LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

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15/6/15

Luto por un libro




















Hoy me visto de luto por un libro 
(un libro mío, perdonen mi egoísmo de padre herido en su carne). 

Mi álbum “Pájaros en la cabeza” acaba de ser descatalogado por Kalandraka tras casi 11 años de fieles y aparentemente insuficientes servicios. En realidad, la noticia no debía sorprenderme, pues hace mucho tiempo que el libro estaba agotado sin que la editorial decidiera reeditarlo… pero tampoco sacarlo de catálogo. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué después de descatalogarme “Don Agapito el apenado” al cabo de seis años y “El paraguas amarillo” al cabo de apenas dos, ahora me “truenan” a “Pájaros en la cabeza”? ¿Es que mi escritura no responde a los gustos actuales? ¿Estoy pasado de moda? ¿No doy bola con el destinatario?

Tengo cierta tendencia a la autoflagelación, a hurgar en mi conducta las causas de cuanto me sucede. No es malo como método de crecimiento personal y profesional; pero tampoco hay que olvidar los factores externos, y como cada uno de mis títulos descatalogados, o casi, coincide con la salida de uno nuevo a las librerías (bajo el mismo u otro sello, en ese u otro país, en la misma u otra lengua) no puedo contentarme con la explicación de mi “pecado original”.
primera edición en gallego (2004)

Me gustaría poder condenar la tiranía del departamento de marketing de los grandes grupos editoriales por imponer una vertiginosa rotación de novedades (muchas de ellas puro fulminante, cuya función es estallar como fuegos artificiales durante las fiestas navideñas y Día de Reyes). Pero Kalandraka no es una de esas empresas sin alma; al contrario, mima sus libros, sus autores y sus lectores… y precisamente acaba de publicar el tercer volumen de mi serie Gatito.


¿Es culpa de la famosa y maldita crisis? Sin dudas influye, pues todos los escritores estamos sometidos a este proceso, a menudo irracional, de destrucción de obras que merecían una vida mejor; pero la cada vez más rápida saturación del mercado ya ocurría antes de 2008 y se daba y se da en países menos económicamente deprimidos. La tal saturación del mercado es algo que siempre me ha parecido improbable en el campo del libro infantil, puesto que el niño que hoy tiene alrededor ocho años –la edad óptima para leer “Pájaros en la cabeza”- ni siquiera había nacido cuando salió la última edición (en formato y papel idóneos para disfrutar las bellas ilustraciones de Marta Torrão). Si prácticamente cada tres años se renueva el lectorado, ¿basta entonces con los niños que heredan títulos de sus hermanos mayores para justificar las escasas ventas de álbumes ilustrados? La coyuntura (que dura y es dura) no me parece bastante para explicar lo que yo veo como una limitación estructural del concepto editorial y comercial de las editoriales españolas especializadas en álbumes ilustrados (o del mercado editorial general y el espacio que ocupan esas editoriales especializadas). Si el 16% de los 46 millones de españoles son menores de 16 años (sin contar las exportaciones al vasto mundo hispánico), la tirada media del libro infantil (3200 ejemplares) justifica la desaparición de tantos libros de calidad, limitados a una o acaso dos ediciones, en 10 años o menos? 


segunda edición en castellano (2006)

Yo soy muy malo en matemáticas y por tanto peor en estadísticas, pero las cuentas no me salen… o no me entran en la cabeza (para qué hablar del corazón). Y ya sé que el actual gobierno español ha “dejado en cueros” a las escuelas y bibliotecas públicas, los primeros clientes del libro de bolsillo, mientras que las familias, empobrecidas o atemorizadas por la crisis financiera y la precariedad del empleo, han reducido sus gastos no esenciales. Y en España, la cultura literaria no tiene nada de esencial, y el álbum no es para nada un artículo de primera ni segunda necesidad (para algunos es un artículo “de tercera”, o “de cuarta”). Con “tantos euros por tan poca letra” como dice el buen ciudadano medio, que no acaba de entender que también las imágenes se leen, aunque no discuta el precio de los vaqueros de su retoño, aunque éste tampoco resista a la regla de tantos centímetros cuadrados de tela por céntimo. Es un error tan extendido como creer que los libros ilustrados son solo para pequeños o que no hay que leerles cuentos a los niños que ya “saben leer” (normalmente al terminar segundo grado), olvidando que la adquisición de la técnica no equivale al domino del arte, y que mientras el niño no sabe realmente leer de corrido y mentalmente (transformando eficazmente no solo las palabras, sino las frases e incluso los párrafos, en sentidos) sigue necesitando alternar la práctica de la lectura individual y silenciosa con la lectura facilitada por alguien más ducho. Esto, que muchas familias ignoran, lo saben los maestros. Pero no pocos de ellos suelen caer en el extremo contrario, abusando de la lectura en voz alta, en clase, sin permitir lo bastante la elección por cada chico del libro que le gusta y su apropiación, a ritmo personal y con los ojos, no con el oído; única forma verdadera de adquirir esa especie de mágico don que es el amor de la lectura. Todo esto influye en las dificultades que tienen colecciones exigentes, para chicos de más de siete años, como Sieteleguas, de Kalandraka.

