LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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29/6/15

La nube, 14 años después




A 14 años de la publicación del que fuera mi primer libro para "pre-lectores", reproduzco una reciente nota de la bloguera argentina Dayana Barrionuevo... y añado un par de comentarios.

Título: LA NUBE
Autor: ROSELL, JOEL FRANZ
Ilustrador: DELEAU, JUAN
Precio:  $  42,00
Editorial: SUDAMERICANA
Páginas: 28
Medidas: 19.5 X 18.7 mm
ISBN: 9500719886
Edad sugerida: A PARTIR DE 4 AÑOS
Colección: CUENTOS DE 4 COLORES
Primera edición: 2001


 Este libro dedicado a los más chiquitos de la casa cuenta la historia del viaje que hace una nube desde el mar hasta el campo, cómo va cambiando su morfología a medida que pasa el tiempo y cuáles son las reacciones de las personas al ver la nube.
Aunque el texto y la ilustración utilizan como recurso retórico la personificación (algo muy común en los textos para chicos) otorgándole sentimientos a la nube que ver que la gente de la ciudad huye a su paso o “llorando” de alegría al ver que en el campo seco la reciben con los brazos abiertos; lo que en realidad relata el subtexto es ni más ni menos que el ciclo del agua y su importancia.
Que una historia atractiva pueda introducir aunque sea de manera inconsciente un concepto vital de las ciencias naturales y del funcionamiento de nuestro planeta, me parece excelente y desde ya lo convierte en un motivo más que suficiente para recomendar el libro. Sin embargo, debo marcar un pequeño error que se ha deslizado en la secuencia del relato.
La nube viaja desde el mar y en su trayecto cruza una montaña. Apenas la atraviesa llega a una zona seca donde hace llover. Esto es un cuento para chicos y en la ficción del papel todo es posible, pero en la realidad físicamente las masas de humedad no pueden cruzar una montaña y precipitar del otro lado. O lo hacen antes o lo hacen en la misma montaña donde será en forma de vapor, lluvia o nieve según la altitud, la época del año, etc.
Otra observación que haría es sobre la frase “Llovió tanto que la llanura se puso verde, se llenó el río y engordaron las vacas”.
La enumeración tiene un orden inexacto: cuando llega una lluvia torrencial primero crecen los ríos, con el paso de los días las plantas secas reverdecen y crecen nuevos ejemplares y de ahí el ganado flaco puede tener alimento para engordar.
No porque se trate de un libro de ficción para chicos de cuatro años hay que descuidar estos paqueños-grandes detalles.
Creo que mostrarle al chico que el ciclo del agua es un motor de la vida también implica hacerle saber que no es un proceso sencillo ni rápido en sí mismo ni en los procesos que genera en los ecosistemas.
Más allá de estas observaciones, creo que también vale la pena destacar los recursos didácticos y de diseño que se han utilizado en el libro:

  • Reemplazo de palabras con dibujos como una manera de implicar al chico en el relato y que vaya “leyendo” la historia desde sus posibilidades.
  • Texto grande en letra de imprenta para que sea más fácil de leer para los que están aprendiendo.
  • Al final del libro hay un diccionario de dibujos para los padres sin imaginación que no pudieron adivinar a qué palabra correspondía cada ilustración :D
  • Ilustraciones muy coloridas con una técnica singular (algo así como arte digital).
  • Tapas duras a prueba de chicos.



La lectura ecológica que hace la autora  de esta nota es acertada, pero en mi opinión toma demasiado al pie de la letra las “informaciones” científicas que se pueden deducir de la trama y que tuve en cuenta al concebir la historia. 
Un cuento para niños que aún no saben leer, da pie a una conversación con el adulto que se lo acerca al pequeño, y puede permitir la ampliación y explicación de detalles científicos. A cuatro años no creo que el niño entienda eso de que una nube no puede llover al otro lado de una montaña, lo que es inexacto sin definir qué entendemos por montaña y de qué clase de lluvia se trata y en qué región del mundo ocurre el fenómeno. 
Mi cuento no es un texto informativo para pequeños y creo que es admisible la licencia temporal y el enfoque afectivo que permiten acortar los plazos entre causa y efecto. Por otra parte, en ciertas regiones del mundo (en ciertas zonas del “cerrado” brasileño, por ejempl) basta una lluvia para que las plantas reacciones con una explosión de colores y vitalidad, y solo muchas lluvias después el río consigue llenarse.


Por otra parte, el Pequeño diccionario de imágenes no se dirige a "padres sin imaginación" como dice irónicamente la autora de la reseña;sino tanto al intermediario adulto como al niño que ya empieza a leer y que podrá ejercer su nueva competencia en estas tres páginas de iconos con su equivalente en palabras escritas. Una observación atenta del vocabulario permitirá advertir que en algunos casos se proponen más de un vocablo. Es que en los países de habla hispánica y a veces en diversas regiones del mismo país, solemos usar palabras diferentes para la misma cosa. 
Random House distribuye sus libros no solo en el país editor (en este caso Argentina) sino en otros del entorno linguístico, y este pequeño añadido multicultural no carece de utilidad.

Para terminar, me parece oportuno precisar que si bien yo pensé en el ciclo del agua cuando escribí este cuento, la idea inicial fue la de que cuando llueve, las nubes lloran... pero no necesariamente de tristeza sino de emoción. Yo vivía entonces en Dinamarca, un país bastante húmedo y probablemente luchaba contra la depresión que un cielo demasiado frecuentemente gris podía causar en mi espíritu tropical. También, al escribir el cuento, concebí a mi protagonista, una nube que crece y aprende de la vida (su vida de nube) como una metáfora del niño pequeño, que también avanza por la vida, descubriendo cosas y procurando (como los adultos en fin de cuentas) saber cuánto nos aman y dónde podemos ser más útiles y, por tanto, más felices.

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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).