LIBROS CON PAGINA PROPIA

LIBROS CON PAGINA PROPIA
Estos libros tienen página propia. Haz click en el título que te inerese en la barra encima de esta imagen de conjunto

Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

Google+ Followers

14/5/12

CABRERA, el titiritero


CABRERA, el titiritero


Si en el conjunto de la narrativa infantil occidental el viaje es uno de los motivos más frecuentes y fecundos, en el corpus de la novela cubana para chicos se revela como motor casi exclusivo; empezando por Aventuras de Guille (1966), donde Dora Alonso relata el descubrimiento por un niño de doce años de la realidad natural y social de su país, y terminando (de momento) con Exploradores en el lago (2009), donde el autor de estas líneas envía a un grupo de niños a una reserva ecológica cubana (mitad real, mitad imaginaria)donde éstos deberán poner en jaque a una banda de traficantes de especies protegidas.

Un recorrido atento por la bibliografía de la novela infantil cubana permite detectar la preminencia del viaje como recurso propiciador del desarrollo del o los protagonistas, además de su utilización como elemento temático y composicional. Ejemplos son la novela de denuncia social Tafie y la caoba gigante (1979), de Efigenio Aimejeiras y la de aventuras El secreto de los Esterlines (1980), de Antonio Benítez Rojo, la pieza maestra de realismo mágico criollo El valle de la Pájara Pinta, de Dora Alonso o la historia de adaptación a otros valores culturales y familiares Kike (publicada como la anterior en 1984), de la cubana radicada en Estados Unidos desde principios de los años 60 Hilda Perera. También se estructuran en un viaje (intergaláctico) la noveleta de ciencia-ficción Struff, el beerf, de Antonio Orlando Rodríguez y en un recorrido (interprovincial) la divertida aventura amorosa María Virginia está de vacaciones, de Gumersindo Pacheco (ambas estrenadas en 1994), mientras que Ariel Ribeaux narra en su intensa novela El Oro de la     Edad (1997)dos viajes a un mismo lugar (una playa del Este de La Habana) de dos niñas de condición socio-familiar muy diferentes: una niña negra hija de obreros y la familia una mujer que ha emigrado a Italia en busca de un bienestar económico que le paga con el amor de su hija y otras lascas del corazón.

Pero si Cuba tiene un autor particularmente apegado al motivo del viaje es Luis Cabrera Delgado (Jarahueca, 1945), autor de Tía Julita (1987), Raúl, su abuela y los espíritus (1998), ¿Dónde está La Princesa? (2000), Vueltas de vidas revueltas (2002), El secreto del pabellón hexagonal (2008) y La vuelta al mundo en tres caballos (2010), entre otros títulos en que el recorrido puede limitarse a su comarca natal, abarcar todo el planeta o alcanzar los territorios imaginarios situados más allá de la muerte.

Carlos, el titiritero (estrenada en 1995) cuenta el viaje en busca de un niño triste emprendido por un joven director-actor de guiñol y sus muñecos Vicaria y Cundiamor (más otros que irán apareciendo según necesidades de la trama), en una atrevida y eficaz alternancia de narración novelesca y fragmentos dramáticos diversos.

Como en un cuento de hadas, tres serán los niños tristes que aparecerán en el camino de los héroes: el primero es huérfano (le destinarán una representación terapéutica de "El Patico Feo"), al segundo le falta una pierna (preverán sanarlo con la escenificación de "El soldadito de plomo") y el tercero sufre sobreprotección y falta de afecto combinados con una sobredosis de bienes materiales. Los dos primeros niños habrán recuperado la alegría antes de ser encontrados por los quijotescos titiriteros, en tanto que curar la tristeza del último -el único radicalmente infeliz- se revela extremadamente difícil y laborioso, no pudiendo los protagonistas ofrecerle cuento teatralizado alguno puesto que nadie entiende su lengua. El tratamiento pasa por los caminos de los juegos folclóricos, puesto que su incomprensible "idioma" no es otra cosa que la jerigonza infantil que se consigue añadiendo, por puro juego, el prefijo fonético “chi” a cada sílaba de las palabras reales.

El trayecto de Carlos y sus títeres está sembrado de dificultades y pruebas que propician el conocimiento y crítica de aspectos diversos de la realidad cubana, así como el desarrollo del protagonista (que conocerá el amor), de Vicaria (que padecerá el letargo de la Bella Durmiente; aunque sólo sea durante tres años) o del escritor mismo (¡sí, sí: Luis Cabrera se utiliza a sí mismo como personaje!) que sabrá de la angustia ante la página en blanco y de la implacable exigencia de los lectores.

