LIBROS CON PAGINA PROPIA

LIBROS CON PAGINA PROPIA
Estos libros tienen página propia. Haz click en el título que te inerese en la barra encima de esta imagen de conjunto

Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

Google+ Followers

26/7/14

Alejandro Dumas: el escritor mulato y el general negro

Soy un gran admirador de Alejandro Dumas (padre) y hasta vivo  no muy lejos de la calle que porta su nombre en el nordeste de París. En mi adolescencia cubana leí con arrobamiento sus novelas "Los tres mosqueteros" y "El conde de Montecristo". Esas y otras obras ("Veinte años después" y "El vizconde de Braguelonne") también las vi en el cine , en el espacio Aventuras de la televisión cubana, o las escuché en adaptaciones radiales. 
Pero solo me convertí en un apasionado del gran escritor mulato francés cuando comencé a leerlo en francés. "Les trois mousquetaires" fue la primera novela que leí en la lengua de Molière, en un ejemplar que me prestó el director de la Alianza Francesa de La Habana a principios de 1989. Ya instalado en Francia, me procuré otras de sus novelas, algunas en viejas y venerables ediciones. 





El 24 de julio de 1802 nació Alejandro Dumas. El feliz acontecimiento tuvo lugar en Villers-Cotterêt, una pequeña localidad situada al este de París (una media jornada a caballo en tiempos del susodicho, y menos de una hora en tren actualmente). Era una zona boscosa de la Picardía muy apreciada como coto de caza de la nobleza por la que pasaron las tropas revolucionarias de las que formaba parte un joven oficial mulato, Alexandre Thomas Dumas. Este y la hija de un hostelero acomodado se enamoraron y él prometió volver cuando su situación fuese mejor y así lo hizo, ya con grados de general y cubierto de gloria, para casarse. Tuvieron tres hijos, si mal no recuerdo, uno de ellos el futuro novelista Alejandro Dumas, autor de “Los tres mosqueteros”, “El conde Montecristo” y otras muchas y populares novelas, libros de viaje, cocina, etc. Dumas padre (así llamado porque su primer hijo, su homónimo también fue escritor, pero con una sola obra famosa: “La dama de las camelias” que inspiró la gran ópera La Traviatta) fue tan rico que hizo construir un precioso capricho, perdón castillo, en las alturas que rodean París, dándole por nombre el seudónimo de su mejor personaje, Edmundo Dantés.
Monumento a Alejandro Dumas en la plaza del General Catroux, París


monumento a Dumas (con D'Artagnan) en París

modelo para la escultura de D'Artagnan

Hace menos de dos semanas cerró sur puertas en París la exposición “Mosqueteros”, dedicada a ese cuerpo armado de los siglos XVII-XVIII al que pertenecieran los tres famosos y D’Artagnan. Los cuatro protagonistas de la novela de Dumas existieron, pero el que mâs se parece al personaje real en que se inspiraron Dumas y su colaborador “científico” Maquet, fue D’Artagnan.
A la derecha, manuscrito de "Veinte años después" (Dumas) y a la izquierda, primera edición de  "Las memorias del Caballero D'Artagnan" (1700) y (abajo), manuscrito de "Los tres mosqueteros" en la versión de trabajo de Auguste Maquet.


No resistí la tentación de fotografiarme con una casaca de mosquetero, colgadas a la entrada de la exposición. Se trata de una mala reproducción tipo atrezzo teatral, pero en realidad no se conserva ninguna de época. Dumas llegó a conocer a uno de los últimos mosquetero aún en vida, el pintor Jericho, al cual entrevistó en su lecho de muerte… sin saber que había sido mosquetero en su juventud y sin tener, por entonces en mente, la escritura de sus tres mosqueteriles novelas.

De esas diversas épocas había en la exposición armas, cuadros, grabados, objetos… Por ejemplo un uniforme de gala de una de las dos compañías de mosqueteros (los llamados “grises” y los llamados “negros”) que hubo; pero tampoco era de la época de los tres que en realidad eran cuatro.

