LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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17/7/12

Aviñón: del retablo papal al teatro democrático

carteles en la rue des lices
Aviñón, ciudad fundada por los galos antes de la conquista romana y una de las perlas de la dulce Provenza, en el sur de Francia, se ha hecho famosa por dos cosas: varios papas instalaron en ella su capital durante el agitado siglo XIV, y desde hace 66 años es la capital del teatro mundial. Yo había hecho una corta estancia en Aviñón hace más de tres lustros, pero en pleno invierno (del 31 de diciembre al 1 de enero) y no podía imaginar la fiesta fabulosa que es esta ciudad en el mes de julio: cuando el cielo es de un azul cubano, el aire deliciosamente cálido se anima con el canto inmutable de las cigarras, y las calles se inundan de carteles y actores que invitan a presenciar uno de los 1142 espectáculos escénicos (teatro, danza, música, circo) que participan del festival oficial (el “In”) y del extraoficial (el “Off”); sin contar las performances de calidad dudosa, pero que atraen la abundante muchedumbre veraniega, siempre dispuesta a “matar el tiempo” gratis, que es lo que podríase llamar el festival “Out”.


Yo no soy un aficionado al teatro. Raramente voy a espectáculos escénicos, y no iba a viajar a Aviñón para ponerme al día. Pero por razones que no vienen al caso, estuve allí casi tres días y les regalo algunas de las fotos que hice de la variada arquitectura aviñonesa y del ambiente festivo que se extiende durante los 22 días del formidable evento fundado en 1947 por el actor y director teatral Jean Villar (quien nació hace 100 años, precisamente). Villar fue un visionario de la democratización de la cultura que decía: “El teatro es un alimento tan indispensable”’ a la vida como el pan y el vino… Es, ante todo, un servicio público. Como el gas, el agua y la electricidad”, pero a la gratuidad ocasional que contenta las conciencias, prefería una política de precios accesibles todo el año. La ideología progresista y democrática de la Reconstrucción (tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi) marcó la importante acción de Jean Villar, que no solo fundó el Festival de Aviñón precisamente dos años después de la Liberación, sino que fundó y dirigió el Teatro Nacional Popular de 1951 a 1963 y contó con el apoyo de artistas tan brillantes como Gerard Philippe, Maria Cassarès y Maurice Béjart.
otra calle en ambiente festivalero

Solo vi dos espectáculos y no pienso comentarlos, pues ya dije que no soy un conocedor del teatro francés (francófono, como prefiere ser considerado el festival, pues se abre a la escena mundial en la lengua de Molière –nunca mejor utilizada la fórmula, puesto que de teatro hablamos) e incluso a otras lenguas. Este año la gran estrella de la Cour d’honneur (el Patio Central del Palacio de los Papas, que es la mayor y más prestigiosa “sala” del festival) es el estreno mundial de “El maestro y Margarita”, de Mijail Bulgakov, en la elogiada adaptación del británico Simon McBurney. Gran Bretaña es el país invitado de la 66ª edición del festival.



Me dediqué sobre todo a pasear la ciudad y a delectarme con el ambiente de inmensa, variada, ecléctica y cambiante obra de teatro coral que es Aviñón durante su festival.



los distintos espectáculos hacen el "appel" en traje y tono de cada obra

Empecé por volver a visitar Palacio de los Papas. Pero comencé la visita a las 6 de la tarde y con los guardianes en los talones, que iban cerrando detrás de mí las distintas salas. Me consta que no visité partes el inmenso y laberíntico edificio (de hecho son dos palacios: el “Viejo” y el “Nuevo”, cuya construcción implicó tres papas: Benito XII, Clemente VI e Inocente VI) donde estuve la primera vez, a mediados de los 90, pero no sé si fue por falta de tiempo o porque durante el festival parte del palacio resulta inaccesible.

vista interior del palacio de los papas (siglos XII-XIV)
El otro gran monumento de la “ciudad papal” es el Puente Saint-Benézet, construido en el siglo XII y reconstruido varias veces hasta que, cinco siglo después, hubo que rendirse a la evidencia de que el lugar estaba mal escogido, pues la corriente era demasiado revoltosa. Si es quizás el más famoso puente de Francia es a causa de una vieja canción infantil que  repite: “Sur le pont d’Avignon on y danse, on y danse…” (En el puente de Aviñón bailamos, bailamos…”) lo que no es exacto, pues el puente era demasiado estrecho para permitir el jolgorio… que ocurría, en realidad, DEBAJO del puente, en las acogedoras márgenes del Ródano.
El puente se rompió muchas veces. A fines del siglo XVII desistieron de reconstruirlo. Tras la capilla se prolonga el puente unas decenas de metros más hasta quedar interrumpido a unos 30 ó 40 metros de la otra orilla

Por ese gusto francés por las paradojas (pensemos en “Los Tres Mosqueteros”, que canta la gloria de D’Artagnan, el cuarto mosquetero), lo que quizás ha hecho tan famoso al Puente de Aviñón, al margen de su belleza y antigüedad, es que ya nadie lo cruza, pues quedó roto definitivamente desde finales del siglo XVII.

 Si vi pocos espectáculos, en cambio recorrí minuciosamente la ciudad intra-muros (la muralla, del siglo XVII) se conserva en toda su extensión y en muy buen estado de conservación), y mi preferencia va para la zona sudeste, en torno a las calles Bonnetire y Teinturiers donde se conservan un canal y los molinos de agua que suministraban la energía necesaria a los talleres textiles.




