LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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6/6/15

Multicultural escritor que soy

 
La versión original de esta entrevista fue publicada en 2011 por la revista vasca de literatura infantil Behinola


1. ¿Cómo entiendes la interculturalidad? ¿Qué influencia tiene en la literatura?

No hay culturas puras. Toda cultura es precisamente el resultado de un intercambio de experiencias, símbolos y valores; de una selección (“cojo esto y esto otro lo rechazo”), de asimilación (fui yo quien inventé tal cosa y no mi vecino) y sedimentación (esto me lo he apropiado sin siquiera darme cuenta). En completa autarcía vivieron, si acaso, comunidades extremadamente aisladas como los inuits, en medio de helados desiertos, o algunas tribus amerindias e indonesias, en intrincadas selvas.
Con todo, la interculturalidad es más que la “simple” yuxtaposición de dos o más culturas; es cohabitación consciente en proceso de mutuo reconocimiento y fecundación.
Que los actores de esas culturas sean capaces de reconocer los valores de otra(s), y tomen elementos de ella(s) sin perder los rasgos esenciales de la propia es la base de la interculturalidad. No es un proceso fácil y solo se completa en condiciones de cierta equidad económica, social y política. Al mismo tiempo, solo un pueblo consciente y sanamente orgulloso de su cultura puede abrirse a otras, que ya no verá percibida como amenaza o desafío.
La literatura, por supuesto, participa del proceso intercultural aunque no tan visible y rápidamente como la música popular o la gastronomía, por ejemplo. La literatura es lengua, y la lengua es, primero que todo, instrumento de comunicación y luego soporte de la mayoría de las instituciones sociales (para solo después ser expresión estética); de modo que los mecanismos de conservación lingüística son más tenaces de lo que suele pensarse. Por su capacidad de presentar no solo las experiencias y principios, sino los sentimientos del Otro, los efectos de toda expresión lingüística resultan los más penetrantes y convincentes.



en la sala juvenil de la Biblioteca Martí de Santa Clara, febrero 2015

2. El vivir fuera de tu país de nacimiento, ¿cómo ha influido en tu creación literaria? Todavía mana la fuente de tu lugar de origen, es decir, todavía al crear partes de esa tradición.

Yo diría que, precisamente, es el hecho de haber abandonado mi país natal lo que me condujo profundizar en sus esencias.
Ocurre a muchos intelectuales emigrados, pero el hecho de no haberme fijado inmediata y definitivamente en un segundo país, acentuó los efectos del distanciamiento crítico.
En Brasil estuve 2 años, 3 en Dinamarca, casi 6 en Francia, más de 4 en Argentina y, de nuevo en Francia, ya llevo unos 4 años… Sacudido y empapado por tan variadas y fuertes corrientes culturales, fijé el eje de mi identidad en la lengua castellana y en la “obsesión por Cuba” que me ha llevado a ahondar en el pasado y el presente de mi país más de lo que hubiera hecho de haber vivido en él todos estos años.
Sin embargo, yo no escribo en “cubano” ni utilizo formas estilísticas y genéricas inherentes a la literatura cubana. Mis referencias culturales se han diversificado enormemente, y buena parte de mis inquietudes políticas, sociales y económicas son bien diferentes de las que agitan a mis coterráneos inmóviles.
En realidad, desde mi primera novela, escrita apenas cumplir 13 años (y que conservo), se hace evidente mi incapacidad o desinterés por la reproducción fiel de la realidad. Dieciséis años después, publiqué mi primer libro (en La Habana, seis años antes de emigrar). Se trata de una novela detectivesca infantil que pretendía reflejar la Cuba de la época. La falta de verismo que algún crítico me reprochó fue en parte deliberada y en parte resultado de mi impericia. Mi segundo libro, terminado un año después, pero publicado solo cuatro años más tarde, es un conjunto de fábulas sobre un mundo previo a la aparición del Hombre, donde lo cubano reposaba en pocos de los animales y plantas protagonistas, pero que reflejaba plenamente la concepción del mundo que regía nuestra sociedad por entonces.
Tampoco mi tercer libro, escrito entre Cuba y Brasil, me acercó explícitamente a la realidad cubana, pero incluye una alegoría a la reciente historia de Cuba que, paradójicamente, utilicé como primer cuento en la edición brasileña de 1991, y como último en la versión española, publicada cuatro años más tarde.