En la novela de Dumas se habla mucho de espadas, pero fue el mosquete (pensadísima escopeta de chispa y pedernal) el que dio nombre al cuerpo de élite de la guardia real del que el auténtico D’Artagnan llegó a ser el máximo jefe (después del rey, que era el comandante en jefe), además de ocupar otros cargos militares de importancia, sobre todo en tiempos de Luis XIV. Al morir en combate, ya con unos 60 años, en el asedio de Maastricht (Holanda), D’Atagnan era mariscal.


Gracias a los elementos audiovisuales había muestras de ello en varias pantallas. Exposición dinámica y moderna, también se pudo apreciar una animación de los excelentes dibujos anatómicos que ilustraron un manual de esgrima del siglo XVII, e incluso el ruido y el olor del mar en los dispositivos elaborados para la parte de la exposición consagrada al sitio de la ciudad portuaria de La Rochelle. Aunque en la novela este episodio apenas sirve para mostrar una vez más en ensañamiento de Milady y dar una muestra de la importante actividad militar que cumplieron los mosqueteros, fue esta en realidad una batalla tan importante que Luis XIII y Richelieu en persona dirigieron las operaciones. De este hecho histórico se conservan las armaduras que usaron ambos personajes. La del rey pesaba 26 kg y la de Richelieu más de 40. Sin dudas, con tal equipo, no había bala de mosquete que pudiera herirlos, pero solo a caballo podían moverse con ellas. De hecho, solo altos oficiales y responsables llevaban armadura integral. Los soldados (y mosqueteros) se limitaban a protegerse con corazas y cascos más ligeros.


A la izquierda, armadura de Luis XIII y al centro la de Richelieu
Como ya dije, D’Artagnan fue un personaje real, pero no se conserva imagen alguna. En la exposición había un grabado de algunos años después de su muerte que no tiene la menor garantía de semejanza; pero fue tan famoso que sí aparece en pinturas y grabados, pero como figura de grupo, sin detalles que permitan conocer su verdadera fisonomía. Obviamente, de Richelieu, Mazarino, Luis XIII, Ana de Austria y el Duque de Buckingham, entre otros personajes reales, sí hay abundante iconografía.

Imagen de época (no confirmada) del verdadero D'Artagnan y cuadro de época (veridico) de Richelieu durante el asedio a La Rochelle.

 
Ana de Austria con los famosos "ferretes" que alimentan uno de los mejores momentos de la trama de "Los tres mosqueteros". Como muestra el cuadro, no eran adornos para las orejas o el cuello, como muestran algunas peliculas, sino una especie de alfiler ornamental para las muchas cintas que adornaban entonces los vestidos de damas y caballeros (de ahî que el Duque de Buckingham pudiera usarlos los mismo que su supuesta amante, la reina de Francia.


Dumas y su colaborador Augusto Maquet (que investigaba y escribía una primera versión) se inspiraron en documentos de épocas más cercanas a la vida del auténtico Charles de Batz, en primer lugar una biografía bastante libre titulada "Las memorias del caballero D’Artagnan…” de la que se exponía un ejemplar de la edición de 1700, y las verdaderas memorias de La Rochefoucauld. De Dumas y Maquet se exponían sendos manuscritos: el de la primera redacción de "Los tres mosqueteros", de la mano de Maquet, y el de la redacción final de "Veinte años después" de la mano de Dumas (que siempre escribía en grandes hojas de papel azul claro y casi no corregîa).
Caricatura de Dumas en la época de sus popularísimas novelas de mosqueteros


Alejandro Dumas es el 13er escritor más traducido en el mundo y el segundo francés (precedido por Julio Verne, que es el segundo autor más traducido del planeta) y seguido por Georges Simenón (17° lugar),  Balzac (32°) y Charles Perrault (43°). Sin embargo, su bestsellerísimo “Los tres mosqueteros” se estrenó de manera bien modesta. La primera “entrega” apareció el 14 de marzo de 1844 en la parte baja de la primera página de un periódico sin la menor ilustración (El siglo), pero su fulminante éxito le aseguró un luminoso futuro, no solo por la cantidad de ediciones y traducciones, sino por las innúmeras adaptaciones: al teatro, la historieta, la radio, la televisión, el cine, e incluso a formas menos previsibles como la ópera y el ballet.




