis que esperar menos tiempo para leerlo. Elena Araque me hizo una poesía muy graciosa (“Naranjas, naranjas, limones limones/que tengo un escritor, que vale millones”) para agradecerme lo mucho que se divirtió leyendo sobre mis brujas. Quiero que sepan que gracias a ustedes, a sus cartas tan simpáticas y al encuentro tan agradable que tuvimos, me puse a escribir como un loco al llegar a mi casa en Buenos Aires. Así que pronto tendrán nuevos libros míos... y espero les resulten tan divertidos e interesantes como La tremenda bruja de La Habana Vieja. Para terminar, solo me queda darles muchas desgracias por sus cartas y dibujos y desear que los parta un relámpago retorcí’o... o aunque sea que se pinchen con la punta de un lápiz bien afilado. 
 CariñBrujosamente, Joel Franz Rosell

14/2/21

"SUEÑOS". Un cuento de amor

SUEÑOS 


Había una vez un hombre que soñaba. Soñaba mucho y tan intensamente que se convertía en la materia de sus sueños.


Fue así desde chiquito y sus padres se habituaron a encontrar en la cuna un conejito, un biberón o una pelota de lunares azules en lugar del niño dormido.

Cuando el hombre que soñaba se casó, lo primero que hizo fue sentarse en un borde de la cama matrimonial y decirle a su mujer: a mí me pasa esto y lo otro.

‑Bueno‑ contestó ella‑. A todo se acostumbra una cuando hay amor y confianza.


                           

Al principio les fue bien. La esposa hasta encontraba excitante despertar en medio de la noche y descubrir a su lado un enorme zapato con los cordones sueltos, un ramillete de flores relucientes de rocío o un unicornio de crines celestes.

Pero el hombre también tenía pesadillas y una noche fue despertado por los chillidos de su aterrorizada mujer.

Nunca podremos saber en qué se había convertido esa vez, pues ella a nadie lo dijo. El caso es que nuestro hombre, decidido a todo,  fue a ver a un tío suyo que era médico, mago e inventor.

‑¡Bah, bah, bah; no es para tanto!‑ le respondió‑ Mira, aquí tienes estas pildoritas: tómate una cada noche y sanseacabó.

Las píldoras eran cuadradas, transparentes como gotas de lluvia y, lo más extraordinario, llevaban dentro un hombrecito dormido. Cada vez que nuestro héroe se pusiera a soñar, el transformado sería el personajillo de la píldora.

Desde ese día, la esposa del soñador pudo descansar tranquila.

Pero un mes más tarde, el que se había enfermado de pura tristeza era él.

‑Antes, dormir era una linda aventura; ahora, me paso la noche con la cabeza en blanco, es decir, en negro: mi sueño es como un televisor apagado.

Esta vez la que se consultó con el tío médico, mago e inventor fue la mujer.

‑Prefiero morirme de susto a que él viva como un pozo seco.

El tío sonrió y le dio unas palmaditas en la espalda:

‑Todo tiene solución cuando hay confianza y amor‑ sentenció y le puso en la mano un frasco de píldoras estrelladas, transparentes, en cuyo interior giraban volutas de un vapor añil.

‑Tómate una siempre que vayas a dormir. Y dile a mi sobrino que suspenda el tratamiento que le indiqué.

Desde esa noche, el hombre volvió a soñar y a convertirse en zapato gigante, en ramo de flores, en unicornio de crines azules... y su mujer no tuvo despertares sobresaltados porque ella también soñaba: que era el pie que calzaba el zapato, el vaso que sostenía las flores, o la amazona de ojos marinos que, sin bridas ni fatiga, cabalgaba el unicornio.

(La Habana, diciembre de 1988)

 

Tomado de 

                               

Ediciones de la Torre. Madrid, 1995 y 2006.

Premio La Rosa Blanca de la Unión de Escritores de Cuba a los mejores libros infantojuveniles publicados en el año.


7/11/20

TABÚES EN LA NARRATIVA CUBANA PARA NIÑOS Y JOVENES

Texto presentado al encuentro bienal de literatura infantil y juvenil cubana, organizado por la Sección de Literatura Infantil y Juvenil de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en noviembre de 2020.

En el contexto de la COVID-19 y a fin de mantener la distanciación social el encuentro se celebra de manera vitrual.


