LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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6/12/11

el cuaderno de papá Noel

He aquí la prueba formal de la existencia de Papá Noel: yo recibí de sus propias manos un regal (esa cajita rosada que está sacando de la bolsa) el 24 de diciembre de 1993 en Skeikampen (cerca de Lille Hammer, donde un año antes tuviera lugar la Olimpiada de Invierno), al centro de Noruega. Como se aprecia, él estaba más sorprendido que yo de nuestro encuentro. 


PAPA NOEL Y YO

Mi primer encuentro con Papá Noel tuvo lugar en algún libro soviético o de otro país de Europa Oriental allá por los años sesenta, cuando yo apenas acababa de descubrir la verdad sobre los Reyes Magos.
Papá Noel no vino a suplantar las figuras míticas que no solo desmanteló el sentido de realidad que con la edad yo venía adquiriendo, sino la campaña de calumnias lanzadas por el materialismo dialéctico que se volvía la filosofía oficial cubana contra aquella “tradición cristiana, europea, oscurantista y ajena a nuestras raíces”.

Para mí, Papá Noel no era ni folclore extranjero ni creencia familiar, era un personaje literario. Pienso que por eso le he seguido siendo fiel pese a que hace varias décadas que la vida arremete contra mis más dorados sueños. La otra razón que mantiene rozagante a Papá Noel mientras que los pobres Reyes Magos ya no cuentan para nada en mi espíritu, es que el mofletudo, barbiblanco e invernal personaje se renueva cada año con decenas de libros –álbumes, novelas, libros ilustrados, historietas gráficas y hasta libros documentales- mientras que los pobres Reyes Magos repiten la misma leyenda más o menos bíblica de oro y la mirra al niño Jesús. A lo mejor me equivoco, pues vivo en un país que rinde culto a Papá Noel y lo ignora todo –o casi- de sus tres camélidas majestades, y es por mi ausencia de las librerías españolas que no veo llegar cada año, en vísperas de Navidad, decenas de libros en torno a Gaspar, Melchor y Baltazar.
El caso es que, más que creer en Papá Noel, he contribuido no poco a su patrimonio cultural contemporáneo. Sí, yo mismo he escrito y dibujado mucho en torno a él. Y aquí sigue una muestra más o menos exhaustiva. Algunos son meros bocetos, otros dibujos terminados, coloreados y que he enviado a mis amigos y hasta colgado en algún escaparate virtual; entre los textos, algunos me han servido de mensaje de año nuevo a familiares, amigos y colegas, por lo que es posible que tú ya conozcas alguno.



Había una vez un año nuevo.
Era realmente nuevo. No tenía nada que ver con años anteriores, algo realmente nunca visto, absolutamente fascinante, lleno de cosas buenas, de excelentes noticias y fabulosos resultados.
Lo llamaron “el año que viene” y se sentaron a esperar que estuviera listo.


Hace de esto varios siglos.
Muchos son los que siguen esperando, y cada 1 de enero ven comenzar el mismo período gris, con días correctos y otros mediocres, más uno que otro francamente malo.
Pero hay quienes comprendieron el secreto, y cada 31 de diciembre toman las medidas necesarias para que el año nuevo sea realmente FANTÁSTICO.
Lo ayudan a nacer y a mantenerse en vida, fresco y rozagante hasta el último de sus 365 días.
Divulguen este secreto: mientras más seamos en practicar un año BUENO,
más nuevo será el que le sigue.

Y lo será para todos…
                                                       ... ¿o no?




me gustaría un Papá Noel multicultural


(No tengo la menor prueba,  pero sospecho que Papá Noel se pasa todo el año... excepto tal vez el mes de diciembre vacacionando en una soleada playa tropical) ¿A que sí?





EL MALDITO REGALO DE PAPÁ NOEL

Todos los años es lo mismo. Yo me escondo, pero Papá Noel siempre me encuentra.

 El viejo no es nada discreto con su traje rojo, sus botas negras y su barba impoluta, y mucho menos ágil (con su enorme barriga, su saco lleno, sus renos). Pero por discreto que yo me vuelva, por rápidos que sean mis movimientos… el maldito siempre da conmigo y me hace su regalo: siempre el mismo, el mismo regalo envenenado que no hay modo de rechazar.

Ya probé a esconderme entre las plumas de un espeso edredón, entre las botellas vacías del festín de Nochebuena, en una playa de sol cegador y arenas ardientes, e incluso, una vez, en el mismísimo Polo Norte, donde dicen que vive Papá Noel, pensando que allí precisamente él no iba a encontrarse, ocupado como está, por estas fechas, regalando juguetes en las cuatro esquinas del planeta…

¡Pena perdida! Siempre me encuentra el ocambo astuto y me suelta su temible e irrefutable obsequio: UN AÑO MÁS.

Y entonces se larga, tan contento, dispuesto a volver el año próximo, con infalible puntualidad.

Hay que reconocer que tuvo una genial idea, el maldito. Cada año me ofrece un año, ¡pero no un año cualquiera! El que me ofrece es su año, el que ya no tendrá él que cumplir porque soy yo quien habrá de cumplirlo en su lugar.

Es así como se las arregla para no envejecer.

Y cuando me haya liquidado, se buscará a otro para que pague por él los años rotos.

¡Cómo no va a ser eterno el maldito Papá Noel!

¿Y por qué no un Papá Noel rumbero?



AÑOS DE CRISIS




A veces tengo la impresión de que el tiempo no pasa, o que los años se repiten, o que nada cambia... y repito el mismo mensaje de Navidad. Así recuperé la postal de 2008 y la mandé de nuevo la pasada Navidad. Como era un mensaje ecológico, mi intensión de reciclaje, era acertada ¿no?
















Pero como Papá Noel es símbolo de infancia, ilusiones y alegría: siempre nos traerá algún regalito: yo "me pongo" con algunos bocetos más, que saqué de varios cuadernos de apuntes más o menos recientes.                                                                                                             
Ojalá les gusten.





1 comentario:

Belkys Pulido dijo...

Joel, no sé cómo seas y viniendo de "Allá" uno despierta cierta perspicacia, pero...
escribes para niños y siempre eso anticipa primaveras, me gusta mucho lo que escribes. Esto último lo compartiré con mis retoños y desde lejos, te digo que leerte me anima a volver a escribir, así que gracias y con el nuevo año casi listo, no envejezcas.

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).