Aviñón fue la capital de la cristiandad durante siglo y medio, e incluso después de los papas a Roma, alojó a dos “anti-papas”, siendo administrada por los sumos pontífices hasta la revolución que estalla en 1789 y arrasa los abundantísimos monasterios e iglesias.
Añadir leyenda
 Los dos momentos históricos: el dominio de la religión y el anticlericalismo se superponen de manera sorprendente en esta ciudad: no conseguí caminar cinco minutos sin pasar delante de una iglesia o capilla de suntuosa arquitectura… y sin embargo no logré entrar en templo alguno: o estaban cerrados (¿a causa de la hora?) o habían sido transformados en salas de espectáculo u otra instalación cultural.
Agricol parece haber sido nombre corriente en el país provenzal. El más famoso fue obispo y le dejó su nombre a esta bonita iglesia.












También me asombró la peculiaridad de las librerías aviñonesas. Para una ciudad con Universidad y dominada por evento cultural de la dimensión del festival de teatro, hay muy pocas, y todas las que vi vendían libros antiguos, caros, evidentemente destinados a los ricos franceses –que predominan en el soleado sur de Francia- o extranjeros –que lo mismo- y no verdaderos lectores. Di por casualidad con una calle que concentraba varias librerías especializadas en historieta (género muy popular entre niños, adolescentes y adultos en Francia), pero no vi ni una sola librería generalista. 


De manera que no vi un solo libro infantil, fuera del mercado de libros de segunda mano (todos antiguos, también) instalado junto a la Porte de la Republique, la principal de la ciudad puesto que conecta la calle homónima, principal de Aviñón, con la estación de trenes, situada al otro lado de la muralla.

Miento, vi libros infantiles en la biblioteca municipal. La Sección Infanto-juvenil está excelentemente instalada en un vasto edificio con amplio jardín desde el cual se accede directamente a la amplia y luminosa sala destinada a los más jóvenes que cuenta al pie de una atractiva escalera de caracol con un rincón decorado por un fresco de alegres colores, que parece un libro abierto.

Muebles adaptados a los pequeños completan el decorado. Una amable bibliotecaria me informó que tenían mi penúltimo libro francés, y que el último estaba en otra de las bibliotecas de la ciudad y en el bibliobús.

Aunque tengo por costumbre entrar en al menos una biblioteca de cuanta ciudad visito, llegué allí por casualidad, pues mientras deambulaba decidí visitar el museo de Angladon, que sí aparecía en mi mapa, y se hallaba en la acera de enfrente. Este museo, instalado en una de esas mansiones que en Francia llaman “hôtel particulier” (hotel particular) presenta la ecléctica colección de arte de un rico modista de principios de siglo (algunos Picasso, Degas, Cézanne, Modigliani, Sisley, Van Gogh, Foujita) y obras de arte chino, y oportuna exposición temporal de los grandes fotógrafos Nadar (padre e hijo), centrada en imágenes de grandes figuras del teatro a fines del siglo XIX y durante la Belle Epoque (la Bella Otero, Sarah Bernard, Mistinguet y otras cuyos nombre reconocí, pero ahora no recuerdo).
América Latina estaba presente de una u otra manera en el Festival de Aviñón. Entre los carteles, que empapelan toda la ciudad distinguí varias obras que aludían a Argentina, entre ellas “Eva Perón” del extravagante genio dramatúrgico argentino-francés Copi y “Correo Express” de un autotitulado “Théâtre del Caballero de Cuba” con foto del Che Guevara… que también distinguí en alguna camiseta, producto comercial o vitrina (del café El Cubanito, que incluso planta al “guerrillero heroico” en medio del menú)



Este último hallazgo lo hice demasiado tarde para entrar en el local. Pero ya sé que no hay ciudad francesa que no tenga su café, bar o restaurante cubano (sin cocineros cubanos y con oferta gastronómica que poco tiene que ver con las recetas de Nitza Villapol o de mi abuela).





Caminé tanto por las calles de Aviñón que me gasté los pies. Entre las lindas tiendas de la ciudad hubo una donde descubrí el nombre de Gardel (¿no dicen que era francés?).



Sin embargo, preferí la más modesta boutique de un fabricante de zapatos artesanales. Eran más bonitos que cómodos, pero… ¿cómo resistirme a una marca casi idéntica a mi propio nombre?



1 comentario:

Anónimo dijo...

Joel, mi nombre es Werner, soy bibliotecario en una Escuela primaria y pública de Buenos Aires, Argentina. Y con los chicos de 3er grado la semana pasada terminamos de leer tu libro Pájaros en la cabeza (lo fueron leyendo ellos mismos en voz alta) que les gustó mucho. Mi idea (como para combinar un poco el arte y las nuevas tecnologías de la comunicación) era que este jueves a las 10 hs (de Bs As) ellos se metan en tu blog (que ya lo estuvieron mirando) y te escriban mensajes contando que les gustó más de tu libro.
Pero te escribo antes para saber si estás de acuerdo. Por el tema de que si después ellos no ven sus mensajes publicados se van a sentir decepcionados con su autor y con su libro (cada uno tiene un ejemplar).
Desde ya muchas gracias y felicitaciones por toda tu obra.
Werner
Te dejo mi mail: werneragazzi@gmail.com

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).