LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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el secreto del colmillo dorado, novela detectivesca



Ficha Técnica
Título: El secreto del colmillo dorado
Editorial: Hillman Publicaciones - Literatura Libro y Libros
ISBN: 9789587243291
Código de barras: 9789587243291
Código contable: 410726


                                              Color de páginas: Blanco y negro

                                              Formato: 20 cm x 13 cm x 1 cm

                                               N° de páginas: 190

                                                      Encuadernación: Rústica


Robin se pasa la vida soñando con tesoros y piratas, pero la aventura en la que se mete por culpa del colmillo dorado es algo completamente diferente. ¿Quién iba a imaginar la tremenda conspiración y los millones de dólares que giran en torno a esa joya barata y en apariencia inocente? Sus enemigos no llevan un garfio en el brazo ni un parche en el ojo, pero son igual de astutos y peligrosos.



Por suerte, Robín no está solo: él y su genial cotorra pertenecen a la pandilla de Los Exploradores Incógnitos. Es verdad que cometen algunas imprudencias, pero reciben la muy oportuna ayuda de dos de los mejores policías del país... 

La aventura, la acción y el misterio corren hasta la última página, pero... ¿librará todos sus secretos el colmillo dorado?

fragmento del capítulo 6 "Sólido, líquido o gaseoso"

Junto a la palmera más próxima, una pareja de pálidos turistas nórdicos yacía sobre sendas toallas con el logo del hotel. Los acompañaban dos individuos que llamaron la atención de Yauri: uno, bajo y corpulento, mostraba discretamente a los turistas una especie de botella de cerámica, mientras el otro, esbelto y con varios collares de cuentas sobre el pecho, les hablaba en inglés.
Cuando Héctor vino a proponer su traje de baño a quien quisiera darse un chapuzón, Robin fue el primero en aceptar, pero Yauri lo retuvo.
—Deja que vaya Migue y traduce lo que está diciendo aquel tipo.
—¿Cuál? ¿El sólido o el líquido?
Todos entendieron que "el Sólido" era el moreno corpulento y que "el Líquido" era el pálido flaco con el pelo decolorado.
—En la escuela también nos enseñaron el estado gaseoso —recordó Migue antes dejar sus gafas en la frente de Dina y correr hacia el mar—... pero los gases no se ven.
Los demás guardaron silencio mientas Robin aguzaba el oído.
—Dice el Líquido que la botella es del siglo XVIII y que la venden en cincuenta dólares.
—Ya me parecía a mí que esos no se traían nada bueno —comentó Yauri—. Sepan que eso es una estafa o un intento de contrabando. Un objeto del siglo XVIII es una antigüedad y vale mucho dinero. Y de todos modos, el comercio de antigüedades está estrictamente reglamentado por el ministerio de cultura, que se encarga de proteger nuestro patrimonio artístico e histórico. Así que, o esos tipos tratan de engañar a los turistas con una falsificación o le están robando una verdadera antigüedad al país.
Héctor se incorporó, cerrando los puños.
—¡Pues no van a salirse con la suya!
Pero Dina le tiró del tobillo, haciéndole caer a la arena:
—Debemos utilizar la astucia, no la fuerza.
—Estoy de acuerdo con Dina —dijo Yauri.
—Y yo tengo un plan —añadió Robin.
—Desembucha —mandó el jefe.
Un momento después, el pelirrojo estaba disfrazado de extranjero: Yauri le había prestado sus sandalias artesanales y Héctor su camiseta adornada con el toro rojo de los Chicago Bulls, Dina le había hecho varias trencitas, adornándolas con los elásticos que sacó de su propia “cola de caballo”.
Cuando llegó junto a los cuatro adultos, el Líquido estaba diciendo que a los turistas europeos la aduana nunca les revisaba el equipaje. Y añadió, jugueteando nerviosamente con sus collares, que una “pieza” como aquella costaría diez veces más en el extranjero.
Los turistas comenzaron a discutir en una lengua que solo ellos entendían y Robin aprovechó para poner en práctica su plan.
How much do you want for that? —preguntó en el perfecto inglés que aprendiera con su abuelo.
Los cuatro adultos le miraron sorprendidos.
—Pregunta cuánto queremos —tradujo el Líquido a su compinche.
Sixty dólares —respondió el Sólido, aumentando el precio al instante.
Sin mostrar el menor titubeo, Robin se puso en pie.
Okay, I take it. Come with me.
—¡Acepta! —tradujo el Líquido—. Dice que vayamos con él.
Robin había hablado con tal aplomo que no solo los dos elementos, sino hasta los turistas nórdicos creyeron hallarse ante el consentido hijo de algún ricachón.
—Deben ser de los que vienen en yate —especuló el Sólido—. Ofrécele también el candelabro y la pistola.
—No me parece una buena idea —respondió el Líquido.
—¡Sería un negocio redondo! —insistió el Sólido.
—Sí, pero sería mucho dinero y si nos piden una rebaja por las tres cosas, acabaremos perdiendo.
Los delincuentes hablaban en voz baja aunque pensaban que Robin no hablaba español. Sin embargo, el muchacho no solo entendía el idioma, sino que tenía un excelente oído.
"¡Qué susto van a llevarse cuando me oigan decirle a los del hotel, que estos dos quieren venderme un pedazo de patrimonio!".
Sin embargo, cuando se disponían a cruzar el umbral, una furgoneta pitó de manera peculiar y los dos elementos dejaron plantado a Robin. Sin siquiera intercambiar unas palabras con el chofer, subieron al vehículo, que se puso inmediatamente en marcha.
En el último momento, el Líquido asomó la cabeza por la ventanilla y gritó:
See you tomorrow!
Los otros miembros de la pandilla se reunieron inmediatamente con Robin.
—¡Qué rabia! —comentó Dina—. ¡Ya casi los teníamos!
—¿Ven que sí que había un Gaseoso? —comentó Migue—. El chofer que salió de la nada.
—¡Esta vez sí tenemos el número de la matrícula! —informó Yauri, satisfecha—. Vamos a avisarle al capitán Ulloa para que los sorprenda con la botella encima.
—¿Y por qué no esperamos? —propuso Robin—. Tienen más cosas: hablaron de un candelabro y no sé qué más.
—Pero no estamos seguros de encontrarnos de nuevo con ellos...
—¡Pues mira que sí! —explicó el pelirrojo—. Lo que gritó el Líquido cuando la furgoneta ya se iba fue: "¡Mañana nos vemos!".
Héctor se frotó las manos, satisfecho:

