16/9/26

LITERATURA INFANTIL: Contradefensa y paradoja

 

CONTRADEFENSA DE LA LITERATURA


INFANTIL (SINECDOQUE Y PARADOJA)

 

Los he perdido. Desde el título mismo he perdido al 95% de los lectores habituales de esta revista. A pesar de las ínfulas eruditas de mi título es evidente que no he podido engañarlos porque, vamos a ver, ¿quién va a creer que puede hablarse de manera seria y trascendente de asunto tan ligero como la literatura infantil?

¡Por supuesto que el lector sensato sabe lo que es la literatura infantil! ¿Acaso no leyó libritos ilustrados y novelitas de aventuras en su infancia? ¿Y qué adulto no ha tenido que leerle al hijo, sobrino o nieto un cuento (con muchos dibujos, corto y que termine bien, para que se duerma rápido)? ¿Quién no ha tenido en las manos Había una vez? ¿Quién ignora la existencia de obras respetables como El principito o La Edad de Oro?

Pero es que, al margen de algunas excepciones, ¡hasta la denominación misma resulta risible! LITERATURA INFANTIL. Es algo así como casar a La Chica de Tus Sueños con el Bobo del Pueblo.



El lector sensato no quiere ofender a nadie. Admite que hablar de literatura infantil sea importante para maestros, bibliotecarios otros profesionales consagrados a la infancia, pero eso es tema de publicaciones especializadas y no de medios ambiciosos como éste, destinado a trascender entre el Gran Público.

Si el que suscribe estas líneas conoce verdaderamente los densos vocablos de su título, considerará el sensato lector medio, bien hará en intentarlo de nuevo hablando de poesía (incluso si nadie la lee), novelas y ensayo; de historia, economía y demás graves cuestiones en torno al individuo y la sociedad que dejan sin protección capilar a las más sesudas autoridades intelectuales de nuestra época. 

Pues bien, y aún a riesgo de perder el 5% de lectores que podrían ser mis cómplices (lo que es un mal cálculo porque los otros 95% no llegarán hasta esta línea), debo decir que las objeciones precedentes, que no he imaginado, sino simplemente transportado, no carecen totalmente de justificación.

Es cierto que en las librerías, escuelas y ferias del libro de todo el mundo desembarcan cada año miles de títulos absolutamente abominables, decididamente banales, francamente prescindibles o apenas tolerables.

Dicho sea de paso, el porcentaje de subproductos no es más elevado en la actividad editorial para niños que en su equivalente para mayores; pero de la misma manera que después de los 18 años no consumimos vitaminas para el crecimiento ni dentífrico reforzado con flúor, es perfectamente comprensible que el adulto común se desinterese de una producción donde se mezclan juegos de mesa (y ahora también electrónicos), cuadernos de aprendizaje con trucos más o menos lúdicos, historieta gráfica, novelitas con finales alternativos o valores transversales, rimas bastante de ocasión, cuentos folclóricos, etc.




Sin embargo, dentro de esta masa enorme, cuya utilidad no es discutible, pero sí limitada a un público determinado en un momento determinado y para una necesidad determinada (y por tanto sin dimensión estética), existen cuentos y novelas, así como una cantidad menor de poemarios y piezas teatrales que no pueden ser considerados otra cosa que Literatura. Esa producción, de cuidadas esencia y factura no tiene por qué interesar al lector adulto pues su misión es convertir en imágenes literarias las preocupaciones e intereses de los chicos; intereses, preocupaciones y representación estética que ya habrían sido consumadas por sus mayores.

El problema es que demasiado a menudo se pasa por alto que no toda la literatura infantil es literatura para niños (solamente) y que entre sus difusas fronteras se encuentran decenas de obras que merecen e incluso prestigian todas las mayúsculas de Las Bellas Letras.

Díganme, sinceramente, ¿qué sería de la civilización occidental si escritores que prácticamente no se encuentran fuera de las colecciones infantiles como Lewis Carroll, Hans Christian Andersen, Julio Verne, Robert Louis Stevenson y un larguísimo etcétera, no hubieran inventado mitos tales como Alicia, su conejo y su espejo, la Sirenita y el Emperador vestido de nada, el misterioso Capitán Nemo o Jim Hawkins, el cojo Silver y cierta Isla del Tesoro...? Eso sin mencionar invenciones sin las cuales los psicoanalistas andarían en taparrabos como La Bella Durmiente y su beso, Blancanieves y sus enanos, Scherezada y su cuento interminable, Cenicienta y su zapato, Peter Pan y el rechazo a crecer, la nariz mitosensible de Pinocho...