ediciones francesa, argentina y española de "Mi tesoro te espera en Cuba" (nótense las diferencias de interpretación gráfica de las tapas)
Llevaba yo poco más de un año lejos de Cuba, cuando ‑para exorcizar la improbabilidad del regreso‑ escribí por primera vez una novela de intención verdaderamente realista. Necesité 10 años de reescrituras sucesivas hasta sintetizar la Cuba posterior a la caída del muro de Berlín en Mi tesoro te espera en Cuba. Esa novela narra el descubrimiento de la realidad cubana por una niña española que rastrea el pasado de un tío-bisabuelo. Paloma, la protagonista, y sus amigos cubanos, deberán superar no pocas incomprensiones y suspicacias antes de alcanzar el respeto mutuo y el afecto que hacen posible la cohabitación entre personas con intereses y concepciones del mundo diferentes y a veces, en apariencia al menos, recíprocamente excluyentes.
Sin habérmelo propuesto, en ese libro invertí la situación intercultural más frecuente en la narrativa juvenil española reciente, que presenta la experiencia de emigrantes venidos a España o reconstruye, en la pluma de escritores españoles con escasa experiencia internacional, conflictos humanos de África, Medio Oriente, Europa del Este…

Entre la edición francesa (2000) y la primera versión en castellano (2002) de Mi tesoro te espera en Cuba, publiqué en Edebé La tremenda bruja de La Habana Vieja. Esta novela recrea la Habana decadente de los últimos años a través de la caricatura y la fantasía. El tema, la relación entre una malvada bruja y su adorable sobrina-tataranieta, es una metáfora de la interculturalidad: la niña es una estudiante modelo; una más entre esos “pioneritos” de rojo uniforme que son todo un emblema de la Cuba “del hombre nuevo”. Por su parte, la bruja es una “lacra del pasado” que odia a los Comités de Defensa de la Revolución y que tiene en un rincón los atributos de la “brujería palera”, una de las tres religiones afrocubanas… aunque por lo demás presente todos los estereotipos de la bruja occidental, incluidas la escoba voladora y la bola de cristal.

en plena selva amazónica (Maripasoula, Guayana Francesa) con los lectores de "La leyenda de Taita Osongo"
Pero donde más evidentemente mi pluma moja en manantial cubano es en La leyenda de taita Osongo (estrenado en la versión francesa de 2004 y editado en castellano en 2006). Para novelar páginas de la trata negrera y la esclavización de africanos en América me basé en la Historia de Cuba, en tradiciones afrocubanas y hasta en un dramático secreto de familia. Los personajes principales: el negrero y su esclavo rebelde taita Osongo, representan el choque entre blancos y negros, entre explotación racional de mano de obra esclava y pensamiento mágico como arma de resistencia; elementos que intervienen en la construcción de la nacionalidad cubana.
El esclavo es un emigrante forzado al que se priva de toda su identidad: desde el nombre y sus creencias profundas, a la lengua, costumbres, estructura social, paisaje y referencias materiales. En tales condiciones, este deportado económico aprende a desarrollar formas muy sutiles de preservación de su cultura. Esta corta novela (que necesitó 18 años de maceración) me permitió incorporar, por primera vez en mi obra, lo afrocubano; pero es una obra intercultural y también incluye referencias a la mayor tradición literaria cubana (Nicolás Guillén, Lino Novás Calvo, Onelio Jorge Cardoso) sino incluso elementos estructurales del cuento tradicional ruso, tan difundido en la Cuba pro soviética mi infancia.