el primer capítulo de "Los tres mosqueteros" apareció modestamente, un un diario sin ilustraciones

Si a Dumas le interesaron las glorias militares de la época de los dos últimos reyes absolutos de Francia fue no solo porque era propio de la época (años 1840-50 en que desarrolló lo mejor de su carrera novelística) sino porque su propio padre fue un gran militar. El general Alejandro Dumas no  gozó de toda la gloria que merecía por el odio y los celos que generó en Napoleón Bonaparte. El general Dumas nació esclavo en Haití, pero su padre, un colono pobre que al fin regresó a Francia para heredar a su pequeño marqués de padre) lo trajo y le dio la mejor educación posible. Alexandre Thomas no solo era un coloso de cuerpo (cuentan que podía agarrarse a una viga y alzarse a fuerza de brazos… sosteniendo al caballo con sus poderosas piernas) un hombre honrado y digno que renunció al apellido de su esclavista de padre y al título de oficial que éste quería comprarle. Hizo una brillante carrera militar “desde abajo”, con el apellido de su madre, la ex esclava haitiana Cesette Dumas. Una carrera tan brillante y tan alejada de las componendas políticas del bonapartismo que le generó el odio de Napoleón.



El general Dumas murió de una enfermedad contraída en la prisión en que Napoleón le dejó permanecer al darle largas al pago del rescate que pedían sus enemigos de Francia contra los que Dumas se había batido con tanto coraje e inteligencia. El futuro novelista apenas tenía 4 años cuando murió su general de padre. Dos homenajes indirectos le rindió en sus obras: la descripción física de Porthos y el nombre de Montecristo asumido por Edmundo Dantés: Montecristo era la localidad vecina a la modesta plantación donde vivieran su padre y su abuelos.

Una de las novelas menos conocidas de Dumas, "Georges" es la única, que yo sepa, donde aborda la cuestión del mestizaje. El héroe de esta novela, escenificada en la Isla Mauricio en la época en que pasó de colonia francesa a colonia inglesa (1810-1830), narra una rebelión de esclavos lidereada por un mulato, brillantemente educado en Francia. Dumas se proyecta en su héroe y defiende la igualdad entre mestizos y blancos... pero cae en la contradicción de no defender la igualdad entre los negros y los mestizos, por no hablar de la igualdad con los blancos. La novela tiene un desenlace un tanto precipitado y nada feliz (hablo en términos literarios, puesto que la realidad histórica en que se inspira solo tuvo un final feliz en la victoriosa revolución haitiana). Estoy convencido de que Dumas intuyó sus contradicciones y acabó "abandonando" la, sin embargo, interesantísima novela.




en 1996 me senté en el escritorio de Alenjandro Dumas en su Castillo de Montecristo (Pont-Marly, en las cercanías de París). Este palacio se lo hizo construir con la fortuna que le reportaron novelas como "Los tres mosqueteros" y "El conde Montecristo", pero solo vivió allí un par de años, pues sus numerosos y voraces invitados le generaron tales deudas que tuvo que vender el precioso lugar. Tal era la agitación en el Castillo de Montecristo, que Dumas abandonó este escritorio para trabajar en una torre que se había construido un poco apartada del lujoso edificio principal. 


























13/7/14

¡Se acabó el fúbol!

 ¡Ertico campeón!
collage a partir de ilustraciones de Ajubel
  
Unas semanas después, Ertico estaba de visita en lo de su abuela y le contó que el equipo de fútbol del colegio debía participar en el campeonato municipal.
-Pero van a pasarlo muy mal porque Manolete, nuestro capitán, está con anginas. Todo el mundo se ha puesto muy triste: unos porque el colegio va a perder el campeonato y los otros porque Manolete está enfermo... ¿Sabes? Él es el chico más popular del cole.
La abuela miró a Ertico detenidamente, pensó un poco y dio su golpecito en el borde de la mesa:
-Lo que tú necesitas es un par de medias.
ilustración de Ajubel, p. 59














El equipo de fútbol del colegio no tardó en verse arrinconado, con marcador de 3 goles a 0. Ya estaba terminando el segundo tiempo cuando Ertico, con las orejas rojas como amapolas, fue a pedirle al entrenador que lo dejara entrar al terreno.
El hombre miró las flacas piernas de Ertico, que parecían todavía más flacuchas con aquellas medias de lana y seda, sombrías y luminosas al mismo tiempo. Ya iba a responderle que no cuando el árbitro expulsó al mejor jugador que le quedaba.