No temo me argumenten que Perrault, los hermanos Grimm y compañía sacaron algunas de esas maravillas simbólicas del acervo popular, porque me bastaría replicar que con su «plagio» le salvaron estos escritores la vida al tal Acervo, dándole la forma literaria que vuelven a quitarle ahora, sin ninguna consideración, las adaptaciones comerciales (que además de no abonar derechos de autor tampoco pagan por su crimen de lesa literatura).

También sacaré a cuento a inmortales como Robinson, Gulliver, D'Artagnan o Bilbo el Hobbit... sin que me arredre el hecho de no haber sido concebidos para chicos, puesto que esos personajes, precisamente, demuestran que este campo de la creación literaria no tiene fronteras, y esa es una de las piedras angulares de mi defensa.



(Ya lo decía el sensato lector al principio: no podía ser que el autor de este panfleto no estuviera de parte de la minoría y la paradoja).

La literatura infantil no está definida ‑como tanto se ha dicho‑ por los temas y tratamiento apropiados a la comprensión de su peculiar destinatario. No la definen el bagaje intelectual y vital inherente a la infancia, sino la estetización de la forma peculiar que tienen los más jóvenes de apropiarse y relatar el universo.

Los niños no son adultos en miniatura ni esbozos de adultos; son seres distintos, con otra perspectiva de las cosas, con un carácter inevitablemente dialéctico debido a que están aprendiendo el lenguaje, construyendo su personalidad y estructurando su noción del universo según las leyes de la física, el tiempo y la cultura de su grupo. Los niños son seres capaces de una maleabilidad y de un nivel de absorción de conocimientos que raros adultos consiguen conservar. Por todo eso la literatura infantil no está «limitada» al chico, sino abierta gracias al hecho de tenerlo precisamente a él como destinatario.

Y no olvidemos que el público infantil está abierto horizontalmente, porque no existen dos niños idénticos, y verticalmente; porque los niños crecen y cuando los libros que les damos son realmente buenos van a acompañarlos toda la vida, incorporándose a la experiencia estética y al arsenal afectivo del Hombre o Mujer que serán durante los 60 ó 70 años de su restante existencia (a menudo demasiado uncida al arado de la sobrevivencia para adquirir nuevos sueños y convicciones).

Lo específico de la literatura infantil, insisto, no es alimentar al niño con una versión del mundo a su nivel. Lo que la caracteriza es haber convertido en rasgo estilístico la forma singularmente creativa que tienen los chicos de mirar, relacionarse con el mundo y expresarlo. Todo esto interpretado, contado y organizado por un adulto especializado en estéticos trajines con el lenguaje. Un adulto que, si es un auténtico creador, no vacilará en singularizar su discurso volcando en él su propia vida ‑de sus ilusiones a sus experiencias y terrores‑ para configurar una obra única y personal para nada inferior a la que se escribe para adultos, pero que, estilísticamente, será reconocible como parte del universo estético infantil.


MORALEJA (como las que ya no se usan)

La literatura infantil tiene, además de los recursos que comparte con la literatura para adultos, riquezas propias; y sin ella, la representación estética del hombre y su mundo quedaría severamente mutilada, y ninguno de nosotros sería el mismo.

 

Joel Franz Rosell


Originalmente publicado como “Sinécdoque, paradoja y contradefensa de la literatura infantil”. El Gallo Ilustrado. México, 23 de enero de 2000.

