LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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23/10/17

Ocho respuestas a mis lectores bolivianos



Recientemente, un grupo de chicos bolivianos leyeron mi cuento "¡Socorro, se hunde la casa!" en la Biblioteca Thuruchapitas de Cochabamba, Bolivia, que dirige la escritora Gaby Vallejo Canedo. Los chicos me comentaron lo mucho que les había gustado el cuento y me formularon unas preguntas que a continuación respondo.


¿Cómo se inspiró para crearlo?

Ese cuento lo escribí cuando vivía en Copenhague, la capital de Dinamarca. La idea me surgió al leer un libro del ilustrador danés Ib Spang Olsen, que me gusta mucho, basado en una ronda tradicional sobre “el niño de la Luna”. El protagonista de este libro se cae de la Luna y en el libro lo vemos pasar por una nube, la copa de un alto árbol, la chimenea de una casa, los dos pisos de la casa, la tienda que está en los bajos, el canal delante del cual está la casa… hasta llegar al fondo donde encuentra un espejo que le llevará de regalo a la Luna. Esto me dio la idea de hacer cuento también vertical, pero donde quien se cae es la casa y no una de las personas que en ella vive.
La imaginación de los escritores tiene muchos caminos y por cada uno de ellos andan ideas diferentes, que no se conocen, y que un día se encuentran y se unen para formar una historia… y fue por uno de esos caminos que venía andando la idea de contar las reacciones diferentes de personas diferentes frente a un mismo hecho.





¿Era usted el escritor que vivía en el desván?

El edificio donde yo vivía en Copenhague era un edificio de cinco pisos y un desván, situado en la esquina y con el número 17; todo como en mi cuento. Casi todas las viejas casas de Dinamarca son de ladrillos, pero los de mi edificio no se veían, pues los muros estaban cubiertos de argamasa y pintura gris; la que sí dejaba ver sus bonitos ladrillos rojos era la casa de enfrente, la que yo veía todos los días por mis ventanas. Pero me tomé una “licencia poética”, que es el permiso que tenemos los escritores de apartarnos un poquito de la realidad, para que esta se vea mejor. 
En el  desván de la casa situada en Odensegade #17 vivíamos mi esposa de la época y yo. De modo que sí, yo soy ese escritor de mi cuento.

                                

Por cierto, Odensegade significa “calle de Odense”, y Odense es la ciudad natal de Hans Christian Andersen, el llamado “príncipe de los cuentos”, de quien ciertamente ustedes conocen “La Sirenita”, “La Reina de las Nieves”, “El soldadito de plomo” y otros muy famosos cuentos. Yo admiro mucho a Andersen y quería escribir un cuento danés para rendirle homenaje. Ese cuento es “¡Socorro, se hunde la casa!” que tiene algo de la manera de escribir de Andersen.


Me llamó la atención que la gente no se percate y se interese en el desastre del hundimiento de la casa. ¿Por qué?

A los escritores a veces nos preguntan cosas que no tienen nada que ver con nuestras obras. Como trabajamos con los pensamientos y las palabras, nuestros lectores y los periodistas creen a veces que somos sabios, y por eso nos piden nuestra opinión sobre asuntos de política, economía, etc. Yo no me creo sabio y digo en mi cuento que los escritores solo sabemos escribir, y a veces preferimos escribir a hacer otras cosas, incluso urgentes e importantes. Pero en fin de cuentas, lo que hace el escritor de mi cuento es menos egoísta y tonto que lo que hacen el “ciudadano medio”, el político, el abogado o la señorona.
Un escritor que solo se interese en la literatura (en su técnica, en su estilo, en otros escritores…) sería un mal escritor por bien que redacte. Un escritor escribe sobre la vida, sobre el mundo (el real y el imaginario… que es una forma soñada de la realidad). Por eso los distintos personajes de mi cuento solo miran el hundimiento de la casa desde sus muy personales intereses o desde su oficio, sin ver más allá: el peligro que significa para sus vidas y para los demás, el hundimiento de su casa.