             "Peor no podemos estar", pensó el entrenador, y le dijo:
-Está bien, ve.
Ertico corrió como un fórmula 1, se apoderó del balón, esquivó a los defensas del equipo contrario y metió su primer gol en cuestión de segundos.
Para no cansarte, te diré que el partido terminó 15 a 3, a favor del equipo de Ertico.
Ese día lo subieron a hombros y todos querían andar con él.
Pero con el fin del campeonato y la llegada del invierno, el fútbol se acabó.
Ertico volvió a ser el de antes: callado y flaquito, sentado en medio del aula y solitario en un rincón del patio durante el recreo.
Y al fin fue a ver a su abuela con las medias de futbolista en un bolsillo.
-Gracias, pero no funcionó...
ilustración de Ajubel, p.33














Capítulo 5 de Vuela, Ertico, vuela
[novela publicada por SM (Madrid, 1997) y descatalogada tras vender 96 000 ejemplares]


12/7/14

mi artículo chino

 En 2004, la revista Publicaciones infantiles y juveniles en Chine, presentó una traducción en mandarín de mi artículo « Andersen y Marti : dos cantos para un ruiseñor », estudio comparativo del cuento « El ruiseñor », de Hans Christian Andersen (Odense, 1805 - Copenhague, 1875) que fuera adaptado por el escritor, pensador y político cubano José Martí (La Habana, 1853 - Dos Rios,1895) e incluido en el cuarto y último número de su revista infantil La Edad de Oro (Nueva York, 1889) con el título significativo de “Los dos ruiseñores”. 


tapa de la revista Publicaciones infantiles y juveniles en China

La Edad de Oro, conocida generalmente en formato libro (la primera versión que reunió los cuatro números en un solo volumen fue publicada en Costa Rica, en 1921) ha sido numerosas veces reeditada en Hispanoamérica, donde se la considera como uno de los clásicos de nuestra literatura infantil y juvenil. En Cuba, donde se la reedita frecuentemente, los niños conocen perfectamente esta fabulosa compilación de cuentos, poemas y artículos de temática diversa.


tapa original de La Edad de Oro


primera página del número que contiene "Los dos ruiseñores"

índice del número 4 que presenta también "Un paseo por la tierra de los anamitas", un importante artículo referido al extremo oriente

A diferencia de los otros textos de La Edad de Oro que no fueron escritos por el propio Marti  (los otros dos cuentos son del francés Edouard de Laboulaye, que los había adaptado a su vez de tradiciones nórdicas), “Los dos ruiseñores” no es una simple traducción, sino una versión libre. Los cambios introducidos por Martí reflejan claramente sus ideas políticas y su admiración por la resistencia china al dominio occidental que tenía lugar a fines del siglo XIX. En ese sentido el cuento de Martí es realista, mientras que la versión de Andersen utiliza la China imperial como mero marco exótico. Por otra parte, todo el resplandor de la prosa modernista del gran escritor cubano y su admirable capacidad para comunicarse con los pequeños resaltan en la adaptación.