ediciones mexicana, cubana, argentina, brasileña y francesa de "La leyenda de Taita Osongo"

3. Entre los autores que trabajan la interculturalidad, ¿quienes te gustan? ¿Citarías alguna obra en concreto?

No tengo un repertorio de autores interculturales. He vivido en varios países, bajo el imperio de cuatro idiomas, y leo en cinco lenguas. En París, vivo en un barrio visiblemente multicultural. Escribo para publicar ‑incluso cuando se trata del castellano- en países diversos y lo he de tener en cuenta.
Todas las culturas y las épocas me interesan, pero no son los libros interculturales sino los “de origen” los que me interesan más. Leo o he leído autores franceses, brasileños, daneses, argentinos, árabes, africanos, asiáticos… Yo soy multicultural por mis raíces y por mi experiencia vital de cubano trashumante y universalista.
Cuando pienso en libros interculturales que me gustan me vienen a la mente dos tebeos:
Persépolis, de la irania Marjane Satrapi y El gato del rabino, del francés Joann Sfar. Su interculturalidad me parece más nutritiva precisamente por darse en el marco de un género híbrido -de literatura, dibujo y cine- y porque no solo en su mensaje y plano referencial, sino en sus formas, se superponen varias culturas (francesa, mediterránea, judía, musulmana, persa).

4. En la LIJ hay algunos temas que se trabajan según la moda, por poner un ejemplo, anorexia y de repente puedes encontrar 40 libros que trabajan ese tema en las librerías. En tu opinión, la interculturalidad es algo de moda o algo más.

La interculturalidad, como cualquier otro “tema” puede ser tratada como una moda y resuelta con la consiguiente superficialidad. Pero como es un componente fundamental de la sociedad contemporánea, la interculturalidad es algo que ha llegado para quedarse… hasta que se produzca la transculturación: es decir el mestizaje que dará por resultado una cultura nueva: heterogénea, más rica, positivamente contradictoria y universal.
Los libros que abordan la interculturalidad porque está de moda pasarán rápidamente al olvido, como pasan todos los libros hechos de prisa, por apuntarse a lo que “se lleva” o por participar en un debate ideológico circunstancial. Los libros verdaderamente interculturales, los que llevan la interculturalidad en su esencia misma, en su “carne y hueso”, sí se sumarán al patrimonio literario, lo enriquecerán y modificarán.

Mi libro más traducido (exise en ocho lenguas y pronto se publicará en chino) es el menos multicultural de todos. No es tan paradójico como parece

5. Según los expertos, en el ámbito de la interculturalidad se necesita tener un espíritu abierto para superar lo que se conoce como “espíritu del muro”. ¿La literatura puede influir en ello? En los esfuerzos que se hace no se percibe claramente un poso de lo “políticamente correcto”?

Para mi la interculturalidad está en el encuentro entre modos distintos de vivir, imaginar y representar el mundo, y no en el argumento de una novela ‑perfectamente occidental- que cuenta a lectores occidentales la aventura de un emigrante del Sur o del Este (cercano o lejano).
Puede ser que un chico que descubre en una novela cómo llegaron a España los hombres de piel negra que venden discos compactos en las aceras, llegue a sentir conmiseración y tolerancia. Pero para que comprenda, respete y estime realmente a esas personas, nuestro chico tiene que saber no solo los riesgos que han corrido para venir a Europa y en qué difíciles condiciones se instalan entre nosotros; también tiene que saber qué cultura hay detrás de esos emigrantes, qué riqueza espiritual enjoya su pobreza material, qué los hace reír y llorar, qué sueñan y a quien le rezan, qué músicas cantan y bailan, qué comen y beben, o no…
Para acceder a todo ese universo que se oculta tras “la diferencia”, es imprescindible que nuestros chicos escuchen la voz de los más elocuentes representantes de esos pueblos cuyos jirones desesperados llegan a nuestras ciudades o a los “mares de plástico” del soleado sur ibérico.
En lugar de estar tan preocupados por dar a conocer la aventura (y sobre todo la desventura) de los emigrantes, los editores deberían dar a conocer toda la diversidad y riqueza de culturas del mundo a través de libros documentales, de cuentos tradicionales y, sobre todo, de literatura contemporánea ‑juvenil, pero también infantil- de los países que nos enriquecen con parte de su población activa.
Tengo la impresión de que los autores magrebinos están de moda en España: en literatura para adultos y en literatura juvenil, más que en literatura infantil. Sin embargo, la muy importante emigración hispanoamericana ¿está equitativamente representada en la edición infanto-juvenil? ¿Cuántos escritores ecuatorianos, dominicanos o peruanos han sido publicados en España en los últimos años? Si acaso, se trata de autores radicados en España hace tiempo y que no siempre escriben desde y sobre la interculturalidad (lo que no les reprocho: un autor debe ser libre en la elección de sus temas y formas).

