LIBROS CON PAGINA PROPIA

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autorretrato inédito en libro

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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5/1/14

Mi año 2013: cuatro viajes transatlánticos, 2 novelas y diversos talleres, encuentros y ferias: para que luego calumnien el 13

 
 
En febrero 2013 estuve en Cuba, y visité por primera vez en 30 años mi ciudad natal de Cienfuegos (la "Perla del Sur", con justicia así llamada).
 
 


También asistí al Encuentro de Literatura Infantil, en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde presenté la primera traducción francesa del clásico cubano La Edad de Oro (José Martí, 1889) cuyos dos primeros tomos han sido editados por L'Atelier du Tilde, asociación editorial de Lyon, Francia. 
 
 
 
 
 

Apenas regresar, a principios de marzo, viajé por primera vez a Bogotá, invitado al Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil para intervenir en la mesa Compromisos de la LIJ junto a la portorriqueña Georgina Lázaro, el uruguayo Federico Ivanier y el colombiano Jairo Buitrago (mi comunicación, titulada “La literatura infantil: un doble compromiso (terceros, abstenerse)” defiende la función estética sobre cualquier función educativa”.
 
Una llama (¿un guanaco?) en la plaza central de Bogotá

 
Entre los muchos escritores a quienes conocí o volví a ver están los que compartimos lecturas con los chicos colombianos en el Picnic Literario del Parque Nacional: las galardonadas Marina Colasanti (Brasil), Maria Teresa Andruetto (Argentina), Yolanda Reyes y Gloria Cecilia Díaz (Colombia) y los cubanos Antonio Orlando Rodríguez y Sergio Andricaín.

 

En la segunda quincena de marzo, unos días después de mi regreso de Colombia, me trasladé a la localidad de Gien, a unos 150 al suroeste de París para participar en el Salón del Libro Infantil donde conversé sobre todo con los jovencísimos lectores de mis libros “Petit Chat Noir a peur du soir” (inédito en castellano) y la traducción francesa de “El pájaro libro”.
 
el Salón del libro de Gien se desarrolla entre las venerables murallas de un castillo medieval
 
De allí salté al Salón Internacional del libro de París, donde firmé ejemplares de los libros que he publicado en la Guayana Francesa y entrevisté al colega guadalupeño Lemy Coco.

 

 
También durante los primeros meses del año hice una serie de interesantes talleres. Entre otros, trabajé con chicos del colegio Gerard Philippe de Soissons, por cuenta de la Maison des Ecrivains y con alumnos de español del liceo profesional de Nemours. 
 
Pero el proyecto más ambicioso fue el organizados por asociación de bibliotecarios Bib’Gang para el ambicioso proyecto “Embarquez-vous pour l’Amérique Latine” desarrollado en nueve escuelas de diversas localidades del Calvados, en el norte de Francia.
 
 
No solo de libros vive el escritor. “Los viajes forman la juventud” se acostumbra a decir en Francia, y para un escritor (especialmente de libros infantiles) es esencial mantenerse joven (es decir, en formación). Así que mis viajes, por literarios que sean, también incluyen un poco de turismo.
 
 
Caen fue mi base de operaciones en el Calvados. Esta ciudad del norte de Francia abunda en magníficos monumentos.
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Y Soissons no se queda atrás: heme aquí ante los restos de su magnífica abadía del s. XIII
 
 
El 30 de mayo llegué a Madrid para participar en la Feria del Libro de la capital española. No tenía novedades editoriales, pero sí fue la primera (y única hasta ahora) oportunidad de frotarme con los lectores de mis dos últimos libros ibéricos: “Gatito y la nieve” (publicado en diciembre de 2012) y “El paraguas amarillo” (enero 2012). Ambos fueron editados por Kalandraka, editorial que mereciera el Premio Nacional de Edición de dicho año y que, por esa razón fue visitado por la reina Sofía de España en su visita inaugural de gran evento editorial español.

 
En julio visité una región de Francia (vasto y variado país con su medio millón de kilómetros cuadrados) que aún no conocía: el Armagnac (sudoeste), tierra del mosquetero D’Artagnan. Fui allí invitado al Festival de Salsa de Vic-en-Fezensac. No fui invitado a bailar y mucho menos a tocar música popular cubana, sino en calidad de Invitado Literario de la vigésima edición del que quizás sea el mejor festival de salsa de Francia. Departí con un interesado público sobre cómo se formó mi vocación de lector primero y escritor después en el marco de la construcción de la literatura infantil cubana a partir 1959.

 

En septiembre volví a Colombia, invitado a una serie de eventos en el marco de la VII Fiesta del Libro y la Cultura de la dinámica ciudad de Medellín, entre ellos el XXII Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil, el XXI Juego Literario de Medellín, el Encuentro de Abuelos Cuentacuentos y la Feria del Libro. Mi estancia fue coordinada y financiada por la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra, que me llevó al encuentro con chicos de escuelas públicas y privadas de la ciudad y sus alrededores.

 
 
 
Estuve doce días en Colombia, y además de darme un salto a Bogotá para realizar unos talleres en el liceo francés de la capital, aproveché mi segundo domingo en Medellín para visitar el impresionante embalse de Guatapé

En octubre viajé por primera vez a la hermana isla de Puerto Rico, invitado al Festival de la Palabra. Allí compartí con varios de los 79 escritores procedentes de ambos lados del Atlántico.
 
Con la escritora boricua Tina Gatagán
 
Hice varios talleres con chicos y participé en dos mesas redondas (junto a la argentina Ana Maria Shuá y los boricuas Zulma Ayes y Carlos Vásquez Cruz), y aproveché la ocasión para visitar la antigua capital colonial, San Juan Viejo.
 
Junto al castillo del Morro de San Juan

Entre el 18 y el 20 de octubre viajé a Nantes para celebrar con la asociación Hola Cuba!  el Día de la Cultura Cubana. Un pequeño pero cálido evento con conferencia, recital, exposiciones… y que me permitió conocer la ciudad de mi admirado Julio Verne.
 
En esta ocasión repetí la conferencia impartida en Vic, pudiendo esta vez ilustrarla con una amplia y en parte inédita iconografía.

 
Nantes no ha rendido a Verne tantos homenajes como merece. Pero al menos, en el barrio donde pasó su infancia y adolescencia hay un conjunto escultórico donde una estatua de Verne niño contempla a un Capitán Nemo.
 
 
Regresé de Nantes en la locomotora de un Tren de Alta Velocidad (TGV en francés, no confundir con el AVE español, de otra tecnología). Por supuesto, no fui yo quien condujo el tren.
 
 
 
 
 

En noviembre no viajé, pero celebré mis Bodas de Perla con la literatura con la publicación de mis dos libros del año, ambos latinoamericanos: "El secreto del colmillo dorado", nueva versión da la novela policíaca para chicos -casi homónima- con la que inicié mi bibliografía a fines de 1983 en La Habana y que, en esta nueva versión es mi primer libro colombiano (Editorial Libros & Libros).
 
 
Casi al mismo tiempo apareció mi novela fantástica “Concierto n°7 para violín y brujas”, una obra nueva, escrita este mismo año, que es mi segundo libro editado por el Fondo de Cultura Económica (México).

 
 
 
No puedo quejarme de 2013, ¿verdad?
 

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la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).