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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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6/4/18

Carta a Andersen


EL DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL se celebra cada año en Cuba con la lectura, por uno de los escritores del país, de una "Carta a Andersen".
Este año fui seleccionado para presidir una actividad que, por iniciativa de la Sección de Literatura Infantil de la Unión de Escritores y Artisas de Cuba, reúne a escritores, editores, promotores del libro infantil... y, por supuesto, niños.

 He aquí el texto de mi mensaje:


                                                                                                               La Habana, 2 de abril de 2018


Querido Hans Christian,

¿Recuerdas nuestro encuentro en el jardín de la catedral Sankt. Knud hace… hace… ¿cuánto tiempo ya…? Veintiséis años... ¡Cómo pasa el tiempo!

Aquella noche solo estaba yo… o eso creí… en el jardín detrás de la catedral, cuando sonaron las campanas, indicando que eran las nueve de la noche de mi primera jornada en Odense, tu ciudad natal… ¡y ocurrió el milagro!

Hacía ya seis meses del día en que llegué a Copenhague y, antes de preguntar dónde se comía y se dormía, pregunté dónde estaba la tumba de Andersen. En mis primeros días en la ciudad a la que marchaste apenas adolescente en busca de la gloria, visité tu hermosa estatua junto al ayuntamiento, tu tumba en el cementerio de Assistens, tu última residencia en el pintoresco barrio portuario de Nyhavn, el Teatro Real donde quisiste ser bailarín, actor y cantante, y donde al fin conseguiste estrenar alguna de tus obras teatrales, antes de que fuera en los cuentos (para adultos primero y para niños después) los que te consagraran entre tus compatriotas y ante la Humanidad. Y, por supuesto, el Parque Tivolí, que tanto te gustaba y que te inspiró “El ruiseñor”, cuento que nuestro Martí escogiera para su revista La Edad de Oro.
Pero quizás la cosa más extraordinaria que me ocurrió al inicio de los tres años que pasaría en Dinamarca fue que el apartamento donde viví allí estaba en Odensegade, la calle que lleva el nombre de tu natal Odense y que está situada en el barrio de Osterbro, muy cerca de  la estatua de tu más famoso personaje, la Sirenita.

En realidad, lo nuestro venía de mucho antes, puesto que entre los primeros cuentos que leí en mi vida estaban los tuyos, primero en las versiones que hizo Herminio Almendros en su popular libro “Había una vez”, y luego en las mimadas traducciones de nuestro gran poeta Eliseo Diego. Todavía niño leí tu biografía “El cuento de mi vida”… Pero no fue hasta que llegué a Dinamarca que te conocí realmente. No solo compré y leí la cuidada edición francesa de tus Obras Completas, con todos tus cuentos y algunas de tus novelas y relatos, sino varias biografías y algún estudio. 

Fue entonces, en la Copenhague de tus delirios, sufrimientos, denuedos y, al fin, triunfos, que comprendí realmente tu obra… y lo que me unía a ti: esa manera entonces novedosísima de expresar toda tu alma, con sus luces y sombras, en un “simple” cuento para niños. Fue allí en mi buhardilla de Odensegade, tras leer o releer, en magníficas traducciones al español, el francés o el inglés ¡y hasta en danés!, tus mejores cuentos… que escribí mis primeros libros verdaderamente  personales: “Los cuentos del mago y el mago del cuento” y “Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan de los Palotes”…  en un estilo próximo al tuyo y que he llamado “fantasía comprometida con la realidad”.

Cuando la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC me invitó a leer ante tu estatua habanera un mensaje por el Día Internacional del Libro Infantil, que se celebra cada 2 de abril, fecha de tu natalicio en 1805, acudió a mi mente y a mi corazón, pese al radiante sol y agobiante calor cubanos, el  recuerdo de aquella fresca noche de Odense, cuando las campanadas de Sankt Knud hicieron vibrar tu estatua, revelándome tu presencia –no en cuerpo, pero sí en alma, tu alma ardiente de danés universal. 

Aquel día –hace exacta e te 26 años- yo había había seguido tus huellas por tu casa natal, hoy maravilloso museo,  la casita minúscula y tierna donde pasaste tu humilde e inspiradora infancia y el “Paseo de los Filósofos”, en las bucólicas orillas del río. Ya de noche y a punto de dejar la ciudad, me detuve a la sombra inmensa de la catedral gótica, dispuesto a sostener una conversación mental con tu estatua… ¡Y ocurrió el milagro!

El silencio de la noche fue roto por las campanadas y tras un imperceptible temblor en el reverdecido bronce de tu efigie… ¡escuché tu voz! Tu hermosa voz: profunda, suave, seductora, tal como la describieran aquellos que tuvieron el privilegio de escucharte en lecturas públicas, conversaciones en burgueses salones y aristocráticas cortes, o cuando –en la intimidad de unos niños de tu afecto- contabas tus maravillosas historias.

Y tu voz me incitó a continuar arando la blanca tierra de los libros, avanzando por la senda que rociaste con lágrimas y estrellas, a fin de ofrecer a los más necesitados –los niños- un mundo mejor: un mundo de palabras y sueños, hecho para lavar a la realidad de sus cicatrices y donde siempre pueda germinar el amor.

Un cálido abrazo, 

                              t Joel Franz Rosell





En el acto participaron varios escritores y promotores del libro infantil, así como un grupo de estudiantes universitarios que se apresta a consagrarse al importante género. Un nutrido grupo de niños de escuelas primarias de La Habana asistieron a la lectura de la Carta y al encuentro, que tuvo lugar a continuación en la biblioteca del Liceo Artístico y Literario (copatrocinador del evento), con los autores Nerys Pupo y Eudris Planche Savón. 
La primera presentó el libro “Abracadabra”, una selección de textos –de ficción o no- en torno a la magia de la autoría de unos cuarenta autores de varios países y épocas. Por su parte, Eudris Planche presentó su noveleta “Hermanas de Intercambio”, premio Pinos Nuevos 2015. Ambos títulos fueron ofrecidos a los niños presentes.

El Día Internacional del Libro Infantil fue instituido por iniciativa de la Organización Internacional del Libro Infantil y Juenil (IBBY)y desde hace varios años es celebrado en la capital cubana gracias a la cooperación de la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC, la Biblioteca Rubén Martínez Villena y el Liceo Artístico y Literario, institución sostenida por la Oficina del Historiador de la Ciudad que realiza una importante labor cultural y social en la zona histórica de La Habana.

Como digo en la Carta, mi relación con Andersen data de la infancia, pero se consolidó durante mi estancia en su país entre septiembre de 1991 y agosto de 1994.

frente a la estatua de Andersen junto a la plaza del ayuntamiento en el centro de Copenhague,
(septiembre de 1991)

homenaje ante la tumba de Andersen en el cementerio de Assistens en Copenhague
(septiembre de 1991)

conservo una de las tarjetas telefónicas que utilicé en Dinamarca

junto con mi amigo y colega Luis Cabrera Delgado ante la casa natal y museo de Andersen
en Odense, Fionía, en octubre de 1992



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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).