¿Quién sabe siquiera que hay literatura infantil en Ecuador, República Dominicana o Perú?

En España no solo se publica poquísima literatura iberoamericana, sino que tampoco se importan títulos editados en Hispanoamérica. Me consta que empresas transnacionales como Alfaguara o SM tienen por política no traer a España la producción de sus respectivas sucursales latinoamericanas. Más grave aún: no pocos libros de autor latinoamericano otrora publicados en España han sido trasladados a los catálogos ultramarinos de la editorial en cuestión; sin que nada justifique que un escritor colombiano pueda resultar más interesante o comprensible para un joven mexicano que para un chico español. El principal argumento es que los castellanos de Ultramar no resultarían comprensibles para los chicos españoles, o que las referencias culturales que contienen tales libros no serían “reconocidas” o comprendidas por los jóvenes lectores ibéricos.
Pero entonces, ¿qué pasó con el interés por la interculturalidad? Si empezamos por considerar incomprensibles y ajenos algunos vocablos, modos de vida, elementos de cultura material y algunas fechas y nombres históricos, probablemente suficientemente integrados a la trama, ¿cómo aspirar a educar a nuestros retoños en la tolerancia y la sensibilidad hacia la diferencia?

6. ¿En qué medida se debe utilizar la literatura para abrir ideas? Algunas veces esta subordinación nos puede llevar al panfleto.

Personalmente, me interesa menos contarles la vida de los emigrantes a los chicos con que me codeo -en Francia o en España- que explicarles que esas personas de piel negra o amarilla, de culto musulmán o budista, de acentos o costumbres desconocidos… en el fondo son iguales a ellos, a nosotros.
Sospecho que si, por primera vez, decidí hacer las ilustraciones de uno de mis álbumes ilustrados es porque quería introducir un mensaje subliminar de interculturalidad. La trama de La canción del castillo de arena es “universal”: un niño y su padre construyen castillos de arena que el mar deshace cada noche, poniendo a prueba la tenacidad y la imaginación del chico. El mensaje más perceptible es filosófico y ecológico; pero mis personajes son “exóticos”: el padre es negro y el chico mestizo, lo que supone una madre ‑no evocada por el texto ni presente en las ilustraciones‑ de piel tan blanca como la de la Princesa Caracola que habita los castillos del niño protagonista. Lo que insinúo es que la “gente de color” no protagoniza solo las temáticas que le son habitualmente asociadas en la edición occidental: emigración, discriminación racial, pobreza, compenetración con la naturaleza, familia extensa o tradiciones orales específicas. Mi cuento sugiere que los niños “étnicos” viven experiencias comunes a cualquier niño: tienen celos, miedo a la oscuridad, “mojan” la cama, descubren las normas sociales y las reglas básicas de higiene, quieren una mascota… Y si mis jovencísimos lectores no son conscientes de este mensaje, tanto mejor, porque la banalización es la mejor forma de asimilación.
En mi opinión, la única forma legítima de trasmitir ideas en literatura es despojando aquéllas de toda obviedad. En cuanto se intenta instrumentalizar un texto literario éste deja de serlo y se convierte en otra cosa, infinitamente más simple y menos eficaz y duradero.
La rosa es sin porqué”, nos recuerda Borges que dijo Angelus Silesius, y nada explica mejor lo que es una rosa que una rosa.

