LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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20/7/19

La Luna: uno de los más viejos sueños de la Humanidad



 48 horas antes del cierre visité la exposición La Luna: del viaje real a los viajes imaginarios, que presentó el Grand Palais de París con motivo del 50 aniversario de la primera visita humana a nuestro satélite.


Yo esperaba ver más sobre la hazaña hecha realidad el 21 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron en los primeros hombres en pisar la Luna, mientras su camarada Michel Collins permanecía en órbita del artefacto de la NASA que debía traerlos unos días después a la Tierra. Pero como indica el título completo de la muestra, el objetivo era recorrer de manera más amplia la muy antigua relación entre la Humanidad y la Luna.

composición mía a partir de un dibujo de
"Objetivo Luna", de Hergé
Hace 50 años, Cuba vivía enfrascada en la Guerra Fría y si nuestra prensa nos daba hasta el último detalle de la extraordinaria aventura espacial soviética, prefería subrayar cuanto pequeño fracaso pudiera sufrir la NASA norteamericana (cada vez que un cohete norteamericano se estrelló, se escucharon risotadas en la prensa escrita, radial y televisiva y cada vez que los soviéticos tuvieron un percance… silencio absoluto).



Así que el 21 de julio de 1969 tuve que conformarme con escuchar, en la radio de onda corta que teníamos casi escondida en la cocina de la casa familiar en Santa Clara (centro de Cuba) el reportaje de la Voz de las Américas en torno a la llegada del hombre (dos norteamericanos, “desgraciadamente”) al cuerpo espacial más cercano a nuestro planeta (400 000 km, que no es poco).

Desde hacía días yo estaba al tanto de lo que debía ocurrir esa noche… gracias a la misma radio y la misma emisora. La prensa cubana si algo publicó al día siguiente (quiero creer que sí) no fue una plena página entusiasta como la de Ouest France, presente en una de las vitrinas del Grand Palais.

Viví aquel silencio como una afrenta personal. Yo era, y sigo siendo, un apasionado de la aventura espacial y si “los míos” eran entonces los soviéticos; la pasión no me cegó como a los dirigentes de mi país. La conquista de la Luna yo la había “vivido” en la densa novela Dos niños en la Luna, de David Craigie y, sobre todo, en el doble álbum en que el historietista belga Hergé cuenta la aventura lunar de Tintín, Milú, el capitán Haddock, el profesor Tornasol y los otros.



la primera versión de esta aventura en dos partes apareción en la revista Tintín
entre 1950 y 1951, y en formato álbum tres años después

Esos libros no los encontré en librería alguna, pues no circulaban en Cuba desde el triunfo de la Revolución. De esos y otros libros españoles se encontraba algún ejemplar en la red nacional de bibliotecas (creo que a partir de 1968, fue la llamada Ofensiva Revolucionaria la que puso fin a esas importaciones de títulos, y los lectores cubanos debimos conformarnos con las ediciones cubanas y las producciones en lenguas extranjeras de los hermanos “países socialistas”).

dibujo realizado por Hergé en julio de 19

Tanto me interesaba la cuestión de la exploración lunar que escribí una novelita titulada “Buscando la Luna” entre el 14 y el 18 de mayo (¡solo cuatro días!) de 1969 (aunque tengo alguna duda sobre el año, pues solo conservo una quincena de los 54 manuscritos que escribí en mi adolescencia, y en el inventario que elaboré en 1973 algunos títulos aparecen fechados así: “¿ 68 ó 69?”). 

Mis protagonistas no eran ni rusos ni norteamericanos, sino franceses, y su viaje había sido organizado por un supuesto Centro Francés de Investigación Espacial situado en los Pirineos. Nada recuerdo de la historia, pero sí que el protagonista (Javier, un niño pelirrojo de unos 10 u 12 años) y sus compañeros astronautas escuchaban la noticia de que el asesino de Kennedy había sido devorado por una manada de lobos en Alaska). En todo caso supongo que mi primera fuente de inspiración fuera la aventura lunar de mi adorado Tintín.

De la expedición de Apolo XI, casi no hay en la exposición del Grand Palais otra cosa que la reproducción de un casco espacial y de la huella que dejó Buzz Aldrin en el polvo lunar. La performance artística de Mircea Cantor incita a comparar su pie con la huella… e hice como todo el mundo.


Las más ricas son las secciones de la exposición consagradas al sueño (obsesión podría decirse) de la Humanidad por ese extraño astro que aparece y desaparece, en apariencia caprichosamente, del cielo terrestre. Ya en el siglo II d.n.e. Lucien de Samosate publicó un primer relato lunar y muy famosas son  películas como la que, en los primeros tiempos del cine, realizó el gran Georges Meliès (versión cómica y muy libre de la novela de Julio Verne "De la Tierra a la Luna", publicada en 1865). Sin embargo, desde mucho antes la religión, la ciencia y el ciudadano común se interrogó sobre la Luna, utilizándola no solo para explicar el supuesto espíritu inconstante de la mujer, sino para calcular el paso del tiempo.
 
Le voyage dans la Lune
Georges Meliès (1902)



"La mujer de la Luna", de Fritz Lang (1929)

Las más diversas civilizaciones, continentes y épocas están representados en el culto lunar del que recoge numerosas muestras la exposición.

Me llamaron particularmente la 

atención un símbolo lunar-solar 

incaico de pura plata, un 

calendario lunar perpetuo de la 

civilización africana yoruba, 

varias figurillas egipcias, 

babilónicas, del imperio chino, 

una máscara de la actual 

República Centroafricana y un reloj astronómico construido bajo la dirección de Charles 

Perrault (el mismo que inaugurara la literatura infantil con sus famosos “Cuentos del mamá 

Oca, era un funcionario de la corte de Luis XIV que se ocupaba de las cosas más diversas).


Pierre Fardoil (relojero), Doménico Cucci  (ebanista), Jacques Caffieri(broncista),
François Girardon ( escultor), Antoine Coypel (pintor)
bajo la dirección de Charles Perrault
1699


un casi incunable mapa lunar ilustrado con amorcillos 

Lo más abundante son pinturas, esculturas y obras de arte, desde los egipcios a nuestra época que dan buena muestra de cuánto la Humanidad ha dejado volar su imaginación o ha intentado representar la belleza y misterio de la Luna.

La Luna es un motivo casi omnipresente
en la obra de Marc Chagall

dos piezas de la serie de Leonid Tishkov
Privet moon
fragmento del cuadro de La nuit un port de mer au clair de lune, 1771
de Claude-Joseph Vernet


Yo soy un astronauta (cosmonauta o espacionauta) frustrado

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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).