 

7/9/26

CONVERSACIÓN CON UN AUTOR CUBANO

Conversación con un autor cubano 



El escritor e investigador cubano Yunier Riquenes me entrevista desde México, donde reside actualmente, para conversar sobre mi trayectoria literaria, mi trabajo como ilustrador, mis libros, literatura infantil y literatura cubana. Un privilegio y una ocasión de encontrar nuevos lectores y reencontrarme con los anteriores.
(para escuchar la entrevista, haga clic en el título)


Apasionado lector desde chiquito
(hacia 1964 con mi hermano Rubén, mi hermana Eunice,
mi madre, mi abuela y un tío en Sancti Spiritus)


mi primera novela la escribí en un cuaderno escolar que forré
con un dibujo inspirado por la película francesa La guerra de los botones


mi primera publicación no fue un texto (cuento o crítica literaria) 
sino este dibujo en el semanario humorístico Melaíto.
Santa Clara, Cuba, marzo de 1974


soy un gran amigo y colaborador de la biblioteca Martí, de Santa Clara
donde me ocupé del taller literario infantil y de su boletín Meñique (el dibujo 
y letraje los hice en 1976) y fueron utilizados durante unos 20 años


en el boletín de la Universidad Central de Las Villas
publiqué mi primera reseña de libro y alguno de mis primeros cuentos
a mediados de los años 70


durante muchos años escribí a mano y el proceso de corrección era laborioso


un verdadero escritor tiene que desechar una gran parte de lo que escribe

con la máquina de escribir en la que fue mecanografiado
el primer manuscrito que envié a premio en 1977




tapa, contratapa y página de títulos del manuscrito que presenté
al premio de la Unión de Escritores de Cuba en 1977. 
Como se ve siempre tuve mi visión sobre ilustración y diseño




mi primera novela publicada, El secreto del colmillo colgante
(Gente Nueva. La Habana, 1983)


nueva versión, en ocasión del 30 aniversario,
con cambios que justifican el nuevo título de 
El secreto del colmillo dorado (Hilman/Libros&Libros. Bogotá, 2013)



adaptada al formato historieta (Verde Olivo. La Habana, 1987
mi propuesta sufrió de los estereotipos étnicos y políticos de la época


ALGUNAS CERCANÍAS LITERARIAS 


Hans Christian Andersen es uno de mis escritores preferidos
Aquí junto a la estatua de Andersen en Copenhague, 1991

ante la tumba de Erich Kaestner en Munich (2005)


con mis colegas y compatriotas Félix Luis 
Viera y Luis Cabrera Delgado en Santa Clara, Cuba, 1993

con el escritor cubano Albertico Yáñez en Río de Janeiro, 1990

con la escritora Nersys Felipe en La Habana, 2015

con las escritoras brasileñas Ana María Machado y Lygia Bojunga Nunes
en sendos congresos de la Organización internacional del libro infantil y juvenil

en el escritorio de Alejandro Dumas
Castillo de Montecristo, afueras de París, 1995


con la estatua de Julio Verne niño en Nantes, Francia, 2011

con mis compatriotas Leonardo Padura y Karla Suárez
en el Festival América. Vincennes, Francia, 2010


SOBRE ALGUNOS DE MIS LIBROS 



 las dos versiones (Moderna, Sao Paulo, 1991) y Ediciones de la Torre
Madrid, 1995) del primero de los libros donde utilicé mi estilo más personal: la 
"fantasía comprometida"

mi mejor libro de misterio

uno de mis cuentos preferidos, me introdujo
en el prestigioso catálogo de Kalandraka
y me introdujo por segunda vez en la selección The White Ravens 
de Mejores libros infantiles del mundo (Biblioteca Internacional
de la Juventud. Munich, 2007)

Quizás mi mejor libro, La leyenda de Taita Osono
fue estrenado en francés en 2004 y desde 2006 está en catálogo
del Fondo de Cultura Económica. Posee también versiones en Brasil, Argentina y Cuba, 
que le otorgó el Premio La Rosa Blanca a los mejores libros infantiles y juveniles del año.


primero de la serie Gatito, este es mi libro más traducido
con 10 versiones que incluyen el inglés, el coreano y el chino


Desde su primera versión, Las aventuras de Rosa de los Vientos y Perico el de los Palotes (1996)
a la más reciente Los aventureros de la Cometa. Panamericana, Bogotá, 2020)
esta "novela en ocho cuentos y medio" es uno de mis títulos más versionados.
Reconocido como uno de los mejores libros infantiles publicados en el mundo
por la Biblioteca Internacional de la Juventud (Munich)


Mi tesoro te espera en Cuba comenzó su camino en francés
 (Paris, 2000), recibiendo el Premio de la Ville de Cherbourg al año siguiente.
Cuenta tres versiones en castellano: Buenos Aires (2002), 
Zaragoza (2008) y la actual (Verbum. Madrid, 2023) que cuenta
con mis propias ilustraciones.
de mis libros recientes, uno de los que prefiero es
esta fábula política de ambiente latinoamericano y mucho humor
Edebé. Barcelona, 2020