La primera traducción integral francesa de La Edad de Oro comenzó a publicarse (número a número, como en la versión original) en 2012. Es la iniciativa de la modesta asociación de Lyon (la segunda ciudad de Francia) L’Atelier du Tilde. En febrero del año siguiente, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana tuve la satisfacción de presentar los dos primeros números en la Sociedad Cultural José Martí y en el Centro de Estudios Martianos. A esta última institución y a la Biblioteca Nacional de Cuba (que lleva precisamente el nombre del gran poeta, pensador y organizador de nuestra independencia) ofrecí sendos ejemplares de la publicación.
.

tapa del segundo número de la edición francesa (Lyon, 2013)



indice en inglés de la revista china de literatura infantil y juvenil

primera página de mi artículo en mandarín


DOS CANTOS PARA UN RUISEÑOR

El cuento chino de Andersen


por Joel Franz ROSELL

El año 2005 reúne una vez más a Hans Christian Andersen (Odense, 1805- Copenhague, 1875) y a José Martí (La Habana, 1853-Dos Ríos, 1895). En este artículo me referiré particularidades y circunstancias de la creación de uno de los más hermosos y característicos textos del Príncipe de la literatura infantil. “El ruiseñor” se ha popularizado en Cuba en la versión que hizo Martí para su revista La Edad de Oro, y de las peculiaridades de dicha adaptación nos ocuparemos en un segundo artículo.

Un encuentro impredecible
De entrada, nada predisponía al encuentro de estos dos titanes literarios. En primer lugar, pertenecían a generaciones diferentes y, de cierta manera, en conflicto, pues Andersen era romántico y Martí postmoderno. En segundo lugar, tenían conceptos muy distintos del libro infantil; para el danés lo importante eran los sentimientos y la fantasía, mientras para el cubano, los libros debían preparar al niño para la vida y darle una conciencia ciudadana crítica. Para terminar, sus preferencias políticas eran diametralmente opuestas, dado que uno admiraba la realeza y el otro era un convencido republicano.
Pero también hay cosas que los acercan. Andersen fue uno de los primeros autores infantiles, y sin dudas el que dejó una bibliografía más amplia y trascendente, en recurrir más a su imaginación que al acervo de narraciones populares anónimas (Perrault y los hermanos Grimm, por ejemplo, no son más que adaptadores de gran talento). Por otra parte, el escritor danés se atrevió a utilizar el habla común y no la prosa canónica en boga, y por ello fue incomprendido y criticado. Si hoy algunos de sus textos nos dan la impresión de explicitar sus mensajes y estar cargados de religiosidad, lo cierto es que Andersen supo posponer lo educativo al desarrollo de la trama y al placer de la palabra, y propició una imagen de Dios más amable y cercana que la autoridad severa y distante común en su época (la misma que quiso imponerle a Martí el editor de La Edad de Oro, causando así el prematuro fin de la revista).
Dos últimos factores se combinaron para posibilitar el encuentro del más famoso de los daneses con el más grande de los cubanos: en primer lugar la calidad literaria del cuento que los une, y en segundo, el conocimiento de la infancia adquirido por Martí en su relación con María Mantilla, que le permite no solo cambiar su opinión sobre Andersen, sino hacer de La Edad de Oro la obra maestra que es.
Andersen titula su texto "El ruiseñor" y Martí llama a su versión “Los dos ruiseñores”. Si el primero sugiere que no hay más que un ruiseñor: el verdadero, de canto portentoso e inimitable, comparable a la imperiosa individualidad de esos artistas románticos entre los que él mismo se inscribe, el segundo insiste en la oposición entre el arte verdadero (el ruiseñor vivo) y el falso (el ruiseñor mecánico, de oro y piedras preciosas).
Hans Christian Andersen siempre reclamó para sí el término danés digter, que unge al poeta con cierta aura divina. El artista incomprendido, el valor de lo sencillo-auténtico y el poder redentor del arte son motivos recurrentes en su obra. Hombre de orígenes extremadamente humildes, que luchó siempre por el éxito personal y el aplauso de la aristocracia (la de « sangre » y la del espíritu), Andersen tenía aspiraciones que estaban prácticamente en las antípodas de las de Martí, que salido de un estrato social menos humilde, puso su vida al servicio de la libertad, la democracia y la justicia.
 Pero a la larga, Andersen y Martí comparten una postura que los define como escritores modernos: saben vehicular en un relato para niños la pasión de sus vidas. Que una de esas pasiones fuese personal y estética, y la otra colectiva y revolucionaria, termina por no ser más que un detalle.