TABÚ OR NOT TABÚ: ESE ES EL TEMA

                                                                                                                   por Joel Franz Rosell

 

Demasiado se ha citado a Mirta Aguirre cuando, en 1972, pidió que la literatura infanto-juvenil cubana no le ocultara a nuestros niños y adolescentes las “aristas duras o costados feos de la vida”. No he encontrado esta frase en el volumen que contiene lo esencial de las intervenciones del Forum sobre literatura infantil y juvenil, pero sí esta otra que me parece más completa puesto que presenta los dos aspectos, inseparables, de la cuestión: 

¿…Hemos de temer hablarles de la tristeza, de la sangre o de la muerte? O debemos los adultos, actuando como intermediarios inteligentes, afrontar todo eso, explicar todo eso y aprovechar todo eso de manera tal que lo literario pueda ser utilizado como puente para que la dura, implacable verdad histórica pueda ser asimilada por la inteligencia y la sensibilidad de los hombres del mañana.[1]

 En ese evento, que resultó de uno de los acuerdos del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, destinado a enmarcar la política cultural cubana en el marxismo-leninismo ortodoxo de la época, la misma lúcida poeta y ensayista reaccionó a la “cacería de hadas” que allí asomó su peluda oreja advirtiendo: “¿Qué es lo que tenemos que evitar? Que eso nos conduzca a una estrechez que borre toda la imaginación, toda la fantasía, todos los recursos poéticos de esa literatura que estamos llamados a crear”[2].

El destacado papel que desempeñó Mirta Aguirre en el Forum (con luminosos aliados como Eliseo Diego y Onelio Jorge Cardoso) se apoyaba en su preocupación, ya entonces con amplios antecedentes, por la existencia en Cuba de buenos y variados libros para niños y jóvenes. De ahí que en varias ocasiones destacara la necesidad de una literatura que hablara de todos los aspectos de la realidad, al tiempo que subrayó algo que los paladines de los “temas tabúes” callan interesadamente:

 …No hay que derivar de aquí que lo que se propugna es que conduzcamos a nuestros niños a moverse de manera exclusiva y constante, en un mundo literario de horror (…) Infeliz quien no crea que lo hermoso y lo tierno forman parte de la verdad de la vida…[3].

¿Acaso no deja Mirta Aguirre suficientemente claro la importancia de la adecuación del discurso a las capacidades y necesidades de los niños y adolescentes, reconociendo plenamente que la implacable verdad histórica ha de ser transformada en destellante verdad literaria y lo ha de hacer desde el conocimiento y reconocimiento de su destinatario explícito?

El investigador, editor, promotor y escritor Enrique Pérez Díaz ha expresado innúmeras veces su convicción de que la visión crítica de la familia y el ambiente escolar son los rasgos que definen y engrandecen la LIJ cubana de las últimas dos décadas y media:

Hace poco, conversando con Eudris Planche Savón, evocaba mis inicios en el mundo de la literatura cubana para niños en una época feliz donde pequeños y mayores vivían en total armonía, en el mejor de los mundos posibles y sin contradicción alguna que resolver o dilemas existenciales por enfrentar. 

En ese mundo no había adultos abusadores y llenos de prejuicios que, con la mejor de las intenciones posibles, llevaran a sus menores por el peor de los caminos. Los niños eran obedientes, siempre decían “sí”; se consideraba pecaminoso no estudiar o no entender a las excelentes maestras y escapar de casa (o del aula) si te sentías maltratado y hasta era algo impensable dudar de las verdades que esgrimían los grandes o creernos que, siendo bajos de estatura, no estuviéramos equivocados. [4]

¿Es posible aplicar esta caricatural descripción a un cuento como “Caballito blanco” (1974) de Onelio Jorge Cardoso, que es la historia de un niño enfermo y confinado, que desobedece a una tía miedosa y ridiculiza a un médico viejo, bueno y vanidosillo, y se atreve a correr el mundo que le está prohibido? El libro (homónimo) está compuesto por cuentos en que todos los personajes se rebelan contra lo que les aconsejan, contra la costumbre, contra la tradición e incluso contra el poder político, para trazar su propio camino. 


Tampoco puede ser que Pérez Díaz se refiera a Memorias de una cubanita que nació con el siglo (1964), de Renée Méndez Capote, que desde el primer párrafo deja claro el tono y los sucesos anticonvencionales de ese inigualable libro de memorias que los jóvenes cubanos supieron apropiarse:

 “Yo nací inmediatamente antes que la República. Yo en noviembre de 1901 y ella en mayo de 1902, pero desde el nacimiento nos diferenciamos: ella nació enmendada y yo nací decidida a no dejarme enmendar.”[5] 



Ya en fecha tan temprana como 1963, el premio del II Concurso La Edad de Oro (no confundir con el lanzado nueve años después) recaía en Nachito[6], de Antonio Vázquez Gallo, historia de un niño campesino huérfano, que vive con su padre y la abuela. Si ninguno de los adultos es alcohólico o violento, como parece obligado hoy, tampoco están idealizados. Al contrario: sus personalidades se definen a través de las anécdotas y son coherentes con sus modos y medios de vida, lo que los hace muy verosímiles. Tampoco el protagonista está idealizado: es ingenuo, caprichoso y avanza por el relato entre trastadas, errores y asombros. 