"La canción del castillo de arena" en sus versiones castellana, vasca y francesa (originalmente, este cuento formó parte del libro que estrené como "Era uma vez um jovem mago" (Sao Paulo, 1991) antes de su versión ampliada y corregida "Los cuentos del mago y el mago del cuento (Madrid, 1995)

7. En Europa son muchos los escritores de diferentes procedencias que escriben en lenguas europeas -Rafick Schami, Tahar Ben-Jelloun...-; en el País Vasco o en Cataluña toda vía no existen, excepto algún contador de cuentos. ¿Lo ves como un síntoma de algo? ¿Crees que los hijos de los emigrantes traerán un aire nuevo? ¿Queremos recibir ese aire nuevo?

En un sucinto estudio sobre la literatura beur (descendientes de emigrantes arábigo-magrebinos en Francia), Alec Hargreaves subraya: “la primera generación de emigrantes se preocupaba sobre todo por los problemas de la vida activa. En las obras de sus hijos tienden a sobresalir los problemas de escolarización y de vida familiar. La crisis de identidad experimentada hoy por numerosos adolescentes franceses se acompaña, en el caso de los beurs, de una crisis cultural. Atraídos simultáneamente por su cultura de origen y por la cultura francesa, los jóvenes descendientes de inmigrantes tienen experiencias a veces tan dolorosas como interesantes en tanto que materia narrativa”[1].
Este sector de la población francesa comienza a expresarse literariamente a principios de los años 1980 y hoy constituye una parcela importante e indisociable de la literatura francesa, incluida la infanto-juvenil. En sus inicios se trató mayoritariamente de relatos de aprendizaje o autoaprendizaje (bildungsroman); y aunque pronto comenzaron a independizarse de lo autobiográfico, el vínculo con la verdad da a esos textos un valor que no encuentro en tanta novela que narra -por sumarse a la moda o por responder a un deber social- las problemáticas interculturales.
En la medida en que los emigrantes se integren a la realidad del País Vasco, de Cataluña o de cualquier otra comunidad autónoma, en la medida en que hayan superado las urgencias de la supervivencia, se revelarán como escritores perfectamente biculturales. Y como los numerosísimos autores e ilustradores franceses que también son magrebinos, libaneses, turcos, subsaharianos, vietnamitas o chinos, también los habrá españoles con orígenes al otro lado del Mediterráneo. Será una segunda o tercera generación que se habrá integrado a la realidad española sin renunciar a la identidad de sus padres, tíos o abuelos inmigrantes, y que producirán una literatura primero intercultural y, a continuación, multicultural.
En Francia existen hoy incluso formas reconociblemente mestizas, tanto por las particularidades del lenguaje como por sus formas genéricas ‑la poesía rítmica conocida como slam, es el más visible ejemplo-  que evidencia no solo experiencias sino formas expresivas peculiares.
Por otra parte, incluso sin poseer raíces en otros países, los escritores españoles pueden enriquecerse con elementos externos, de la misma manera que la música popular española emplea materiales procedentes del rock, el reggae, el bolero o la salsa.

8. Según dicen, en la Rioja alavesa los gitanos españoles que van a recoger la uva quieren someter a los gitanos portugueses. ¿Es acaso destino del hombre el querer dominar al otro?