La intervención del autor en su obra, hasta el punto de compartir momentos de la acción con sus personajes, es un truco genial que remonta por lo menos al siglo XVIII, con Sterne y Diderot, si bien la referencia que primero me vino a la mente fue Pirandello, dado que su Seis personajes en busca de un autor es una obra de teatro. Acaso olvido precedentes empleos de esta ósmosis entre el creador y sus criaturas dentro de la literatura infantil, pero dudo de un desarrollo tan hábil y consecuente como en Carlos, el titiritero.

Cabrera empieza con ese programa de teatro que constituye su primera página. Allí menciona no sólo los personajes que intervienen en la obra, sino a dos personas: "yo" y "tú". La forma de participar ese "tú" la abordaré más adelante; en cuanto al "yo", éste hace su primera irrupción -todavía sutil- en la página 12 (de la edición cubana original, que es la que citaré a lo largo de este trabajo), donde sin transición alguna leemos:

"Dicen que mi abuelo tenía un mulo cerrero en el que salía por el campo a vender botones, hilos y dedales. Pues precisamente en este mulo de los cuentos de mi mamá, fue en lo que a Carlos el titiritero, se le antojó salir a buscar al niño triste".

Como vemos, el protagonista cabalga en los recuerdos del escritor. Esto, aparte de ser una metafórica forma de revelar uno de los secretos de la creación literaria, implica un tipo de relación entre autor y personajes que se observa también entre Carlos y sus títeres. La reiteración de episodios en los que Carlos está solo (aunque lleva en la espalda la mochila "medio vacía" que contiene decenas de marionetas y personajes que saben entrar en acción en el momento oportuno) ejemplifica de forma ambigua y paradójicamente esclarecedora los nexos entre realidad y fantasía.

La cuestión tendrá cumplido desarrollo en dos momentos decisivos de la novela, en los cuales Luis Cabrera se verá obligado a intervenir en la acción:

Al comenzar el segundo acto, nos cuenta el autor (que pasa a personaje narrador en primera persona) que el libro se ha detenido tres años a causa de su incapacidad para encontrarle salida a la situación en que concluyó el capítulo precedente. En consecuencia, no sólo los personajes sino "Mis amigos, los más queridos, los que leyeron lo escrito hasta allí, no estuvieron de acuerdo conmigo y comenzaron a sugerirme, aconsejarme, rogarme y, por último, ¡exigirme! continuar" [p.87]. Después de varias sorprendentes y cómicas peripecias en compañía de sus personajes, Cabrera escribe: "...al día siguiente debíamos ponernos en marcha, yo de regreso a Santa Clara para seguir escribiendo este libro y Carlos y sus títeres para continuar su búsqueda." [p. 90]

En una segunda rebelión de sus criaturas, el autor se verá denunciado ante el presidente de la Unión de Escritores y uno de los títeres llegará a decir: "Él pensará que es muy buen escritor, pero a la verdad que con este cuento, falló por completo" [p.149]. Esta vez Luis Cabrera-personaje no abandona su puesto ante la máquina de escribir, sino que responde con un telegrama y con la introducción de los personajes que deben resolver el problema que impide el desenlace: Sherlock Holmes y el doctor Watson, nada menos.

Así tocamos uno de los recursos más fructíferos de la novela: la intertextualidad. No se trata únicamente de la ya mencionada utilización de fragmentos teatralizados de clásicos infantiles, sino también de la presencia entre los títeres de personajes correspondientes a esas y otras obras literarias. Igualmente se observa la incorporación de materiales folclóricos criollos: el Gallo de Morón, el Chucho Escondido y la Gallinita Ciega (estos dos funcionando como personajes al tiempo que sus respectivos juegos lanzan la trama), mientras otros elementos de la tradición popular se integran como recursos de la narración (el telegrama que le envían a Luis Cabrera sus amigos indignados cita una conocida rima folclórica al decir, textualmente: "Flor amarilla, flor colorá, si tienes vergüenza no nos hables más" [p. 87].

Entre los géneros dramatúrgicos integrados a la novela no faltan el drama clásico español, el teatro bufo cubano y el moderno espectáculo escénico interactivo; pero la interrelación abarca también formas del arte y la comunicación como la novela radial, el comic y muy especialmente los dibujos animados. Otras presencias, tales como notas de prensa -plana o hertziana-, telegramas, una convocatoria de concurso, canciones, fórmulas procedentes del universo de la burocracia, etc, nos remiten al no menos rico ajuar de intertextualidad y metacultura, presente en Carlos, el titiritero.