No menos idealizadas resultan las familias en Dora Alonso. Huérfanos de madre (dicho explícita o no) y en permanente búsqueda de trascendencia son los protagonistas de Aventuras de Guille: en busca de la gaviota negra (1966) y de El cochero azul (1974), por no hablar de Ponolani (1966), libro basado en la vida de dos generaciones de mujeres negras y pobres, que con poderosa fuerza testimonial reconstruye alguien que conoció sus destinos de cerca. 


Otro buen ejemplo de representación poco satisfecha del mundo es Niños de Viet Nam (1968), de Félix Pita Rodríguez. Este libro, tan intensamente realista que se sitúa a las puerta del periodismo, presenta sin dudas niños y adultos que luchan de manera ejemplar -pero no sin miedo y errores- contra la tremenda violencia del invasor norteamericano y sus títeres del régimen de Saigón. “Si mañana tus hijos viven en un mundo en el que sea imposible que se escriban libros como éste, enséñales que los niños vietnamitas de hoy pagaron un duro tributo para que ese mundo fuera posible”[7], dice el autor en la dedicatoria a su nieta.
 


Y ¿cómo calificar de conformista a Kike (1984), de Hilda Perera, primer libro juvenil en abordar el exilio cubano, revelando la terrible experiencia de niños que fueron exilados (solos) por sus familias, temerosas de una presunta intención del gobierno revolucionario de privarlos de su autoridad parental? En esa valiente novela, no solo los adultos les fallan gravemente a sus hijos, sino que éstos se muestran duros e incomprensivos cuando al fin llega la hora de reconstruir el vínculo filial.

 


Por su parte, Cuentos de Guane (1976), de Nersys Felipe, ¿es un mundo idóneo y sin conflictos en su abordaje sin precedentes (narrado en primera persona por un niño) de la muerte en el seno de una familia? 

Tampoco lo es Roman Elé (1978), que narra la difícil vida de un niño negro, pobre, huérfano, nieto de esclavos, en la finca donde se le hace trabajar sin escuela, y se le discrimina y maltrata…? 


ilustración de Boiry tomada de mi novela Cuba destination trésor
Hachette. Paris, 2000

Los libros que he mencionado (en su mayoría elegidos por una representativa muestra de autores y especialistas en literatura infantil como los más importantes publicados antes de 1987), contienen conflictos humanos y personajes negativos. ¿Acaso no cuentan a los ojos de los “tabuístas” porque las contradicciones de clase predominan sobre las contradicciones internas? En realidad en los libros de los primeros 30 años de la LIJ cubana moderna hay a menudo conflictos más sólidos (y basados en situaciones reales muy concretas) que en muchos de esos libros que hoy se pondera porque dejan ver la estructura carcomida de la familia o la escuela… incluso si el edificio narrativo en cuestión se desploma porque pesan más las ideas, intenciones y mensajes que la trama y la coherencia de los personajes. 

No pretendo negar el hecho indudable de que entre 1959 y 1989 las editoriales cubanas publicaron un elevado número de textos promotores del modelo de comportamiento y justicia social enarbolados por la Revolución. Pero resulta de una simplificación inaceptable concluir que TODA o incluso una ABRUMADORA MAYORÍA de esa producción estaba sometida a tan limitados objetivos y falta de ambición estética. 

Ciertamente (en los 60 y 70, sobre todo) domina la LIJ cubana (y también en no poca literatura extranjera, de países socialistas o capitalistas) la vieja idea de que los libros para chicos deben ser globalmente ejemplarizantes y tranquilizadores, y constituir un nido de paz en el que los chicos puedan acumular fuerzas antes de lanzarse a la dura realidad de la vida. Pero de ahí a menospreciar a las generaciones que debieron cumplir la hazaña de crear, casi desde la nada, la literatura cubana para chicos de la que somos herederos (en la que aprendimos a leer y a escribir) me parece tan inverosímil como ingrato. 

ilustración de Ares, tomada de Hermanas de intercambio, de Eudris Planche
Gente Nueva. La Habana, 2016


En realidad, lo que ocurre en la literatura cubana, como reflejo del cambio ideológico, económico, social y político de las últimas tres décadas es un cambio de paradigma. Pasamos de ver como enemigos del progreso social al capitalismo, el imperialismo y las “lacras del pasado” (un enemigo exterior), a detectar como enemigos a las contradicciones e inconsecuencias del propio modelo (un enemigo interno). De ahí que la literatura cubana (tanto la infantojuvenil como la destinada a adultos) pasara de un período “épico” en que nuestra sociedad hacía frente común a su enemigo externo, a un período “patético” en que Cuba se analiza a sí misma y denuncia sus males internos. 