—¡Pues aquí los estaremos esperando! Que no se diga que los Exploradores Incógnitos no saben respetar una "cita de negocios". 


Para colmar la curiosidad y comprar fácilmente este libro:





El secreto del colmillo colgante (Gente Nueva, La Habana, 1983)fue la versión original de la novela que ahora vuelve sin muchos defectos juveniles
y condiconantes de época, Fue mi primer libro publicado,



Proyecto de tapa que propuse en 1981 a la editorial, pero no fue ni de lejos considerado por Enrique Martínez Blanco, el diseñador de la primnera versión

La primera versión de El secreto del colmillo... era mucho más larga y engorrosa, y estaba dividida en dos partes. Me ayudaron a darle una forma más ágil y eficaz los niños del taller literario de la Biblioteca "Martí" de Santa Clara, que yo coordinaba por esa época junto a Clara de la Torre, su fundadora.
En agradecimiento, deposité este ejemplar en la Sala Juvenil de dicha biblioteca.




Por entonces yo soñaba con ilustrar yo mismo mis libros. Esa posibilidad no se me daría hasta 2005. Pero no fue hasta 2011 que apareció un primer libro cubano ilustrado por mí (La leyenda de Taita Osongo. Ediciones Capiro. Santa Clara). 

Yo había planificado toda una serie. Tenía detalladas las tramas e incluso imaginadas
las tapas de la serie editorial.
No fue hasta 2012 que comencé a publiar los libros de mi primera serie de autor,
Gatito, que edita Kalandraka en por lo menos cinco lenguas, pero que no me tiene por ilustrador
y que se dirige a niños de 3-5 añitos.

Desde el momento de su aparición en 1983, "El secreto del colmillo colgante" gozó de una gran acogida por el público y por una parte de la crítica.


A la semana siguiente mi novela había desaparecido de la lista, increíblemente sustituida por una obra de teatro de autor soviético titulada "Ivan el Terrible"


una de las primeras notas publicadas sobre "El secreto del colmillo colgante"
Periódico Vanguardia. Santa Clara, 1683
Las lecturas de la primera versión podían ser sumamente ideológicas
e insistir en uno de los rasgos que más me propuse evacuar para la actual versión
que espero tenga, gracias a ello, mayor trascendencia literaria

un poco de historia

Dibujo de tapa de la primera novela de aventuras que escribí apenas cumplidos 13 años.
Inspirada por la película francesa La Guerra de los Botones, esta novelita que titulé
"Acción en el arenal" ya presentaba a la misma pandilla de chicos que, con algunos cambios
protagoniza las dos versiones de "El secreto del colmillo..." 



en la Biblioteca Provincial "Martí" de Santa Clara en 1993
en compañía de Maritza Jaime, entonces directora de la sala juvenil
con el ejemplar mecanografiado e ilustrado por mí de la primera versión,
titulada "El enigma de los colmillos colgantes"



Escribí a mano (durante años con lápiz y luego con bolígrafo), en cuadernos de escuela

Aprendí a mecanografiar hacia 1977, pero solo empecé a escribir directamente en máquina cuando me compré en 1992, mi primera computadora. De mis primeros 25 años de práctica literaria conservo numerosos testimonios.
yo suelo utilizar dibujos para a continuación describir la escena mejor
Esta situación de la versión original fue suprimida de las versiones publicadas








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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).