Nadie está a salvo de cometer injusticias. Verse sometido al racismo, la marginación o cualquier forma de privación de derechos es la peor manera de aprender la tolerancia, la fraternidad y la democracia. Si la letra no entra con sangre, la justicia menos todavía. Tampoco basta con proporcionar lecturas ejemplares para inducir comportamientos ejemplares. Solo la permanente vigilancia, la autocrítica y el acceso pleno a la cultura ‑propia y ajena- pueden educarnos en el respeto a los demás y conducirnos al reino de los Derechos Humanos.

en una clase hispánica de la escuela internacional de Saint-Germain en Laye, 1998
9. Recientemente han traducido la novela “La armada salvadora” del joven marroquí Abdela Taia. Está situada en Suiza, y el protagonista se da cuenta de que los emigrantes son tomados-utilizados-tirados como amantes, trabajadores o sirvientes.  ¿Qué te parece, en ese sentido, la actitud y comportamiento de Occidente? (Se podrían citar los casos particulares de Suiza y más en concreto de Austria: realidad, el día a día)

No conozco la novela citada, pero lo que su autor denuncia ha ocurrido siempre y en todas partes. A principios de siglo, los suizos de las clases altas o de los cantones hegemónicos usaban y tiraban a otros suizos, o a italianos, españoles y portugueses. Y Austria hizo lo mismo con los diversos pueblos, al sur y al este, de su otrora Imperio.
Pero ¿cuántos marroquíes no se comportan de la misma irrespetuosa manera con los saharauis?, ¿cuanto mauritano de piel clara no discrimina y explota a los negro-mauritanos?, ¿cuál es la terrible situación de la mano de obra indo-paquistaní en los ricos emiratos árabes?, ¿en qué espantoso genocidio acabó el conflicto entre hutus y tutsis; comunidades menos diferenciadas étnicamente que por su especialización como pastores y agricultores?
La lucha por la igualdad y el respeto del otro, del más débil, del más pobre, del menos educado es La Misión de la especie humana, el verdadero objetivo de su evolución a partir de una especie particularmente habilidosa de primates.

10. El plurilingüismo de países como Suiza es suficiente para garantizar la interculturalidad? En ese sentido, ¿la traducción tiene algún sentido en países de esas condiciones?

Tengo entendido que en Suiza la mayoritaria comunidad germano parlante no habla generalmente las otras lenguas oficiales: el francés, el italiano y el romanche. Si todos los suizos fuesen plurilingües serían la sociedad ideal que no son, y quizás respetarían más a los emigrantes no europeos. Pero ‑permítanme la boutade- gente tan virtuosa no podría ser una potencia bancaria mundial y el neutral país desaparecería.
Tampoco los belgas son todos trilingües francés-flamenco-alemán, ni todos los canadienses hablan francés e inglés.
Hay muchos países africanos donde la mayoría de la gente habla más de una lengua: el francés o el inglés de la antigua metrópoli, que sigue siendo lengua de cultura y de pasaporte, y más de una de las lenguas de las diversas comunidades étnicas que comparten nacionalidad. Desde ese punto de vista, tales países serían más ejemplares en términos de democracia que Suiza; pero tienen todavía pendiente la integración nacional y carecen aún de estructuras democráticas genuinas, eficaces y estables, así como de acceso generalizado a la cultura, empezando por la cultura escrita.
No menos triste es constatar que los peruanos, los paraguayos o los guatemaltecos prefieran estudiar el inglés al quechua, el aymará o el maya que habla la importantísima minoría indígena de sus respectivos países.
O sea, que el multilingüismo no resuelve todos los problemas socio-económicos y la traducción es y será siempre necesaria.

en la Feria Internacional del Libro de Salónica, Grecia, 2008 

11. Hay quien dice que en las editoriales y en las escuelas les interesa más el qué se dice, que el cómo; es decir, más el mensaje que el cómo esté expresado, y que eso empobrecería la literatura. ¿Estás de acuerdo?