Yo soy muy malo en matemáticas y por tanto peor en estadísticas, pero las cuentas no me salen… o no me entran en la cabeza (para qué hablar del corazón). Y ya sé que el actual gobierno español ha “dejado en cueros” a las escuelas y bibliotecas públicas, los primeros clientes del libro de bolsillo, mientras que las familias, empobrecidas o atemorizadas por la crisis financiera y la precariedad del empleo, han reducido sus gastos no esenciales (en España, la cultura literaria no tiene nada de esencial, y el álbum (con “tantos euros por tan poca letra” como dice el buen ciudadano medio, que no acaba de entender que también las imágenes se leen, aunque no discuta el precio de los vaqueros de su retoño, aunque éste tampoco resista a la regla de tantos centímetros cuadrados de tela por céntimo) no es para nada un artículo de primera ni segunda necesidad (para algunos es un artículo “de tercera”, o “de cuarta”). 


Yo creí a “Pájaros en la cabeza” protegido por su inclusión entre los “White Ravens”, los mejores libros publicados en el mundo según el muy respetable criterio de la Biblioteca Internacional de la Juventud, con sede en Munich, Alemania, en cuyo catálogo se puede leer:

Escrita como un cuento de hadas, esta historia es algo más que una práctica parábola sobre el arte de gobernar sagazmente. Aunque es tan viejo “que no distingue un dragón a tres pasos”, el rey gobierna con clarividencia, sentido común y respeto por la naturaleza y por los intereses del país en su conjunto. No ocurre lo mismo con los ministros de Defensa, Economía y “Todo lo Demás”. Movidos por la ambición, no piensan sino en conseguir sus fines respectivos, tales como una guerra, elevación de impuestos y un faraónico proyecto de construcción. Como en un auténtico cuento de hadas –y no como en nuestra realidad–  el cuento termina felizmente. El ingenioso texto del cubano Joel Franz Rosell está repleto de imágenes poéticas y satíricas consideraciones a propósito del ejercicio del poder. Las expresivas ilustraciones en colores abstractos invitan a los lectores a reflexionar y mirar más de cerca.

No se trataba, como ven, solo de mi texto, sino de las ilustraciones de Marta Torrão, tan logradas que contribuyeron decisivamente a que se le concediera el Premio Nacional de Ilustración de Portugal.




También confié en los elogios de críticos como Angel Arias, quien en Nuevas Hojas de Lectura (Colombia) afirmó: “esta obra nos conduce de una forma mágica a reflexionar sobre la convivencia del Estado moderno con su más importante patrimonio: los hombres y las mujeres, y en su interacción con el medio ambiente, una problemática muy actual, pertinente a todas las naciones del mundo, ahí radica lo grandioso de esta obra (…) pensada para deconstruir lecturas: su historia, su ilustración y su diseño llevan al lector a confrontarse con el texto y a crear nuevas historias.

edición en coreano (2007)

edición en portugés (2006)

¿Y qué decir de muestras de aprobación y confianza en lugares tan distantes Argentina (tirada especial de unos 20 000 ejemplares para los alumnos de las escuelas públicas de Buenos Aires), Corea (fue no solo mi primer libro publicado en una lengua asiática, sino también el primero en gallego y el primero que me fuera publicado en Portugal) o Cuba, que le concedió el premio La Rosa Blanca, que distingue los mejores títulos de autor cubano publicados cada año?

Casi nada, ¿ven?

Que los libros tienen muchos retos en este mundo ultramoderno nuestro, que les impone algo tan atroz como una fecha de caducidad.

http://cuentosdelmagodelcuento.blogspot.fr/p/pajaros-en-la-cabeza-uno-de-los-mejores_11.html




Así comienza "PAJAROS EN LA CABEZA"




El rey ya era muy viejo. Se le notaba mucho en la barba blanca y en los ojos, tan cansados que no veía un dragón a tres pasos. Pero era un rey bueno, el mejor que había tenido aquel reino en toda su historia.
El reino era pequeño y no demasiado rico, así que sólo había tres ministros: el Ministro de Defensa, que era coronel; el Ministro de Economía, que era muy inteligente; y el Ministro de Todo lo Demás, que era muy emprendedor.
El rey daba audiencia a sus ministros todas las tardes. Se sentaba en su trono de maderas preciosas, con asiento de terciopelo y clavos de oro, y los ministros le presentaban, en bandeja de plata, leyes, pedidos y propuestas.
El rey escuchaba atentamente a sus ministros, pero no contestaba nada. Y no porque estuviera sordo ni porque tuviera problemas de voz, sino porque le gustaba tomarse su tiempo. Siempre acababa diciendo:
–Bien. Mañana decidiremos...
Y mandaba que lo dejaran solo.

Detrás del trono había una cortina; tras la cortina, una puerta y detrás de la puerta, una terraza. En la terraza había otro trono, más pequeño que el del salón y no de madera, terciopelo y oro, sino de cañas y paja. En la terraza siempre daba el sol y el rey prefería tener un asiento fresco.
Aquel trono de cañas y paja, tan parecido a un nido, también gustaba mucho a los pájaros. Y cada tarde, cuando el rey se sentaba allí después de recibir a sus ministros, los pájaros venían a hacerle compañía y le cantaban canciones, comían alpiste en su mano o jugueteaban con su  barba.
Cuando el rey se iba a dormir, tenía la cabeza llena de trinos y aleteos. Y al día siguiente, cuando los ministros venían a buscar respuesta a sus problemas, el rey les daba soluciones llenas de sentido, bondad y justicia.

El sueño de los ministros era menos apacible que el del rey...

Cada uno de mis libros tiene una o más mascotas. Las de "Pájaros en la cabeza", quizás mi mejor cuento, recientemente salido de catálogo, disponía de un títere de dedo que compré en Francia y de un colibrí en maderas preciosas de Cuba. Ambos os saludan antes de tomarse un retiro que espero dure poco...







(telón)

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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).