 

El "cuento de hadas chino"

El 11 de octubre de 1843 Andersen anota en su diario: "Pasé la noche en Tívoli para la celebración de Carstensen. Volví a casa y comencé mi cuento de hadas chino"[1]. Al día siguiente precisa que lo ha terminado y un mes después lo publica bajo el título de "El Ruiseñor"[2].
Andersen se inspira en las chinerías imaginarias y no en la China real, a la que no lo acercó ni siquiera una documentación fiable. Los primitivos pabellones del Tívoli, de madera y lona, fueron Morisco, Turco y Chino, sin contar el bazar oriental o el Concert Hall (todavía en pie), que, según rumores difundidos probablemente por el propio inventor del parque, habría sido diseñado por el emperador de China en persona.
El especialista en literaturas escandinavas Régis Boyer recuerda que: "la moda de las chinerías estaba viva a comienzos del siglo, en Dinamarca como en toda Europa: el motivo reaparece muchas veces en la obra de Andersen y la lista sería aquí ociosa. Apasionado como era del teatro, el autor pudo también tomar sus motivos chinos del libreto de Scribe para la ópera de Auber El Príncipe de China, representada en el Teatro Real (de Copenhague) el 29 de enero de 1836"[3].
Pero es en la infancia que se produce el primer encuentro de nuestro autor con la China fabulosa: « Una anciana lavandera me había asegurado que el Imperio de la China estaba justamente debajo del río de Odense. De tal modo que yo esperaba en las noches de luna ver surgir de las aguas a un príncipe chino que, tras haberme oído cantar, me llevaría con él a su reino, me llenaría de riquezas, me colmaría de honores y me permitiría regresar enseguida a Odense, donde haría construir castillos para radicarme en ellos »[4].
En líneas generales, el romanticismo danés consideraba que un artista, fuese poeta o pintor, debía trascender su país y buscar inspiración en climas exóticos. Andersen viajó abundantemente por Escandinavia, Alemania, Francia, Gran Bretaña... y sobrepasó los límites, entonces pintorescos, de Europa (Nápoles, Andalucía, los Balcanes...), para llegar a Malta, Marruecos y Turquía. Solo tres meses antes de escribir “El ruiseñor” ha terminado un largo periplo que lo llevó hasta la actual Estambul. El peculiar ambiente del Imperio Otomano debió dejar el espíritu de nuestro autor preparado para situar en China su nuevo cuento.
Pero al acontecimiento farandulero que pudo servir de detonante y al sueño infantil que aportó el combustible, el biógrafo danés Elias Bredsdorff añade el vínculo pasional que confiere a la obra su profunda significación. Todo el mes que precede la redacción del cuento la pasó Andersen en la fascinante cercanía de Jenny Lind, una bella y talentosa soprano que no tardaría en ser conocida en todo Occidente como “El ruiseñor sueco”.
Recuerda Bredsdorff que cuando se presentó en Copenhague en el otoño de 1843, la Lind aún no era conocida fuera de Suecia y el público prefirió la ópera italiana que daban en el Teatro de la Corte. Andersen, que ya había hecho de ella el más durable de sus amores platónicos, habría representado a la soprano en la figura del ruiseñor auténtico, y reservado a la compañía italiana el triste rol del ruiseñor artificial. Bredsdorff subraya que cuando la diva cantó para el rey de Dinamarca, éste la premió con diamantes. Andersen presenció la escena y pudo tomarla como modelo para la situación del cuento en que el emperador chino ofrece al ruiseñor su chinela de oro.
Régis Boyer evoca otra anécdota, recogida en sus memorias por la actriz y cantante Charlotte Bournonville :
Uno de los más cercanos amigos de mi padre, un joven muy amante de la música, estaba peligrosamente enfermo y la pena que le causaba no poder escuchar a Jenny Lind contribuía notablemente a empeorar su estado. Cuando Jenny Lind lo supo exclamó: “Querido señor Bournonville, déjeme cantar para ese enfermo”. Era arriesgado someter a un enfermo grave a tal emoción, pero dio resultado. Pues después de escucharla, se recuperó [5].