Es algo que sucede hoy en el mundo: hay políticos, hombres y mujeres de negocios, gente rica y poderosa que no ve más allá de sus narices, que no piensan nada más que en sí mismos, y que no ven que el mundo se está hundiendo bajo sus pies… a veces en gran parte por el peso de su propio egoísmo. Y resulta que personas que no poseen gran cosa –como el pobre escritor de mi cuento- son las que se percatan del mal y tratan de resolverlo… aunque sea lanzando un grito de alerta, que es lo que mejor saben hacer.

¿Cuántos viajes hizo en su vida?

Yo he viajado mucho; tanto que he perdido la cuenta. He viajado en avión, en barco, en tren, en bus, en coche de caballos, en bicicleta y andando. eE Viajé por toda Cuba, y luego empecé a viajar al extranjero: Ecuador, Italia, Suecia, Noruega, España, Suiza, la Guayana Francesa, Chile, Alemania, Austria, Grecia, Panamá, Colombia y Puerto Rico están entre los países que he visitado. Pero también, desde que dejé Cuba en 1989, he vivido algunos años en países como Brasil, Dinamarca, Argentina y Francia.


ante el volcán El Teide
en Nueva York
Skikampen, Noruega

En Tierra del Fuego


Vivir en un país es la mejor manera de viajar, porque uno conoce más personas y porque las ve a ellas y se ve a sí mismo en momentos distintos, y así comprende mejor. Fue en Dinamarca que yo descubrí la cuatro estaciones, por ejemplo. Hasta entonces, en Cuba y en Brasil, yo solo conocía una especie de eterno verano con algunas temporadas de mal tiempo; pero entre septiembre de 1991 y agosto de 1992 vi por primera vez eso que solo conocía en libros, películas o fotos: los árboles que se vuelven amarillos y luego marrones, que pierden todas sus hojas, la niebla, la nieve y el frío, y un día, la reaparición de la vida: una flor hoy, otra mañana, y luego la explosión de colores de la primavera y de verdes en verano. En Europa he visto antiguos castillos y lujosos palacios, en Nueva York los famosos rascacielos, en América del Sur montañas que tocan el cielo. El mundo es muy interesante.

¿Cuál fue el viaje que más le gustó?

Cada uno de mis viajes me ha aportado experiencias diferentes y no puedo decir cuál viaje me gustó más. En las Islas Canarias dormí por única vez en el cráter de un volcán (apagado, por supuesto) y caminé por un bosque formado únicamente por laureles y donde llueve casi siempre; en Austria visité la Cámara del Tesoro Imperial donde vi cosas que uno solo lee en los libros como “brocados de oro y plata”, un purísimo zafiro, un ópalo del tamaño de un huevo de ganso y una esmeralda –la mayor que existe, con sus 2680 kilates, del tamaño de un puño, y en su Museo de Ciencias Naturales vi por única vez al más misterioso de los animales cubanos; un fósil viviente llamado almiquí (había varios ejemplares, todos disecados, por supuesto); en Noruega esquié (a 17 grados bajo cero) por primera y última vez, y en una mina de Pinar del Río, en el oeste de Cuba, bajé a más de 1000 metros de profundidad. Hay lugares muy especiales y que uno olvida difícilmente, como Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y otros más modestos, pero no menos inolvidables, como una escuelita en plena selva amazónica, en Guayana, donde me encontré con niños de todos los colores, que habían leído mis libros.