Tito y el misterioso Amicus es mi libro mexicano más exitoso.
Es una novela que combina fantasía y realidad y se basa en un secreto de familia
que embrujó toda mi infancia y adolescencia.
Apareció por primera vez en Cuba, en un volumen que incluye otra
aventura de Tito: un niño con mucha imaginación y una enigmática abuela.

por esos caprichos de la vida editorial, mi best-seller francés 
ha sido traducido al inglés, el japonés, el chino y el coreano
... pero sigue inédito en español.

CON MIS LECTORES POR EL MUNDO


Biblioteca Martí. Santa Clara, 1993

Biblioteca Martí, 2013


Campos de Goytacazes, Brasil, 1991


Escuela García Lorca. París, 1998


Buenos Aires, 2001

Lycée français. Munich, 2005


Maripasoula. Guayana Francesa, 2005


colegio Cristo Rey, Medellín, 2014


Feria Internacional del libro de Tesalónica. 
Grecia, 2008


Congreso de Lengua y Literatura Hispanoamericanas
Bogotá, 2013


Feria internacional del libro de Panamá, 2012

festival Tempo Latina de Vic-en-Fezenzac, Francia, 2013

durante un taller en el Festival de la Palabra.
San Juan, Puerto Rico, 2013



I Juego Literario de Barcelona, 2014

festival Voix Vives. Sète, Francia, 2023



UN VIEJO ESCRITOR Y UN JOVEN ILUSTRADOR


Aunque siempre hice mis garabatos e incluso mi primera publicación fue un dibujo humorístico, durante décadas, creí que los dibujos eran solo un entretenimiento o una manera de esclarecerme paisajes, personajes o situaciones narrativas que se me resistían. Debí darme cuenta de que no era solo así mucho antes de asumir las ilustraciones de mi primer libro vasco (2006), puesto que varios de mis primeros manuscritos los acompañé de dibujos... que decían cosas que no estaban en el texto.


De hecho, las primeras historias que puse en papel carecían de texto y las narraban los dibujos. No recuerdo ninguna de aquellas historias, pero el protagonista era un superhéroe que me inventé poniéndole cabeza y extremidades a una D mayúscula.
Así era, según más o menos lo recuerdo, SUPER PECHO:

 
Yo tenía entonces unos diez años
Mucho habría de llover hasta que puse como colofón de mi libro vasco 
al dinosaurio que aquí ven:
  

Siguen dos dibujos de ese primer libro como ilustrador:
Hontzak kontatu zidan. Desclée. Bilbao, 2006
(edición en euskera). 
El primer concepto lo abandoné por el segundo, que finalmente resultó publicado...
aunque en blanco y negro, con baja resolución y sobre un lamentable papel:




uno de mis primeros dibujos publicados
en Francia (La chanson du château de sable
Ibis Rouge. Matoury, 2007)


literatura y humor gráfico


este es uno de esos dibujitos que me ayudan a imaginar
las escena que escribo; realizado a veces
en las páginas de un manuscrito

En algunos casos, esos dibujos pasaron a un cuaderno de croquis


y terminaron por aparecer en páginas impresas


Los tres ejemplos anteriores corresponden a mi novela
Mi tesoro te espera en Cuba



del primer libro que ilustré para Colombia: Había una vez un espantapájaros
Hillman/Libros&libros. Bogotá, 2015


pésimamente impresas, las ilustraciones de El camino del monte (Gente Nueva.
La Habana, 2017) debieron esperar a la versión francesa Le chemin de la forêt.
La Lucarne des Ecrivains. París, 2023) para parecerse a los originales.


mis ilustraciones para La leyenda de taita Osongo, versión francesa
(Orphie. Saint-Denis, 2017) reelaboradas a partir de las de la edición
cubana (Capiro. Santa Clara, 2009) y de un estudio de la obra de Wifredo Lam
a la que rindo homenaje visible en la ilustración de tapa:


ilustración de tapa para la edición francesa de 2017 de
La leyenda de Taita Osongo
inspirada en el cuadro La Jungla, de Wifredo Lam


































LITERATURA INFANTIL: Contradefensa y paradoja

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