Miembro del círculo de amistades de la Lind y los Bournonville, nuestro escritor estuvo ciertamente al tanto del singular suceso y pudo convertido en la situación central del cuento. De cualquier manera, tanto Jenny Lind como el propio Andersen fueron  grandes artistas, espíritus sensibles, frecuentemente incomprendidos, a quienes les cabía el rol del ruiseñor. Muchos son los textos, de ficción o no, en que el autor danés defiende su convicción de que el genio innato, cuyo talento natural sería de esencia divina, es necesariamente superior al artista de cultivo. Andersen, no lo olvidemos, tuvo una formación académica tardía y accidentada, y nunca consiguió el reconocimiento pleno de las cumbres intelectuales de su país.
La cuestión del escenario del cuento es decisiva a la hora de comprender el carácter autobiográfico que tienen muchos de los mejores textos de Andersen, pero también para entender las principales modificaciones que introduce Martí en su versión “Los dos ruiseñores”. En El cuento de mi vida leemos: « Los viajes son para mi espíritu como un baño refrescante y restaurador. Necesito de ellos, no para remozar mi inspiración, sino para dar en un marco común vulgar, una expresión y una forma novedosa e inédita »[6].
Hemos de concluir que tras el decorado oriental del cuento se halla Dinamarca. La relación de Andersen con su país fue una sucesión compleja de amor y rencores, de loas y reproches que se tornan explícitos en su correspondencia y en sus diarios, y se que adivinan en varios de sus textos de ficción (para niños o para adultos; cuentos, novelas, poemas o piezas teatrales).
Cuando escribe “El ruiseñor”, Andersen ha alcanzado su primera madurez, empieza a ser bien conocido en Alemania y Gran Bretaña, y a tener cierto reconocimiento en Dinamarca. Este cuento testimonia su maestría en la composición, en el manejo de las imágenes y la palabra, y su capacidad para transformar experiencias de vida y sentimientos íntimos en una fábula universal. La penúltima escena, en que el ruiseñor arranca al Emperador de las garras de la Muerte, puede inscribirse entre las más bellas páginas de la literatura (para chicos o no) de todos los tiempos.

Publicado como “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor” en Cuatrogatos, revista electrónica de literatura infantil. no 4. Miami, mayo de 2001. http://www.cuatrogatos.org/articulolosdosruisenores.html

Otras versiones:
“Andersen y Martí: los dos ruiseñores”. CLIJ. Barcelona, septiembre 2001
“Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”. Umbral números 17 y 18. Santa Clara, Cuba 2004-2005.

Bibliografía

ANDERSEN, Hans Christian: Oeuvres. Paris. Gallimard, 1992. Colección La Pléiade,   tomo I. Traducción, notas y presentación de Régis Boyer.
_______________________ : El cuento de mi vida. La Habana. Gente Nueva, 1989.
 Elias BREDSDORFF: Hans Christian Andersen. Paris. Presses de la Renaissence, 1989. MARTÍ, José: La Edad de Oro. La Habana. Centro de Estudios Martianos & Editorial Letras Cubanas, 1989. Edición Facsimilar.
Diversas versiones de “El ruiseñor”, en castellano, portugués, francés, italiano, inglés y danés.



[1]  Boyer,  In : Andersen : Oeuvres, p. 1354
[2]  Primera edición en libro:  Nuevos cuentos. Primer volumen. Primera colección. Copenhague, 1844.
[3]  Boyer,  Ibid.
[4]  Andersen : El cuento de mi vida;  p. 29
[5]  Boyer,  Op Cit, p. 1355
[6]  Andersen : Op Cit.; p. 129




Hay tres versiones de este artículo en castellano:

 “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor” en Cuatrogatos, revista electrónica de literatura infantil. no 4. Miami, mayo de 2001. http://www.cuatrogatos.org/articulolosdosruisenores.html

“Andersen y Martí: los dos ruiseñores”. CLIJ. Barcelona, septiembre 2001

“Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”. Umbral números 17 y 18. Santa Clara, Cuba 2004-2005.

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).