Concluir que la LIJ actual es mejor que la de las anteriores décadas por el simple hecho de que cambie de paradigma social y refleje con más realismo la familia, la escuela y algunos otros estamentos sociales, equivale a revestir un avatar del viejo didactismo y mantener la visión pragmática y utilitarista que reduce la calidad literaria a su capacidad de reflejar la realidad objetiva, en vez de asumir que buena literatura es la que crea una consistente verdad estética. 

Una lectura atenta de los libros más representativos del período 1959-1989 nos permite descubrir que la familia, la escuela y la sociedad cubanas no fueron siempre representadas en términos tan estereotipados como pretenden quienes, visiblemente, no se han tomado el trabajo de releer. En aquellos 30 años se llevó a cabo un largo y complejo proceso de creación que incluyó, por supuesto, numerosos fiascos; pero no en mayor medida que la literatura actual. No hay generación superior a otra, sino generaciones distintas, con objetivos que corresponden a su tiempo. Es dentro de cada generación y dentro de la obra de cada autor, que se puede atisbar una mayor o menor originalidad, pertinencia y rigor. 

En todo caso, el deseo o necesidad de hacer una literatura que refleje de manera más realista –o crítica– nuestra realidad, tampoco surgió de la nada. Algunos autores que posteriormente desarrollarían lo que se ha dado en llamar “temas tabúes” publicaron, a fines de los ochentas, relatos con personajes anti modélicos, en particular brujas buenas o alternativas, que marcaron la transición de uno a otro paradigma. 

Las entrevistas incluidas en el volumen El fuego sagrado (2006) reflejan una obsesión ética que resulta en realidad bastante problemática: “Un autor de LIJ ha de ser una persona sin vicios, cumplidor de sus deberes, ejemplo dentro de la sociedad en que vive. Para enfrentarse a lo mal hecho que critica en sus obras, tiene que actuar consecuentemente”[8]. Si la primera frase de Celima Bernal exige de la condición de escritor una perfección moral no solamente inalcanzable sino desmentida por la historia de la literatura universal; la segunda presupone que la Misión de la literatura es criticar y mejorar la sociedad… lo que tampoco responde a la concepción y práctica generales (en Cuba y en el resto del mundo occidental, hoy y en otras épocas). No muy diferente es la posición de Pablo René Estévez cuando define al autor ideal como: “un ente con profundas convicciones éticas y estéticas, portador de altos valores humanos y orgánicamente insertados en su realidad social”[9]. 

La literatura, como toda actividad artística, suele tener entre sus grandes motivaciones la compresión del ser humano, pero convertirla en instrumento de reforma moral nos devuelve a los tan criticados tiempos en que la LIJ cubana se fijaba el objetivo de “formar y desarrollar en nuestros niños y jóvenes una personalidad integral y cabal, como debe corresponder a los futuros comunistas”[10].

 

NOTAS

[1]VARIOS: Primer fórum sobre literatura infantil y juvenil. Boletín para las bibliotecas escolares. La Habana, marzo-junio de 1973, Año III, nro. 2-3, p. 173

[2] Op.Cit., p.147

[3] Idem, p. 174

[4] PÉREZ DÍAZ, Enrique. http://www.caimanbarbudo.cu/literatura/resena-de-libros/2017/10/las-ninas-sus-abuelas-y-los-libros-para-ninos-que-quizas-no-entiendan-las-abuelas/

[5] MÉNDEZ CAPOTE, Renée: Memorias de una cubanita que nació con el siglo. Ediciones Unión, La Habana, 1976; p. 9

[6] VÁZQUEZ GALLO, Antonio: Nachito. Editora Juvenil. La Habna, 1965

[7] PITA RODRÍGUEZ, Félix: Niños de Viet Nam. Gente Nueva. La Habana, 1968; p. 5

[8] BERNAL, Celima. In: Pérez Díaz, Enrique: El fuego sagrado. Los escritores cubanos para niños se confiesan. Editorial El Mar y la Montaña. Guantánamo, 2006, p. 18

[9] ESTÉVEZ, Pablo René. In: Pérez Díaz, Enrique (2006), p. 80

[10] ROMERO, Cira y COFIÑO, Manuel: Primer fórum sobre literatura infantil y juvenil. Op.Cit., p.147


la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).