Es abrumadoramente cierto. Tema y mensaje monopolizan la atención de quienes valoran y recomiendan las lecturas de los niños y adolescentes. La coherencia y densidad de la trama, la calidad de los personajes o el brillo del estilo son menospreciados no solo por las editoriales, los maestros y los bibliotecarios, sino incluso por la mayoría de los críticos y promotores. Y no solo en lo relativo a la interculturalidad y otros “temas transversales”. Muchos libros que se han publicado ‑incluso con gran éxito de venta y crítica‑, han sido valorados solo porque abordan una temática socialmente necesaria o ‑más cínicamente‑ porque “vende”.
Victorias pírricas…
Cuanto más importante es una temática, con más rigor ha de ser tratada. La cantidad no puede suplantar a la calidad, como la actualidad o el compromiso no pueden sustituir a la profundización y la autenticidad. O sea, parafraseando una famosa aporía: una buena palabra vale más que mil palabras… vanas.
Necesitamos buenos libros, con cerebro y corazón, como prometiera Nicolás Guillén en el título de su primer poemario. Buenos libros interculturales, buenos libros monoculturales, buenos libros.

visto el liceo francés de Munich, durante la beca que me ofreció
en 2005 la Biblioteca Internacional de la Juventud
12. Para terminar, ¿Has leído algún libro que te haya “abierto los ojos” y te haya dado la opción de sumergirte en otras realidades? ¿Qué libro ha sido?

Es una pregunta extremadamente difícil de responder. ¿Cuántos libros no me han abierto las puertas a mundos poco o nada conocidos? Y a la inversa, ¿cuántas situaciones de la vida o experiencias estéticas (cine, museo, música) no me han llevado a buscar más en los libros sobre una cultura que consideraba mía y que en realidad no conocía suficientemente?
Tengo la costumbre de acudir a mis diccionarios ‑que son numerosos- o a los de la excelente red de bibliotecas de París en busca de más información sobre creaciones y personalidades político-sociales, artísticas, científicas, sobre ciudades y países ignotos, animales y plantas desconocidos… que la actualidad me revela o recuerda.
Si leí los fascinantes Edda escandinavos fue porque viví en Dinamarca, si me asomé a La epopeya de Gilgamesh fue porque escuché cantar fragmentos del antiquísimo poema a Ahmed Azrié, si me pasé meses leyendo sobre los antiguos egipcios fue después de la exposición Los tesoros sumergidos de Alejandría en el Grand Palais de París (y para responder a las preguntas de un colega que escribía en Cuba una novela ambientada en el Antiguo Egipto). La incomparable novela anónima Aventuras de Simbad el Terreno me llevó a interrogarme sobre el mundo arábigo-pérsico y la fascinación que generó en la Francia del Siglo de las Luces, y si me hice algunas preguntas sobre la China decimonónima fue tras comparar “El ruiseñor” de Andersen con su adaptación por el cubano José Martí… Todo conduce a todo. Esas lecturas, que me remiten a épocas remotas, arrojan luz sobre la problemática actual entre el mundo musulmán y Occidente (mi Dictionnaire de l’Islam tiene hoy las páginas muy usadas), y me permiten tener otra mirada sobre mis vecinos de origen argelino, senegalés, israelí o palestino…
Siempre hay una laguna que colmar, un malentendido que esclarecer. Y es en esos huecos y falsas certidumbres donde se alojan los estereotipos y prejuicios que conducen al hombre a tanto acto estúpido, odioso o criminal.
Pero he leído relativamente pocos libros de los que suelen calificar como “interculturales” en las bibliografías usuales. Yo soy intercultural y vivo en un mundo intercultural; lo que necesito y prefiero son libros de las más variadas y diferentes culturas.
la entrevista original fue realizada a tres voces, la compartí con Inongo Vi Makomé y Javi Cillero

Joel Franz Rosell
Escritor e ilustrador cubano residente en París




[1] « A la rencontré de deux cultures, les romanciers beurs », par Alec G : Hargreaves. La revue des livres pour enfants. Paris, otoño 1990.






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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).