LIBROS CON PAGINA PROPIA

LIBROS CON PAGINA PROPIA
Estos libros tienen página propia. Haz click en el títulos seleccionado en la barra encima de esta imagen de conjunto

Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

2/4/13

Un pequeño gran salón del libro infantil

El mes pasado (22 al 24 de marzo) fui uno de los autores invitados al 28° Salon del Libro del territorio Giennois (abarca varias localidades a orillas del Loira, aproximadamente a 150 km al este de París). Como suele ocurrir en eventos similares, los escritores e ilustradores estuvimos los días previos visitando escuelas donde los niños habían leído nuestras obras, mientras que el salón propiamente dicho tuvo lugar sábado y domingo, en este caso en el pequeño y hermoso castillo de Saint Brisson.



Me tocó pasar la mayor parte del viernes en compañía de pequeños que habían entrado en contacto con mis álbumes Petit Chat Noir a peur du soir  (inédito en castellano), L’oiseau-lire (El pájaro libro en la edición original de Ediciones SM) y « La chanson du château de sable » (La canción del castillo de arena en la edición castellana de A Fortiori, editorial bilbaína que también lo tradujo al vasco).

Este último es el único de mis siete títulos franceses que lleva mis propias ilustraciones ; por lo que fue uno de los libros que más vendí en el salón (los franceses mal resisten a la tentación de llevarse a casa un libro con un dibujo original por dedicatoria).





Si mis visitas a las escuelas primarias (prescolar, primero y segundo grado) fueron cuidadosamente preparadas y en cada aula me esperaban ejemplares de mes libros, la única secundaria que se había ofrecido a recibirme no solo no compró un triste ejemplar para su biblioteca sino que ni siquiera la profesora de Español (supongo que eso fue lo que motivó mi presencia allí) se tomó el trabajo de presentar a sus alumnos alguno de los numerosos textos míos que pueden descargarse de sitios de Internet en castellano. Y eso que, como me dijo, los chicos habían « investigado » sobre mí en la web.

En efecto, los alumnos se mostraron muy atentos (“¡Si todos los días se portaran así…!” comentó el director, que tuvo la amabilidad de asistir al encuentro) y me hicieron las preguntas habituales : « ¿Por qué escogió usted este oficio ? », « ¿Cuántos libros ha escrito? » « ¿Cuál es su preferido? »…

Preguntas semejantes podrían habérselas formulado a cualquier otro escritor, e incluso, sin cambio fundamental, a un camionero, bailarín o cosmonauta.

Es una pena que, pese a los muchos recursos que se gastan en la promoción de la lectura y a la pasión que ponen en ello muchos promotores culturales, todavía haya profesionales de la educación que no comprendan que de nada sirve traer al colegio un autor que no ha sido previamente leído y que tampoco será leído después, puesto que no hay un solo libro suyo a mano.

Mientras me hallaba en la biblioteca, rodeado de estantes llenos de libros y revistas, me decía que no era por falta de recursos que ni siquiera uno de mis libros había tenido el honor de hallarse allí.



De más está decir que entre los libros de mi autoría que fueron adquiridos en el Salón, muy pocos fueron ejemplares de La légende de Taïta Osongo (La leyenda de Taita Osongo en la edición del Fondo de Cultura Económica y de la cubana Ediciones Capiro) o de Cuba destination trésor (Mi tesoro te espera en Cuba ha tenido ediciones en Argentina y España). Los adolescentes que se me acercaron no eran estudiantes del colegio Mermoz, y tampoco se portó por allí la profesora de Español, que hubiera podido aprovechar alguno de mis textos más breves en sus clases… o adquirirlo por mero amor a la lengua que enseña. El caso es que me quedé pensando que la única razón por la que los adolescentes leen poco no es su preferencia por Internet, el celular, los juegos de video y otros culpables electrónicos.


Los voluntarios que aseguran la continuidad del Salón del libro del Giennois (¡veintiocho años llevan en ello!) no organizaron solo la visita de autores a colegios y la venta de sus obras en el segundo piso del castillo de Saint Brisson. También convocaron músicos, artistas plásticos, narradores orales… Entre estos últimos se destacó la cubana Mercedes Alfonso, que sin vaciar su maleta de retorno de La Habana (donde participó en un importante encuentro de narradores) encantó al público con su espectáculo “Paroles face a la mer” (Palabras de cara al mar) donde reúne cuentos de tradición oral y de autores contemporáneos.



Entre otras experiencias memorables, traje de regreso un bonito regalo: un cuaderno con los dibujos en que los niños de una de las escuelas que visité recrearon mi cuento El pájaro libro. Que esta fábula sobre la lectura y el sueño de todo autor de ver llegar sus obras a los lectores más diversos alcanzó a los chiquitos de Saint Brisson, he aquí una muestra:








Leyenda: el cuaderno lleva el muy apropiado título de “Mi Pájaro libro”

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.

Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

(Tengo músculos de payaso)






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).