En Maripasoula, Guayana Francesa

¿Cuántos libros escribió?

mi primera novela, iniciada con 12 años, en un cuaderno escolar

He escrito muchos más libros que los que he publicado. Es lógico, puesto que comencé a escribir a los 11 años y que al cumplir 20 ya tenía 54 novelas completamente impublicables. Fue por entonces, más o menos, que comencé a escribir en serio y, tres años después, me presenté por primera vez a un premio literario importante… que no gané, pero que me puso en el camino de mi primer libro publicado (en 1983). Desde entonces he publicado más de 30; algunos de esos libros son muy cortos, otros bastante largos; muchos en los que solo hice el texto y otros para los que también realicé los dibujos; dos de ellos que no existen en castellano. Algunos son cómicos, otros más serios; muchos son fantásticos y otros realistas; algunos para pequeñitos, otros para chicos mayores y hasta uno para adultos. Mis libros han sido publicados en 12 países y en hasta 10 lenguas; los más en España, Francia, Cuba, Argentina y México. Ninguno en Bolivia, lamentablemente… pero no es demasiado grave porque muchos de mis libros están en editoriales que venden en otros países que aquel donde tienen su principal oficina. Seguramente en vuestra biblioteca hay alguno de mis libros.

mis libros


¿Cómo fue el tiempo que vivió sin libertad de expresión en Cuba?

Eso de la libertad de expresión es bastante complicado. Incluso en los tiempos es que los dirigentes cubanos se pusieron más mandones, nunca me dijo nadie: “sobre eso no puedes escribir”; pero sabían muy bien cómo decirte: “ah, eso sí que está muy bien, sigue por ahí”, que era una manera de recortarte las alas. Y uno mismo se prohibía las cuestiones conflictivas. Sin embargo, de todo se puede extraer un aprendizaje, algo positivo. Yo pienso que la autocensura me enseñó a escribir para alguien que está lejos o que tiene muy buena vista y sabe leer entre líneas. Por eso mis libros se publican y se leen en otras lenguas y países; porque incluso quien no comparte mis preocupaciones y problemas, puede entender, entretenerse y sentirse involucrado en los problemas de mis personajes. Mis únicas dos novelas que hablan de los problemas de la Cuba actual han sido premiadas en Francia (2001) y España (2017), por personas que nunca habían estado en Cuba y que, sin embargo, comprendieron muy bien lo que yo decía. Para mí eso es la literatura: un secreto que se puede compartir con miles de personas sin gritar, sin subirse a una tribuna, y sin que esas personas hayan vivido lo mismo que tú. Universalidad, le llaman a eso los críticos literarios.

Cuba, destination trésor. Paris. Hachette, 2000
Prix de la Ville de Cherbourg, 2001
&
La Isla de las Alucinaciones. Premium. Sevilla, 2017
Premio Avelino Hernández, 2016

P.S.


Al “glotón boliviano” que me preguntó “qué clase de gastronomía tienen en Francia y cuál es su comida favorita” puedo decirle que es un tema como para escribir libros (y en Francia se publican muchísimos libros sobre el tema). El general De Gaulle, que fue un gran político francés entre 1940 y 1969, comentó una vez –en broma, pero en serio- “¿Cómo se puede gobernar un país que tiene más de 300 tipos de queso”. Esa es una de las claves de la gastronomía francesa: sus quesos, tan variados que puede ser duros como una piedra o casi líquidos, apestosos o sin olor; salados o dulces, blanquísimos o amarronados; picantes o sosos… pero siempre deliciosos. También son famosos los embutidos franceses (pero a mi salazones y chacinas no me gustan) y sus platos cocidos mucho tiempo, a fuego lento, casi siempre con crema de leche. Los franceses hablan mucho de comida. Yo diría que las palabras forman parte de la receta. Por eso su gastronomía es inimitable.


* "¡Socorro, se hunde la casa!" es uno de los once textos que integran Los cuentos del mago y el mago del cuento (Ediciones de la Torre. Madrid, 1995) y uno de mis cuentos preferidos... al punto de escogerlo para la plaquette que hice imprimir en Argentina, en 2004 para utilizarlo como "tarjeta de presentación" y modo de llegar a mis amigos en aquellos países donde mis libros circulan menos. Siempre he acariciado la posibilidad de ver ses cuento "socialmente comprometido" en forma de álbum independiente. Pero como la mayoría de las editoriales ven el álbum como algo reservado a niños pequeños, sigo esperando la oportunidad.


la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).