Los dibujos animados y otras formas de cultura de masas tienen una utilización muy importante en la novela; son ellos los que permiten la participación del lector (el "tú" de que hablé al principio). Y no me refiero exclusivamente a la presencia de personajes que ese medio ha popularizado (destacaría al cubano Elpidio Valdés), ni a técnicas cinematográficas como el intencionado desplazamiento de la perspectiva del narrador (imitando el cambio del ángulo de la cámara para preservar la sorpresa de un gag), apunto sobre todo a que son incontables los momentos de la obra que reconstruyen clichés de la sintaxis narrativa del dibujo animado: personajes que se caen para atrás del asombro, desproporción entre un acontecimiento grave y el comportamiento flemático del protagonista, cambios repentinos de personalidad, cortinas de humo, etc.

Tales "citas" son deliberadas y para evidenciarlo el autor escribe un párrafo como éste:

"Y como una película, de esas que terminan bonito, se acabó el cuento; por una calle alumbrada de vidrieras se fueron caminando el papá, la mamá y los dos hijos con los cisnes del segundo acto del Patico Feo revoloteándoles encima" [p.127].

El manejo de estas fuentes sirve para movilizar la experiencia estética del niño, más nutrida de dibujos animados que de fuentes literarias o dramáticas. Es por esto que el autor deja que sea una referencia cinematográfica la que determina la solución del episodio/conflicto final: la imposibilidad de despertar a Vicaria. Cabrera aprovecha la presencia en dos cuentos -"Blanca Nieves" y "La Bella Durmiente"- del motivo del letargo (que la embrujada heroína sólo puede vencer gracias a un beso de amor), para que la clave del desenlace esté en detectar cuál de las dos princesas está representando la citada marioneta.

Sherlock Holmes aclara: "...ella no se puso el traje azul y negro de Blanca Nieves, sino uno rosado" [p. 157]. Como toda persona con la suficiente cultura literaria sabe, ni Perrault ni los Hermanos Grimm especifican el color de la vestimenta de las princesas en sus respectivas versiones de ambos cuentos. Esto es algo que, como todo niño con una elemental cultura cinematográfica sabe, es significativo sólo en el mundo tecnicolor de Walt Disney.

Son muchas las facetas de esta enjundiosa novela que, de tener el espacio suficiente, me hubiera gustado destacar. Sólo añadiré que su estructura es extremadamente compleja (lo que se nota menos en su plan externo que en el interno), debido a la introducción de once (di)versiones teatrales y de la fragmentación de episodios y contratiempos, inherente a la telenovela y a la novela radial (género este último abundantemente cultivado por nuestro autor). Igualmente enriquecen la composición del relato los juegos de repetición/mutación característicos del folclore infantil y técnicas procedentes de la nueva novela latinoamericana tales como la "caja china" y los "vasos comunicantes".

Es precisamente esta capacidad de combinar osadas búsquedas estilísticas con formas y materiales del folclor y la cultura de masas, lo que establece la singularidad de Carlos, el titiritero y lo que permite a Luis Cabrera Delgado, auxiliándose de un buen uso del humor, del lenguaje criollo y de la abundante peripecia, hacer una novela experimental que sin embargo logra una intensa comunicación con el lector infantil.



__________________

Joel Franz ROSELL


Narrador, ilustrador y crítico literario (Cuba, 1954). Ha publicado una veintena de libros en una decena de países y ocho lenguas. Tras residir en varias ciudades cubanas hasta 1989, ha deambulado por Brasil, Dinamarca, Alemania, España, Argentina y Francia, donde se estableció finalmente. Dos de sus libros infantiles han sido incluidos en “The White Ravens”, la selección de los mejores libros infantiles publicados en el mundo que hace cada año la Biblioteca Internacional de la Juventud: “Pájaros en la cabeza” y “Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes”. “La leyenda de Taita Osongo” fue premio Heredia en Cuba y “Mi tesoro te espera en Cuba” obtuvo el premio de la Ville de Cherbourg (Francia). Siete de sus libros han recibido la distinción “La Rosa Blanca” reservada a los mejores libros infantiles cubanos del año.







Versión actualizada del artículo originalmente publicado en la Revista Latinoamericana de Litertura Infantil y Juvenil, nº 5. Bogotá, enero-junio de 1997.

No hay comentarios:

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).